Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Temple de Acero. Víctor Maldonado C

Hay sucesos que ocurren en el entorno que tienen la capacidad de inundar de abatimiento a las empresas. De depresión, o de sentimientos encontrados. Y a veces, lo cual resulta aun más grave, de razones para la revancha de unos contra otros. Ocurrió recientemente en nuestro país con los resultados de las elecciones. Vistos los resultados, la mitad del país tiene razones para alegrarse, y otro tolete encuentra argumentos para la depresión. Ambos sentimientos tienen que administrarse de tal forma que no afecten el normal funcionamiento de las empresas, no afecten la disciplina y la necesidad de logro de los que viven la euforia, y no ocurra la desbandada de los que no saben a que aferrarse. Muchos fueron los gerentes que lo comentaron conmigo, y a más de uno les dije que debían atender con empatía y liderazgo esa erupción de ansiedad con la que se encontraron. Les recordé que debían manejar el argumento de que en las duras aguas de la depresión lo mejor que podían hacer era no decidir nada. Que dejaran pasar un tiempo, el necesario para encajar apropiadamente lo que ocurrió, y que solamente después de pasado el duelo, debían tomar decisiones. Ser líder no es fácil, porque cuando ocurren este tipo de sucesos, ellos no son especialmente refractarios a los mismos efectos. Sin embargo, “al mal tiempo, buena cara”, porque son ellos los llamados a dar el mensaje apropiado, siempre pensando que hay que continuar y que lo mejor que puede ocurrir, aun en esas circunstancias, es que cada uno encuentre sosiego en los efectos terapéuticos de un trabajo bien hecho. Pero ¿qué otra cosa les podemos aportar? Apoyémonos en los aportes de Linda Hoopes y Mark Kelly, especialistas en Gerencia del Cambio y Fortaleza Personal.
Hay siete competencias medulares de la conducta resiliente: (1) Enfoque optimista de la realidad, la capacidad para identificar oportunidades, aun en ambientes muy turbulentos, con la confianza suficiente como para creer que a pesar de todo se puede seguir siendo exitoso. Responderse a la siguiente pregunta puede ayudar: ¿Qué es lo bueno de todo lo malo que me está ocurriendo? ¿Cómo lo puedo aprovechar? (2) Foco, mantener una clara visión de las metas personales más valiosas, cómo ellas pueden ser logradas, y cuáles son los obstáculos nuevos que los recientes acontecimientos me imponen. ¿Esto que está ocurriendo afecta mis sueños, las condiciones en las que los estoy logrando? ¿O es que, a pesar de las malas noticias, sigo en el mismo sitio, en las mismas condiciones, y con las mismas posibilidades? (3) Flexibilidad, la disposición para imaginarse una amplia gama de alternativas y de recursos creativos que podemos usar alternativamente para alcanzar nuestros objetivos más valiosos. ¿Cuáles son las alternativas más viables, dadas las circunstancias? (4) Racionalidad y Capacidad de Análisis, capacidad para estructurar una narrativa plausible sobre lo que ocurrió y sus posibles consecuencias, desechando la visión de túnel y el catastrofismo. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Cómo ocurrió y por qué? ¿Cómo me puede afectar? ¿Cuáles son las consecuencias en mi plan de vida? (5) Proactividad, la capacidad para recuperar la iniciativa, asumir como parte de la nueva realidad los efectos del cambio ocurrido, a partir de allí tomar riesgos calculados e intentar probar nuevas ideas y practicar nuevas actividades. Asumiendo lo ocurrido ¿Cuál es la respuesta más apropiada?
Aristóteles decía que la excelencia se convertía en un hábito solamente cuando fuéramos capaces de tener el mismo talante ante las diferentes formas de la adversidad. Esa es la actitud más apropiada y más profesional posible.

Empero, a veces no es fácil, sobre todo cuando la intensidad emocional y muchas expectativas ceden el espacio al vacío de la frustración. Es en esos momentos cuando el líder prueba su temple y recuerda a todos que nada ni nadie puede sustituir a cada uno como conductores de su propio destino. Y que los malos vientos no son otra cosa que nuevas oportunidades para demostrar que seguimos invictos en la ruta del éxito. Ya cambiarán los vientos cruzados por unos más propicios, que solo serán aprovechados por los que hayan tenido la valentía de continuar volando hacia el horizonte donde se avistan los propios sueños.
Víctor Maldonado C
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Publicado en http://blogs.noticierodigital.com/maldonado/ | Octubre 15th, 2012