Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Terrorismo: La guerra del Siglo XXI. Armando Ribas

El ataque a la revista Charlie Hebdbo donde murieron 12 personas y aparecieron muertos los supuestos atacantes, ha traído a colación una aparente contradicción entre la libertad de prensa y el supuesto respeto por la moral y la religión en la humanidad. Desde mi punto de vista esa aparente contradicción en el orden jurídico no existe. Desde el punto de vista jurídico por tanto la burla a Mahoma no constituye una violación del derecho a la libertad de prensa.

Es un hecho evidente el fanatismo religioso vigente en gran parte del mundo islámico. No puedo menos que recordar que Montequieu en sus Cartas Persas, destacó que los musulmanes en aquella época pensaban que los cristianos eran los que más se mataban entre ellos. Y esta apreciación que a mi juicio alcanzó al siglo XX con las dos guerras mundiales, se manifestó originalmente en la Guerra de los Treinta Años, entre 1618 y 1648, cuando se asesinó a la mitad de la población de Europa.

Por supuesto en aquella época en el denominado Occidente, que como decían los chinos muy al Oriente está Occidente, la libertad religiosa y la libertad de prensa brillaban por su ausencia. Cuando la religión determina el poder político, la libertad es un sueño de una noche de verano. Toda oposición a Dios es una herejía y consecuentemente merece la muerte. La separación de la India de Pakistán, si mal no recuerdo, se debió a que Brahma no se puso de acuerdo con Allah. Creo que el acceso a la libertad en Occidente se produjo a partir del reconocimiento de un principio que está en el cristianismo. Recordemos “Dar al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Mi reino no es de este mundo”. Por siglos la Inquisición ignoró ese principio y por supuesto creer que la Tierra le daba la vuelta al Sol era causa para ir a la hoguera.

Hasta donde yo conozco ese principio no se encuentra en el Corán, donde se establece: “Todos los que viven en el cielo o en la tierra se postrarán ellos mismos ante Allah, algunos voluntariamente y otros por la fuerza, sus meras sombras se inclinarán ante él en la mañana y en la tarde”. Ante estas premisas no cabe ninguna duda que hoy son los musulmanes los que al no separar el Estado de la Iglesia, son los que “Más se matan entre ellos”. Por ello el terrorismo es la guerra del siglo XXI, tal como lo previó Alberdi hace 150 años, cuando en “El Crimen de la Guerra” escribió: “Mientras haya alguno que las hacen y otros que las hacen hacer, mientras se mate y se muera por procuración no se ve porqué motivo pueden llegar a ser menos frecuentes las guerras”.

Por supuesto no solo se matan entre sumnitas y shiitas, sino que hoy están en guerra Al-Qaeda y el EI. Pero no obstante no podemos dejar de reconocer la bronca histórica de los islamitas con el Occidente reconocido originalmente por Europa, la amante de Zeus. Más allá de las Cruzadas, en pleno siglo XX, al finalizar la Primera Guerra Mundial Francia e Inglaterra se repartieron como colonia al Medio Oriente, en aquella oportunidad bajo el control del Imperio Otomano. Las explicaciones no implican justificaciones, sino el peligro que enfrenta Occidente, en este caso incluyendo a Estados Unidos, por el terrorismo islámico.

La anterior observación no implica desconocer que igualmente para muchos islamitas el peligro lo representa el fanatismo religioso en su propia casa. No otra cosa ocurría entre los cristianos durante la Inquisición. Tal como señala Paul Jonson: “Los cristianos pasaron de mártires a inquisidores”. Me atrevería a señalar que la inmigración de musulmanes a Europa y Estados Unidos, no entraña la pretensión del dominio del mundo sino por el contrario la búsqueda de la libertad que no tienen en sus propios países. Diría que son muchos de ellos los que temen el terrorismo de sus propios países, y a los hechos me remito pues el ataque a la revista satírica Charlie Hebbo es evidente que la burla a Mahoma, en forma alguna justifica el ataque a su personal que provocó la muerte de diez personas. El mismo no fue más que la consecuencia del peligro que se enfrenta ante el terrorismo islámico por las razones expuestas anteriormente. O sea todo aquel que se atreva a desdeñar a Allah públicamente debe saber que corre el riesgo de muerte.

Por supuesto ello no implica una contradicción jurídica. Donde existe la libertad de prensa, la violación legal surge ante un insulto personal que conlleva asimismo una acusación pública respecto a un acto que implica una violación de la ley por una persona o entidad jurídica. Es decir por ejemplo que el semanario en cuestión hubiese acusado a algún islamita por la comisión de algún delito. En ese caso el acusado puede acudir ante el juez, y defender su caso con razón o sin ella. Es entonces la responsabilidad del poder judicial decidir esa instancia. En el caso que nos ocupa el delito fue cometido precisamente por los atacantes. Por tanto los mismos de no haber aparecido muertos en esa instancia, habrían podido ser sometidos a un juicio penal y condenados a prisión o muerte en los países donde existe la pena de muerte, tal como es el caso de algunos estados de Estados Unidos.

Este hecho reciente ocurrido en Francia puso de nuevo en la palestra el atentado de en La AMIA que costó unas 80 vidas y ha sido ignorado ya por más de 20 años. Por supuesto ello ha coincidido con la acusación del fiscal Nisman al gobierno por haber pactado con Irán la libertad de los presuntos autores del atentado. Y ese hecho trascendente en si ha tomado una dimensión política impredecible ante la muerte inusitada del fiscal el día anterior a la presentación de la acusación que habría de tener lugar en el Congreso Nacional. La incertidumbre reina al respecto y constituye un factor decisivo del futuro político del país.

Ya debiéramos saber que la esencia de la libertad y el consiguiente respeto por los derechos individuales que reconoce la Constitución Nacional depende de la limitación del poder político que determina la separación de los poderes. Y fundamentalmente del rol del poder judicial para decir que es la ley de conformidad con la Constitución. Al respecto Adam Smith dijo “Cuando el Poder Judicial está unido al Ejecutivo la justicia es pura política”. Por ello nos encontramos ante una situación pública cuya definición estaría en gran medida a cargo de la posición adoptada por los referentes políticos y decidida por el poder judicial. Y podría decir que de su resolución surge la posibilidad del mantenimiento de la libertad en Argentina. Vale estudiar la historia para mejor comprender el mundo en que vivimos y lograr que se cree y se mantenga la libertad, reconociendo los peligros que se padecen.

Para terminar permítanme recordar el terrorismo y los crímenes del Fidel Castro en el Continente. No podemos olvidar que el Continente al Sur del Rió Grande sufrió los horrores del terrorismo guerrillero organizado en Cuba y financiado por la Unión Soviética. Ese terrorismo es hoy avalado por el Socialismo del Siglo XXI en Venezuela y gran parte de América Latina, e ignorado en Occidente. Tanto así que el presidente Obama negocia con Raúl Castro, diría que siguiendo las pautas de la Unión Europea de ignorar la falta de libertad de los cubanos en la isla.

Por favor estudiemos la historia, que es un aprendizaje, para poder comprender el mundo en que vivimos y los riesgos que en el mismo se padecen. Y ese riesgo no se agota en el terrorismo islámico del Medio Oriente sino que me atrevo a decir que también se encuentra en el Medio de Occidente. Así en nombre de la democracia mayoritaria impera la diosa razón y parece aceptarse a Hegel: “El Estado es la Divina Idea tal como se manifiesta sobre la tierra”.