Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Todos nos equivocamos

Por: Gabriel Zanotti Buenos Aires, Junio de 2007

Sabino, Carlos: Todos nos equivocamos.
Editorial Grito Sagrado, Buenos Aires, 2007.

La lectura del libro de Carlos Sabino es una experiencia apasionante. Es un verdadero ejemplo de vida y la historia de una búsqueda de la verdad, del apasionamiento por las ideas, de la valentía de cambiarlas, pero nunca dejarlas, y la historia, fundamentalmente, de un rechazo sistemático a toda forma de violencia.
La historia de Carlos Sabino es, en ese sentido, una verdadera lección de hermenéutica, esto es, de interpretación, de concepciones del mundo y de la importancia fundamental que estas tienen cuando nos tomamos la vida en serio.

Carlos es un joven apasionado por la realidad social de su tiempo, situada en esa misteriosa Argentina atravesada ya por el gobierno peronista. A sus 11 había asistido con su familia a esa manifestación espontánea de algarabía que en muchos sectores de Buenos Aires produce la caída “formal” del gobierno de Perón. Uno de los tantos fenómenos tan complejos de entender, que quizás queda muy grabado en ese niño inteligente que va tratando, precisamente, de entender, de comprender, de interpretar. Su adolescencia y primera juventud están marcadas por la izquierda, una izquierda trotskista. Tal vez, una primera rebelión contra la violencia, en este caso la violencia de Stalin. Vive unos febriles, monacales y ascéticos años de militancia, que le traen no pocos problemas con su entorno familiar pero, sobre todo, consigo mismo: comienza a entrever algo extraño en el fanatismo, y en la utilización instrumental, mecánicamente cruel, que estas ideologías hacen de las personas, drama que puede experimentar en carne propia (la experiencia de su arresto, relatada en las primeras páginas del libro). El paso del trotskismo a la Juventud Revolucionaria Peronista es descripta con el cuidado necesario para el lector que mire con sorpresa los vaivenes ideológicos de “esa cosa llamada peronismo”. Con una difícil y progresiva decisión, abandona esa forma de militancia y estudia sociología, en una universidad dominada ya por la violencia de derecha del gobierno de Onganía. Terminados sus estudios, atraído por el socialismo democrático de Allende, viaje a Chile, para observar por sí mismo la caída y el fracaso total del experimento chileno y para seguir re-interpretando los fenómenos sociales a partir del marxismo originario en el que había sido formado. ¿Por qué fracasan de ese modo las economías socialistas?

Luego de pasar dos años en Perú, decide probar suerte en Venezuela, e una suerte de huída y búsqueda permanente de nuevos destinos de libertad, que simbolizaban perfectamente lo que estaba ocurriendo en su interior. La historia de Sabino es la historia de alguien escapando siempre hacia la frontera: escapando del autoritarismo y yendo hacia fronteras de libertad. Pero no eran traslados sólo geográficos: era un camino que había iniciado ya largo tiempo atrás en su interior.

En Venezuela encuentra estabilidad como para desarrollar su carrera académica y seguir su búsqueda intelectual. Sus libros de esas épocas –Chile y los primeros años en Venezuela- representan ya la búsqueda de una hipótesis explicativa del fracaso de los socialismos autoritarios: los revolucionarios se transformaban en una nueva clase dominante tan opresiva como la que intentaban sacar.

Su labor como profesor lo lleva a la filosofía de la ciencia. Estudia a los grandes científicos y epistemólogos. Advierte el tema de los paradigmas, las revoluciones científicas y los cambios de teoría como clave en las interpretaciones del mundo. En su diálogo consigo mismo se da cuenta de que una revolución científica es lo que está sucediendo en su interior, mucho más fructífera que la revolución social soñada en su primera juventud. Después de obtener su doctorado, ya se había convencido de que el socialismo no era el camino, de que había algo intrínsecamente mal planteado en su teoría. Pero, ¿cuál era el camino?

Es apasionante verlo describir sus primeros contactos con Adam Smith, con Friedman, con Hayek: la capacidad que tiene para hacer el cambio de paradigma, y darse cuenta, no de que tenía que cambiar “los datos”, sino la teoría: teoría que reafirma en su viaje a Virginia y el Centro de Public Choice, de Buchanan, donde ya su pensamiento descubre al liberalismo clásico y al mercado como un natural resultado de esa “no violencia” intuida ya en su primera juventud.

Pero todo esto tiene que ver con una vida que no fue nada fácil y que estuvo marcada por esa espiral permanente de violencia llamada Argentina. Carlos tiene la experiencia del exiliado, del que tiene que huir buscando su lugar, pero no huyendo de sí mismo, sino al contrario, enfrentando siempre, con una honestidad intelectual a toda prueba, las exigencias vitales que sus ideas le planteaban. La Argentina de los 60 está marcada por dos violencias: la marxista, que creía ver en la revolución la solución para un supuesto capitalismo explotador, y la violencia de los militares, menos intelectual, más visceral y más tosca, que no hace más, en su ignorancia y en sus armas, que enfatizar las supuestas razones del bando contrario. Sabino se distancia de sus primeros compañeros de militancia de izquierda pero queda “marcado” para los servicios de inteligencia de los gobiernos militares. No tiene futuro en esa Argentina. Pero él se da cuenta; en realidad, nadie lo tenía. Para los argentinos, en general, la lectura del libro de Sabino será una experiencia dolorosa. Muchos se descubrirán formando parte de una generación que no supo descubrir, como él, los engaños del planteo marxista, pero otros se descubrirán en la ingenuidad, no por eso menos violenta, de los que veían con buenos ojos a las supuestas “soluciones militares”, que asesinaron cruelmente a la Argentina. La sepultaron ya con el golpe del 30 y siguieron así hasta el paroxismo del ridículo, en 1982, en la invasión a las Malvinas, episodio al cual Sabino asiste espantado desde el exterior. La Argentina es un drama de violencia, sigue así, y Sabino y su experiencia vital se constituyen en un intérprete privilegiado: el logró escapar a los dos bandos de violencia.

Pero, ¿por qué lo logró? Sabino no es un marxista “violento” que se “convierte” al liberalismo. Dijimos que su vida era una experiencia de interpretación del mundo; pues bien, nuestra hipótesis es que hay algo en él que nunca cambió, y es precisamente su rechazo visceral a la violencia, que le da esa desconfianza intuitiva para con el supuesto líder salvador, y que fue precisamente lo que siempre lo hizo preferir las formas democráticas del socialismo hasta que su capacidad intelectual y su radical honestidad le hicieron “cambiar la teoría” económica socialista por la liberal (cosa que, como bien él lo explica, es un proceso gradual, no tan simple como a veces se piensa).

Salvando las distancias, su vida me hace acordar a la de Popper. El también militó unos meses, a los 17 años, en el partido socialdemócrata vienés, de orientación marxista, y se va del partido, a los 6 meses, precisamente por un episodio de violencia. Lamentablemente, muchas personas, ante esos episodios, se quedan. Unos pocos se van. Popper se fue, Carlos Sabino se fue. ¿Pero por qué? Porque ya hay algo en ellos previo a toda experiencia, un a priori moral, que les dice “violencia no”. Esas personas, con el paso de los años, terminan sencillamente liberales. Estas personas, y por lo tanto Carlos Sabino, son un ejemplo de vida, un ejemplo de actitud moral ante el mundo y una forma de aprender lo que es vitalmente el liberalismo.

El libro termina con una reflexión sobre el liberalismo clásico que es una lección invaluable, fruto de alguien que sabe precisamente que las teorías no se reemplazan por hechos, sino por otras teorías. ¿Por qué no se termina de asumir el liberalismo, si es “tan fácil”? Es que no es tan fácil, precisamente. Es contra-intuitivo, de igual modo que no era fácil (ejemplo que Carlos domina a la perfección) suponer que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no al revés. Que la libertad, y no el control, sea la respuesta ante la complejidad de los fenómenos sociales, no es fácil de ver. La escasez, en sí misma, no es fácil de ver, y el mercado y los precios, como su solución, menos aún. Y los que se dicen no marxistas, no socialistas, están llenos de objeciones a la libertad que Carlos sintetiza en un párrafo inolvidable: “…Se acepta al mercado, si, como creador de riqueza, pero siempre que se le agreguen infinidad de controles y regulaciones estatales; se niega la lucha de clases como motor de la historia, pero se sigue insistiendo en una primaria visión que divide a la sociedad entre ricos y pobres; se afirman los valores de la libertad y la democracia, la oposición a toda dictadura, pero no se alcanza a entender que el autoritarismo político es una consecuencia de la intervención desmesurada del Estado en la economía”[1].

Para quienes te conocemos y tenemos el orgullo y regalo de tu amistad, no tenemos más que un gracias por este libro. Gracias, Carlos, por tu no violencia; gracias por la valentía de tu existencia; gracias por tu comprensión para con todos; gracias por el servicio que haces a la causa de la libertad. Tu libro llega hasta el alma y deja meditando a cualquiera que busque su propia honestidad.

Gabriel Zanotti
Buenos Aires, Junio de 2007.
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[1] P. 327, las itálicas son nuestras.