Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Tres acertijos guindando. Victor Maldonado

Algún karma estaremos pagando para estar condenados a repetirnos trágicamente y a ser la versión bufa, anacrónica y ridícula de lo que ha pasado en otras épocas. Si algo tiene de patético este largo proceso de descomposición es que todos parecen estar sorprendidos por lo que a todas luces es una trama de consecuencias obvias, como si hubiera alternativa, un cruce de camino desconocido por el resto de la humanidad y que a última hora nos va a salvar del desastre. Alguna relación debe tener tanta temeridad con los rezagos del realismo mágico que forman parte de la esencia latinoamericana y su concomitante recurrencia a los milagros que cuando no ocurren nos hacen caer una y otra vez en el mismo hueco, por las mismas razones. Aquí, por ejemplo, creen que es posible el almuerzo gratis, que desaparecen los costos por el simple hecho de que alguien lo permita, lo ofrezca, lo sirva.

Aquí se repudia cualquier contemplación del futuro y de sus bases. Una peculiar ceguera nos imposibilita pensar en el largo plazo. No nos llevamos bien con la previsión y tal vez por eso mismo somos muy orientados al presente, con sus gozos y su concupiscencia desbordada. Para nosotros el hoy es lo único importante, luego, como dicen por allí, alguna bestia arriará. Es una desgracia el que nos hayamos afincado en la invocación de que “así como va viniendo vamos viendo” porque nos hace imprecisos y erráticos, condenados a ser los sobrevivientes (por ahora) a nuestra propia calamidad, mientras el futuro se nos escurre entre la incertidumbre y los imprevistos. Pero pendejos no somos. Aprovechamos las catástrofes del país y de los demás con esta ética de la golilla que nos confiere el derecho “a ponernos de primeros a la puerta del cielo”.

Por eso no caben extrañezas a la hora de ver con cuánto afán se ha recibido el mandato presidencial de vaciar los anaqueles. Las colas se han difundido viralmente y no hay negocio por modesto que sea o pueblo demasiado pequeño ante la expectativa de la gente de recibir lo suyo, pensando tal vez que esta sea la última ración de esta larga etapa de rentismo populista. Los que están allí saben que esa cola no tiene futuro y que muy pronto no habrá para ellos ni para nadie. No somos pendejos, ni nosotros ni ellos confían en las promesas del Gobierno. Saben que esto dura hasta las elecciones del 8D. Pero lo insólito es que no haya ningún asomo de corrección moral. Los que lo hacen lo hacen sin vergüenza, mientras se apoyan en las muletas de un régimen cínico que invierte el sentido de la acción llamando saqueadores a los saqueados y saqueados a los saqueadores.

El régimen está entrampado. La inflación es el producto de la peor gestión económica de nuestra historia. El chavismo es el responsable del anti milagro de haber dilapidado una larga época de precios petroleros altos sin que un solo proyecto de envergadura se haya completado. La escasez es el resultado fatal de una transición autoritaria hacia un régimen de propiedad social de los medios de producción que es característica de los socialismos reales. Inflación y escasez son hijas legítimas del afán voraz de un Chávez que recorría el país profiriendo un “exprópiese” que condenaba a muerte cualquier ánimo productivo y emprendedor. Los que creyeron que esas medidas iban a mejorar el semblante del país ahora son parte de los que lloran apenados el monto de responsabilidad que les corresponde, porque si algo hemos aprendido en el camino es que no hay alternativa al buen juicio y a la sana administración del país. Y tarde o temprano todos los venezolanos irán reconociendo que los herederos políticos de quien sembró esos vientos deberán lidiar con estas tempestades. Como dicen por allí, “los espero en la bajadita”.

El Gobierno ha hecho todo lo posible para envilecer el orden social y económico. El malandrismo tiene su costo. Lo estamos pagando en el bolsillo. El Gobierno, por supuesto quiere endosar al sector privado toda la responsabilidad. De allí que pretenda transformar quince años de errores fatales y de arrogancia autoritaria en una conspiración especulativa. Nada nuevo. Eso lo hizo Stalin cuando administró La Gran Purga de 1936 a 1938. Los simulacros judiciales sin derecho a réplica, sumarísimos y supuestamente aleccionadores concluyeron con el exterminio de todos sus enemigos. Aquí podría ocurrir lo mismo por las mismas razones porque el miedo es el mismo que  obviamente, les hacía confesar a ellos lo que hicieron y lo que no hicieron, de acuerdo con el guión que en cada caso les presentaba el Fiscal General de la URSS Andrei Y. Vishinski. Me imagino cómo hubiera gozado Stalin y todos sus secuaces con las ventajas de una cadena nacional de radio y televisión. Que nadie lo dude: Aquí estamos viendo cómo se pisotea la legalidad y todas sus implicaciones en términos de democracia cada vez que se enloda la reputación de una empresa, se la saquea o se obliga al remate de sus activos. Ni en eso son originales.

Tampoco lo serán en sus consecuencias. Ellos pueden negar la realidad, podrán darle la interpretación que quieran pero no van a poder obviar sus consecuencias. Luego de este festín de remate y pasado el aplauso fácil del venezolano golillero nos veremos en la esquina de la escasez y de la inflación. El régimen no tiene alternativa a un ajuste económico y lo irresponsable es que juegue a lo electoral con la suerte de los venezolanos. Ya comenzaron el jueves 14 de noviembre al aumentar las tasas de interés, y después del 8 de diciembre lo seguirán haciendo cuando con su cara bien lavada anuncien otra devaluación. Los acertijos son solo tres: ¿Hasta cuándo será viable esta economía, ya herida de muerte? ¿Hasta cuándo será viable este socialismo del siglo XXI? Y ¿Cuánta represión está dispuestos a administrar para alargar esta agonía?

VICTOR MALDONADO ― NOTITARDE