Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Un indulto a la Libertad. Víctor Maldonado

Acaba de morir una mujer trascendental.  Margareth Tatcher  tuvo la oportunidad de dirigir Gran Bretaña en el momento crucial que el mundo se debatía entre el socialismo y el capitalismo.

Ella fue protagonista y testigo crucial del hundimiento de la distopía comunista, y en sus propios flancos no le tembló el pulso cuando debió desmontar una forma de hacer políticas públicas que condenaba a los ciudadanos al bienestar por goteo y a la pérdida del vigor emprendedor. El socialismo era para ella una melcocha discursiva que poco a poco reducía a las sociedades en cómplices de su propia ruina. Su discurso era implacable en remarcar que la libertad y sus riesgos no tenían alternativas viables.  Fue ella la que se atrevió a decir a su propio partido que “aquellos que están tentados a girar hacia la izquierda permítanme decirles esto, en palabras atribuidas a Abraham Lincoln: tú no puedes fortalecer al débil debilitando al fuerte”.

Ella sabía a lo que se exponía. Esa izquierda tiene buena melodía. A todo el mundo le suena muy bien que el gobierno se dedique a ese tipo de políticas públicas que son “pan para hoy y hambre para mañana”, la que reparte sin exigir, la que cree en los derechos y no en los deberes, la que se escandaliza en la riqueza de los que son productivos e intenta confiscarla en aras de la igualdad. Suena bien, pero dura poco. Tarde o temprano el desempleo, la inflación, el endeudamiento y la escasez se convierten en carburantes de la insatisfacción social. Lo mismo pasa en las empresas. Gerencias populistas que se embarcan en la irresponsabilidad de no creer en la necesidad de ser productivos terminan por arruinar el mejor proyecto organizacional. Pero sindicatos que no entienden que todo tiene su costo, como es el infamante caso del sindicato de la empresa EFE, culminan en la debacle de la inviabilidad. La demagogia y la irresponsabilidad que se anidan en la mente del minero y del rentista son una lacra que, sin embargo, tienen la mejor carta de presentación.

Y contra esas lacras bien vestidas se enfrentó Margareth Tatcher con una convicción férrea. Sus biógrafos le reconocen la virtud de haber sido leal a sus creencias religiosas. Una larga vida de reflexión le hizo ver que la salvación encontraba sus claves en el mensaje paulino de responsabilidad individual. Es el hombre el que debe hacer su mejor esfuerzo. Es él quien al final rendirá cuentas sobre qué hizo con los talentos que su Señor le entregó. La mediocridad del que ni arriesga ni invierte es el camino al fracaso y al rechazo de Dios, que no acepta la flojera ni la falta de iniciativa. Alguien debía decirlo y ella lo dijo: “El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás”, pero es que además es inmoral pretender ser la cigarra que se aprovecha de la laboriosidad de las hormigas. Aunque sea la cigarra más simpática del mundo, hay que recordar que “no se puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte”, frase de Abraham Lincoln que se convirtió en parte esencial del discurso de la política británica.

El sentido común aplicado con una racionalidad férrea de proporcionaron sus triunfos así como buena parte de esa enemistad que le sobrevivió. Los “misticistas y los misticismos” de siempre nunca le perdonaron el hecho de que por un tiempo se abandonará la “poesía política y económica” que a pesar de sonar tan bien condenaba a los países al fracaso, la pérdida de prestigio y el estancamiento. Ella contraponía todos esos resultados con una apuesta innegociable sobre tres aspectos cruciales: 1) El valor del libre mercado. 2) La importancia del emprendimiento individual y la responsabilidad personal fundada en la libertad y 3) La preeminencia de la obligación que cada persona despliega consigo mismo, con su familia y con la independencia de su país. Son como se aprecian fundamentos morales que se pueden aplicar al mundo privado. Competencia, Responsabilidad e Integridad son buenas traducciones de lo que ella propuso como piedras angulares de su pensamiento.

La libertad, para ella, era siempre un logro contingente. Nuevos enemigos se ayuntaban tarde o temprano con los adversarios de siempre para derribarla y esclavizar pueblos enteros. No es solo el florido discurso del socialismo, lo es también la demagogia de los estados rufianes, el capitalismo de compinches que se especializa en el robo y en el fraude, y el terrorismo. Todos esos adversarios del hombre y su dignidad solo pueden ser contrarrestados “con bases morales con el que restaurar la honestidad en la política, la responsabilidad personal, el orgullo nacional, la reverencia a nuestro pasado y el respeto por el futuro”. Empresas y países que carecen de estos aspectos están condenados a la vileza y a su desaparición.

VICTOR MALDONADO ― EL MUNDO