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Un mundo feliz en América Latina

WSJ 08/06/09

Por: Mary Anastasia O’Grady (*)

En un mundo posburbuja que denigra al sector privado y eleva al gobierno como la mejor esperanza de la humanidad, dos acontecimientos acaecidos en Latinoamérica la semana pasada merecen atención.

El primero fue la reunión en Honduras de la Organización de Estados Americanos, que votó a favor de derogar la resolución de expulsar a Cuba de la entidad, que data de 1962. El segundo fue la celebración en Caracas del vigésimo quinto aniversario de Cedice Libertad, un centro de estudios venezolano a favor de la libertad.

El primer evento, patrocinado por el Estado, se puso del lado de la tiranía. El segundo, celebrado por ciudadanos privados en el país más represivo de Sudamérica, defendió la libertad. Esta dicotomía bien podría ser el futuro de la región.

La OEA expulsó a Cuba en 1962, en parte, porque la ideología marxista-leninista del régimen fue considerada “incompatible con el sistema interamericano”. En 2001, todos los miembros de la OEA fortalecieron esa postura al firmar “la carta democrática” y comprometerse a respetar los límites al poder del Estado. Pero durante el mandato del secretario general José Miguel Insulza, la postura de principios de la organización se ha debilitado. Liderados por el presidente venezolano Hugo Chávez ahora Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua le dicen a Insulza qué hacer. Brasil les sigue la corriente como parte de su eterna búsqueda por reducir el poder de Estados Unidos en la región. La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, ha hecho muy pública su admiración por Fidel Castro.

Por lo tanto, cuando el grupo se reunió para conversar sobre la propuesta de Insulza para levantar la expulsión de 1962, no hubo mucho suspenso. El ministro ecuatoriano de Relaciones Exteriores captó el espíritu de los apologistas del régimen cubano cuando manifestó en la reunión que la ideología marxista-leninista es compatible con la democracia. Eso concuerda con la opinión del presidente de Honduras, Manuel Zelaya, quien ha sostenido que Cuba es una democracia.

Es cierto que el acuerdo vincula la renovación de la membresía de Cuba a la reforma democrática. Sin embargo, al revocar la expulsión, el eje del mal hizo grandes avances hacia su objetivo final de redefinir la democracia en la OEA. El derecho de propiedad, la realización de elecciones transparentes y la libertad de expresión no forman parte de la nueva definición. El hecho de que Venezuela siga siendo miembro de la OEA a pesar del asalto del gobierno militar contra los sindicatos, expresiones religiosas y la prensa apuntan hacia donde se encaminan los estándares de la OEA.

Tampoco espere que EE.UU. ayude mucho. Aunque Washington se opuso al levantamiento del veto a Cuba, la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, no es una gran defensora de la libertad. Consultada en una entrevista en El Salvador acerca del regreso de Cuba a la OEA y los prisioneros políticos, Clinton eligió hablar, en cambio, sobre “nuestros valores compartidos”, de “sacar a la gente de la pobreza en nuestro hemisferio, reducir la intolerable brecha en los ingresos que existe entre los ricos y los pobres en nuestro hemisferio, trabajar para una mayor inclusión social, una mejor educación y sistema de salud”. Millones de latinoamericanos que viven bajo un Estado represor sin dudas se desilusionaron de que la lista de Clinton no incluyera “hacer que los trenes salgan a la hora”.

“Algunos podrían decir que el presidente [Barack] Obama es de centroizquierda”, opinó Clinton. “Y, por supuesto, eso significa que vamos a llevarnos bien con países que comparten nuestro compromiso de mejorar y realzar el potencial humano”. Suena como un nuevo mundo feliz.

También hay que tener en cuenta los intereses comerciales de su partido, que a menudo han triunfado sobre su preocupación por los pobres. Durante la presidencia de Bill Clinton, demócratas clave tenían un contrato de telefonía secreto y rentable con el presidente de Haití, Jean-Bertrand Aristide. Los haitianos también afirmaban que el hermano de Hillary Clinton, Hugh Rodham, era un socio de negocios de Aristide. ¿Es de extrañar que Aristide nunca haya tenido que enfrentar las consecuencias de pisotear los derechos de los haitianos? Esta es la razón por la que la propuesta del gobierno de Obama de abrir Cuba para los inversionistas estadounidenses de telecomunicaciones ha generado cierta inquietud.

Mientras tanto, no es un secreto que Chávez y el resto de la revolución latinoamericana se están enriqueciendo gracias al mayor poderío de sus gobiernos, algo que Insulza no reconoce. Esta codicia estatal contrasta marcadamente con el altruismo de los más de 150 ciudadanos que viajaron a Caracas la semana pasada para manifestarse en contra de la tiranía de Chávez y apoyar a los venezolanos.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa y su hijo, el periodista Álvaro Vargas Llosa, fueron detenidos en el aeropuerto y se les advirtió no que criticaran al gobierno; ninguno de los dos cooperó con la ridícula orden. Ante más de 600 participantes, el escritor habló por millones de venezolanos cuando les dijo: “no queremos que Venezuela se convierta en una sociedad totalitaria comunista”. Chávez estaba tan furioso con el evento que usó su programa de televisión para tratar de generar el odio del público hacia todos los involucrados.

¿Qué significó la solidaridad con Cedice para los venezolanos? Bonny Simonovis, la esposa del prisionero político Iván Simonovis, me dijo esto el sábado: “Los familiares de los prisioneros políticos, especialmente los nueve policías condenados el 3 de abril a 30 años de prisión, sintieron un enorme apoyo durante el evento de Cedice Libertad. La libertad es un derecho en sí, no negociable. La libertdad de nuestros maridos es la libertad de todos los venezolanos, porque la libertad es un todo. La tienes por completo o no lo tienes para nada. Estados luchando por la libertad para todos los venezolanos”.
Qué pena que Insulza y las democracias de la OEA no tengan la sabiduría y la valentía de Bonny Simonovis.

(*)Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.

Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 8 de junio de 2009.

Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2009

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