Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Un país a oscuras. Víctor Maldonado

Todos los socialismos son iguales en términos de sus resultados. Uno de ellos resulta escalofriante: La oscuridad, y el regreso a esa vivencia fantasmal y penumbrosa que niega el progreso y somete a los ciudadanos a la superstición y la incertidumbre. Recuerdo la década de los 60´ cuando con mi familia íbamos a visitar a los abuelos. El páramo del Zumbador era, para la época, territorio invicto, ajeno al desarrollo nacional y estampado de casas de bahareque y acequias que cesaban al caer la tarde.

A partir del ocaso se imponía ese mundo mágico en el que cualquier cosa podía ocurrir, desde machetazos arteros hasta las apariciones de las ánimas de los finados de la comarca. Todo eso culminó con la llegada de los bombillos y las casas provistas por el Instituto de Malariología. Así arribó el país moderno, iluminado, integrador, lleno de oportunidades y de cosas por hacer. Llegó la luz y toda esa zona del municipio Cordero del estado Táchira comenzó a ser buena para la industria de las flores.

El siglo XXI es otra cosa. El Estado está dedicado a negociar un racionamiento que nos pretende una sociedad inmóvil, como si la inercia demográfica no existiera, como si se pudiera asegurar trabajo productivo sin la disposición de los factores productivos. Cuando Chávez llegó al poder éramos 23.242.431 habitantes y una capacidad de generación y distribución eléctrica que ya requería acelerar las inversiones y tener mucho cuidado con el mantenimiento. Todas esas previsiones fueron desechadas y el inefable Giordani nos zarandeó a todos entre los delirios del eje Orinoco-Apure y el desprecio olímpico por la hidroelectricidad. Chávez, como siempre, escaso de realidad, asumió que la electricidad estaba allí, en el gas y la inmensa riqueza petrolera. Ya sabemos que en los últimos 14 años lo que hemos acumulado son razones para el colapso, y que hemos pasado de ofrecer el faraónico proyecto del gasoducto del sur a comprar resignadamente el gas y la electricidad que nos pueda vender la vecina Colombia.

Pero ahora somos más. En este largo periplo del socialismo la población venezolana ha crecido en un 21.10% para superar los 28 millones de habitantes, lo que supone más retos de crecimiento económico, a pesar de la devastación de nuestro sector productivo y de los desincentivos a los que sometemos a las empresas venezolanas. 5.7 millones de familias pugnan por consumir poco más del 31% de la electricidad generada, mientras que el sector productivo, público y privado se pelea por el resto.

Sin embargo, hay un problema. Necesitamos más empresas, más industrias, y por lo tanto, más electricidad. La receta de Jesse Chacón es, empero, la contraria. Niega el servicio eléctrico a los nuevos negocios, incrementa las tarifas residenciales e insiste en el ahorro “lochero” de la electricidad, pero no se pasa por la idea de que necesitamos multiplicar y no sustraer. Por ejemplo, 60 mil nuevas empresas significarían un incremento del 11,60% del consumo actual del comercio nacional. Recuperar las empresas básicas y rescatar el parque manufacturero que teníamos al inicio del chavismo requeriría una dedicación de al menos el 40% del total de energía producida. Si quisiéramos duplicar nuestra capacidad manufacturera necesitaríamos de inmediato poco más de 7 mil MW adicionales. Y en caso contrario estaríamos condenando al país al subdesarrollo, el desempleo, la desinversión y la extensión de la pobreza. Por cierto, no hay turismo posible si la expectativa es la oscuridad y la prestación limitada de los servicios. La debacle del oriente del país y de la isla de Margarita tiene que ver precisamente con el hecho de que el Estado venezolano no los suministra de manera continua y confiable.

Restringir el suministro eléctrico a las regiones nos coloca en el dilema moral de la iniquidad. Regiones pobres serán más pobres. Y tendrán menos perspectivas de futuro a la par de que significarán mayores problemas de gobernabilidad. Por eso es que no hay atajos. Por eso es que Jesse Chacón está profundamente equivocado: La solución es proponernos duplicar la generación, y actualizar la red de transmisión y distribución. Esto requiere reprofesionalizar el sistema institucional y abandonar el populismo centrado en el compadrazgo, el nepotismo y la conciencia revolucionaria, pero sin talento, sin capacidad ni experticia técnica suficiente para comprender el problema e intentar una solución que no nos condene a la oscuridad por décadas.

VICTOR MALDONADO ― NOTITARDE
victormaldonadoc@gmail.com
@vjmc