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Un paso al abismo. Mario Szichman

La “tragedia de Venezuela” se agrava por la rapiña, el desorden y la parálisis del gobierno, dice The Financial Times. El país vive “en un estado de crisis permanente” mientras Maduro intenta unir a las facciones del partido en el poder, señala el periódico.

Estas son las hipótesis que se barajan para explicar “la tragedia de Venezuela”: la rapiña de sectores del gobierno que controlan el acceso a los dólares, la ignorancia sobre la manera de controlar la inflación, el perpetuo cambio de funcionarios, que impide elaborar una política estable, y la ansiedad del presidente Nicolás Maduro por apaciguar a las facciones en el poder, dijo el periódico británico The Financial Times.

Parodiando el dilema del príncipe de Dinamarca, la política económica de Venezuela está planteada en los épicos términos de hacer o no hacer: ¿Devaluar o no devaluar? ¿Crear un sistema único de cotización de divisas, o no hacerlo?

¿Aumentar el precio de la gasolina, la más barata del mundo, u olvidarse de ello? ¿Vender Citgo o no venderlo? ¿Ir al default, o aguantar hasta que la estantería termine de caerse encima?

La publicación señaló que de acuerdo a Francisco Rodríguez, economista del Bank of America Merill Lynch, se barajan una serie de conjeturas para explicar la fenomenal debacle del chavismo.

He aquí las principales:
–La hipótesis de la rapiña. De acuerdo a sus postulantes, hay grupos que controlan “la asignación de dólares y de productos importados”. Esos sectores adquieren dólares en el mercado oficial a precios de gallina flaca y los venden a más de diez veces su valor original. Un mercado único de cambios, y una devaluación, disminuiría las fabulosas ganancias de esa legión de saqueadores.

–La hipótesis de un error en la táctica financiera. El gobierno de Maduro decidió hacer ajustes a través de las restricciones a la venta de dólares, en lugar de aceptar una devaluación. “En otras palabras”, dijo el periódico, “el gobierno subestimó los efectos inflacionarios de imprimir dinero, y exageró su capacidad para hacer cumplir el control de precios”.

–La hipótesis del desorden en el manejo de la administración pública. Allí se combinan los vertiginosos cambios en el tren ejecutivo, donde los ministros y sus subalternos saltan de una función a otra, “con la frecuente invención de nuevos ministerios, viceministerios y agencias gubernamentales”. Como resultado es imposible elaborar una política a largo plazo.

Rodríguez se mostró partidario de la última hipótesis. Dijo que en gobiernos tan desbaratados como el presidido por Maduro, “se pierde la capacidad de procesar y enfrentar problemas complejos”.

A eso se añade la lucha entre facciones dentro del partido de gobierno, “que ha producido un estado de crisis permanente, mientras Venezuela se hunde cada vez más en la desesperación económica, el legado de Hugo Chávez”.

La secuela de esa política o ausencia de política, es “la escasez, largas colas” para adquirir productos, y “una inflación galopante”. Y apenas se trata de los prolegómenos. Ya el Banco Mundial pronosticó que la economía se contraerá en un 2,9 por ciento durante el presente año. A eso se suma el derrumbe en los precios del petróleo, que han bajado en un 25 por ciento desde mediados de año.

Los únicos que todavía duermen tranquilos son los tenedores de bonos venezolanos. Tienen esperanzas de que no habrá un default, y que seguirán obteniendo, según Rodríguexz, “ganancias pornográficas” de más del 15 por ciento anual, alrededor de cinco veces más de lo que reditúan los bonos en economías más estables.

Pero tampoco los inversionistas deben sentirse seguros, alertó Rodríguez a The Financial Times. “Si bien muchos consideran que un default sería un error para Venezuela, dados los altos costos y los escasos beneficios para el gobierno”, señaló el experto, el caótico manejo de las finanzas por parte del chavismo no garantiza que el régimen se abstenga de incurrir en ese error.

The Financial Times concluyó con esta sentencia hamletiana; “Lo esencial reside en ser capaz, o en no serlo. Esa es la cuestión”.

MARIO SZICHMAN | TAL CUAL
@mszichman