Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Una argentina en Caracas

Caracas es un gran valle a los pies del Avila, una montaña de 2600 m que además de ser su principal fuente de oxigeno es su más bello ornamento. Su aspecto es imponente. Desafiante parece decir: “al menos conmigo no puedes, a mí no me reformas”, señalando el norte de la ciudad, casi como un guía espiritual de los caraqueños.

Fabiana Andrea Suárez

La contracara del marco natural, son las fabelas bolivarianas. Ubicadas en las laderas de las montañas, tal como las gradas de un estadio de football, ingenuamente se dejan contar con más facilidad, para llegar a la triste conclusión que a número grueso representan más del 50% de la población de Caracas. Sus callecitas empinadas, están numeradas al mejor estilo de las calles de Manhattan –vaya mi comparación- pero esto da muestra de una pobreza estructural organizada y resignada.

Los ranchitos, como diríamos los argentinos, me acompañaron en todo el recorrido desde el aeropuerto Simón Bolivar hasta mi hotel ubicado en el municipio de Chacao. Gobernado por el Alcalde Leopoldo López Mendoza, líder opositor, que no llega claramente a los 40, Chacao es un municipio que replica cuadras enteras de Miami. Sus hoteles, palmeras, señalizaciones y carteleras de los Leones del Caracas, unos de los equipos de baseball del deporte emblema de Venezuela, son calcos de la urbe americana. Tal vez se trate de un reducto, donde la comunidad se pueda sincerar, porque a pesar de su presidente, el venezolano tiene interiorizadas costumbres americanas como ningún país en Latinoamérica. A lectura de Chávez llevarían el “demonio en sus almas” y el joven administrador, de prácticas modernas e innovadoras, que habla de participación ciudadana, parece ser la manzana de la tentación. Una tentación que se expresa valientemente en las calles con pancartas colgadas en las luminarias de la Avenida Francisco de Miranda, al estilo de las exposiciones promocionadas del Smithsonian

American Art Museum de Washington DC.

La secuencia de los anuncios en estos carteles, es de efectivo impacto visual:

  1. 1er mensaje: la foto inconfundible de Simón Bolivar, padre de la patria, convertido en garante moral del Socialismo del Siglo XXI.
  2. 2da mensaje: Leyenda: “Bolívar dijo”
  3. 3er mensaje: “No a la reforma”
  4. 4ta mensaje: “Nada es tan peligroso como dejar largo tiempo en un mismo ciudadano el poder”
  5. 5ta mensaje: “allí se origina la usurpación y la tiranía” firma Simón Bolívar, discurso de Angostura Petróleo recurso inagotable…pero no hay leche:

Cuatro treinta de la madrugada. Me despiertan bocinas nerviosas. Me pregunto fastidiada si se me escapó alguna noticia acerca de una marcha. Porque acá no solo marchan las franelas amarillas de los estudiantes contra la reforma de las franelas coloradas.

Las protestan llegan de las amas de casa, batiendo sus tarros vacíos de leche en polvo. Con mensaje lúcido y valiente le dicen dos cosas al gobierno: que se encargue de hacer llegar la leche y el resto de los alimentos básicos a las góndolas. Saben muy bien que los controles de precios no frenan la inflación y solo provocan desabastecimiento, por cuanto el reclamo no va a las empresas sino a Chávez. Segundo mensaje: que no haga populismo llevando a los barrios alimentos sin controles sanitarios y de dudoso estado. Ellas quieren comprar en los autoservicios, son consumidoras y no clientes del estado.

Las bocinas van a continuar incesantes durante toda la jornada. Me explican luego que el caraqueño se levanta como mínimo 3 horas antes para llegar a su trabajo. El problema no es la distancia, sino la cantidad de carros que circulan. El “hombre” dijo: “carros para todos” e inundó las calles de créditos subsidiados. Los tanques de combustibles también están subsidiados: llenarlos cuesta menos de un dólar. Sí, menos de un dólar. Ya me preguntaron muchas veces si entendí bien.

La moto taxi, sale a dar respuesta a las consecuencias de un delirio. Porque siempre el mercado es el que finalmente da la respuesta. Así que para el osado que fantaseó con las películas americanas de la moto que escapa del patrullero: su sueño está cumplido además de llegar sin retraso. El resto ha convertido su coche, en una habitación más de su casa. En el hay agua, lectura, el móvil siempre a full y esmalte de uñas para las glamorosas venezolanas.

Mis interminables horas dentro de vehículos me hizo conocer a puntillas la programación radial. La dicción espléndida de los locutores les da un plus de interés a sus relatos. Pero de pronto la atmósfera acogedora se corta: “cadena nacional” anuncia ahora el locutor. Al segundo: “nos pareció, continuamos con la programación normal”. “Pues es que este hombre nos tiene psicopateados!” descarga al final.

¿Lumbalgia, litio y el sol sale más tarde?

“Lo veo no solo gordo sino hinchado” comento a mi chofer. “Es por el litio y también su chaleco antibalas” me responde la persona que me trae de regreso de la Universidad Simón Bolívar, luego de haber dado una charla a los alumnos de la cátedra de RSE.

Por cierto la comunidad universitaria está muy afligida porque perderán su autonomía. Claro, es un semillero de mentes activas, que debaten y desarrollan su espíritu crítico.

“¿Litio?” pregunto…”si lo toma de a cantidades para su lumbalgia”.

El señor Presidente tiene la enfermedad de Wilson pero no Antonini. Enfermedad de Wilson o Degeneración Hepatolenticular. Un mal genético crónico caracterizado por la acumulación de cobre en el organismo. Este último es un comentario recurrente de la calle.

Lo observado en las caras de quienes debaten sobre la salud de Chávez, no refleja un gesto compasivo, sino un legítimo temor por el mal humor que el dolor de esta enfermedad le genera. “Le agudiza su desequilibrio, el miedo hasta de su propia sombra y sus inseguridades” es una de las tantas conclusiones a la que la sociedad llega en el análisis de la salud mental del dictador.

Es así como un día amaneció queriendo cambiar por media hora el huso horario de Venezuela. La noticia fue anunciada en Aló Presidente por el y su hermano. Donde cuentan se trabaron en discusión por si el reloj se debía adelantar o atrasar.
Dicen que Adán Chávez, además de ser su Ministro de Educación, sigue sin entender que aún moviendo las manecillas del reloj el sol o mejor dicho la Tierra, seguirá inmutable a los decretos, su movimiento natural.

El anuncio oficial se ha diferido a la espera que los hermanos se pongan de acuerdo aunque siempre en la senda de salir de la sincronía mundial.

Responsabilidad en Libertad

El imponente auditorio se acercaba a mil personas, entre empresarios, ejecutivos, universitarios y prensa, mucha prensa.
Prueba irrefutable que la Venamcham trabaja muy bien, es representativa y tiene enorme peso en la opinión pública.
Se trata de la cámara venezolano americana con una historia de más de 50 años promoviendo el comercio entre este país y los Estados Unidos.

El tema convocante: La responsabilidad Social Empresaria. Y… vaya si esta ong apolítica tiene autoridad moral para hablar de ello!

Fui sugerida como oradora por Rocío Guijarro, Gerente Ejecutiva de CEDICE. Mi amiga es la versión femenina de El Ávila. Nunca van a poder frenar su infatigable labor por una Venezuela libre. Es irreformable, saludablemente incorregible.

Es que tanto Rocío, como Margarita de Montero, alma matter de Venamcham y su brazo derecho Anaiz, son el prototipo de la mujer venezolana: un reservorio moral de esta bendita tierra. Las “Ávilas” inquebrantables!.

Llega mi ponencia, con dos puntos clave de coincidencias entre el público y dos conceptos que tuvieron la aprobación de los aplausos:

“No se puede desarrollar una verdadera responsabilidad social empresaria (RSE) en naciones que viven bajo la inestabilidad política y económica”

“La RSE no se puede imponer por ley o decreto porque estamos hablando de un valor moral, y lo que da legitimidad a ese valor es la libertad”

Luego de un día intenso, y una apetitosa cena de platos de estilo afro caribeño, se vino la sobremesa en el bar del Embassy Suites con los conferencistas españoles, tan noctámbulos como los argentinos.

En esos espacios de silencio producto del cansancio, coincido con uno de ellos en fijar la mirada sobre un apoya vasos de la mesa. La lectura de ese nombre nos despabila: “Chávez otra vez!” exclamamos al mismo tiempo. Miramos de nuevo y leemos “Chivas”. “Era el wisky!” dijimos aliviados.

Alucinaciones y realidad a menos de 48 horas de estadía en Caracas.
Chapo y mi solidaridad al maravilloso y sufriente pueblo venezolano!