Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Una implosión en pleno desarrollo. Jose Toro Hardy

El mayor apoyo que podemos dar es ir todos a votar en diciembre. No es por ingenuidad.

Algunos piensan que la oposición no ha sabido reaccionar con suficiente consistencia a lo que ocurre en Venezuela. Consideran que Henrique Capriles no ha debido aceptar el veredicto del CNE y que ha debido concentrar sus esfuerzos en cobrar el triunfo, sin participar en la elecciones municipales de diciembre para no entrar en una contradicción.

Quienes así razonan dicen que este régimen no sale por vías electorales. Montesquieu decía: “le pouvoir arrête le pouvoir” (el poder frena el poder); pero aquí los poderes están unidos en una suerte de conspiración para mantener indefinidamente una revolución, con la cual por cierto lucen “agavillados”empresarios boliburgueses, bolichicos y toda suerte de truhanes -armados o no- que anteponen el prefijo crematístico “boli” a cualquier otra consideración.

A ello agregan la penetración de la droga en nuestro país, apoyada por la FARC, carteles siderales y mafias internacionales. Sostienen también que Venezuela ha pasado a ser controlada por un eje que integran Cuba, China, Rusia e Irán, al cual califican de “eje del mal”, que apoyará la revolución a cualquier precio.

Frente a quienes quedan a grosso modo descritos en los párrafos anteriores hay otros que opinan que esta llamada revolución se acabó. La economía no da para más agobiada por una mezcla destructiva de ideología trasnochada, ineptitud y corrupción. La historia la recordará como intento desesperado de “las viudas del marxismo”, quienes después de haber sufrido la muerte de sus esperanzas, vieron la oportunidad de insuflarle nueva vida en un país rico en el cual, por circunstancias excepcionales, se impuso un gobernante de tendencias autoritarias.

Pero al igual que fracasó en otras partes del mundo, aquí también lo hizo. Quiso el destino que el único líder mesiánico que hubiese podido darle respiración artificial al proyecto se quedase él mismo sin respiración.

Los caudillos no son capaces de legar su caudillaje. Su único legado es una inmensa crisis económica. Después de haber recibido los mayores ingresos en nuestra historia, hoy en día carecemos de reservas líquidas para mantener ni siquiera un mes de importaciones. Hemos comenzado a hipotecar las reservas en oro.

Nos enfrentamos a una etapa de severa escasez, agravada por el hecho de que durante lustro y medio el aparato productivo interno ha sido duramente golpeado por el régimen y ya no tiene la vitalidad para responder.

De la ilusión que se había despertado en los sectores más pobres, sólo va a quedar una inmensa frustración, agravada por el colapso de la salud.

Igualmente golpeado está el sector petrolero que aportaba cerca del 97% de las divisas. Después de una etapa de frenesí de reparto -no sólo dentro del país sino también más allá de nuestras fronteras- nos dimos cuenta de que no se puede repartir lo que no se produce. Los beneficiados de Petrosur, Petroamérica y ALBA tendrán que comprender que la fiesta se acabó.

Padecemos el déficit fiscal más elevado del Hemisferio Occidental. En la medida en que la pérdida de credibilidad va bloqueando las fuentes de financiamiento externo, el gobierno recurre de manera cada vez más descarada a financiamientos del BCV. Ello determina un crecimiento sin precedentes de la base monetaria, con lo cual nos enfrentamos también a una inflación desbocada y a una estanflación que podría tener desgarradoras consecuencias sociales.

Soy de los que cree que las crisis económicas no sirven por sí solas para dar al traste con un régimen. Pero no se trata sólo de esto. Se está produciendo un progresivo aislamiento internacional. La salida de la CIDH hizo un daño profundo a la imagen del gobierno incluso en la ONU. Quizá por eso no quiso asistir. Muchos tienen dudas acerca de si el gobernante cumple con las normas constitucionales en cuanto a nacionalidad; las divisiones y facciones dentro del grupo gobernante son cada vez más beligerantes y la voz que hubiese podido calmarlas se ha callado. El dedo que antes orientaba ahora aplasta. Para colmo vivimos una alarmante situación de inseguridad que ha sobrepasado todos los límites de la tolerancia ciudadana.

Bajo estas circunstancias creo que el mayor apoyo que podemos dar es ir todos a votar en diciembre. No es por ingenuidad. Es nuestra forma de protestar y de demostrar que somos mayoría.

En el otro bando hay un proceso de implosión en pleno desarrollo.

JOSE TORO HARDY ― EL UNIVERSAL
pepetoroh@gmail.com
@josetorohardy