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Una nueva farsa. Maria Teresa Romero

Las élites socialistas usan el antiimperialismo como estrategia.

El manido antiimperialismo tiene cada día menos impacto en la sociedad venezolana aun cuando el gobierno de Maduro, atrapado en la severa crisis política y económica actual, lo utilice a mansalva. 

Las rabiosas (¿y desesperadas?) acusaciones del Presidente y sus voceros culpando a EEUU de la violencia y del supuesto golpe de Estado en marcha -es decir de las legítimas y pacíficas protestas ciudadanas-, son escuchados el pueblo en general “como se oye suspirar a las vacas cuando duermen”, diría el notable Juan Rulfo.

¿Quiénes en su sano juicio pueden creer la absurda acusación del canciller Jaua en cuanto a que el secretario de Estado John Kerry es “el asesino del pueblo venezolano”? ¿Quién puede creer en la comisión de paz anunciada por Maduro para mejorar las relaciones con EEUU, dirigida por el jefe del PSUV y de la AN, Diosdado Cabello, que no cesa de llamar “estúpido” a Obama?

Esta “falta descarada a la verdad”, como bien dijo Kerry, sólo pretende servir de mascarada para continuar la salvaje represión militar, así como darle excusas adicionales a los gobiernos amigos en su irresponsable parcialización o silencio ante lo que pasa en Venezuela.

No creo que a estas alturas del cuento revolucionario y de las evidencias existentes, la mayoría de los vecinos latinoamericanos crean firmemente que el gobierno de Barack Obama está detrás de las protestas y de la fulana conspiración contra Maduro. Es cierto que la estupidez, tozudez e ignorancia política no tiene límites; pero difícil pensar que esos gobiernos aún crean en la doctrina imperial marxista y que desconozcan los cambios recientes de la política exterior estadounidense hacia América Latina. El EEUU del siglo XXI, metido en sus graves problemas internos, adolece de la voluntad imperial de otros tiempos.

Pero en lo que en sí creen (y aplican sin vergüenza alguna) las actuales élites socialistas latinoamericanas en el poder, es en la utilización del antiimperialismo por estrategia, demagogia y populismo.

MARIA TERESA ROMERO ― EL UNIVERSAL
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