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Unidad en la Dispersión

Publicado Diario El Universal 05/08/07

Por: Emeterio Gómez

Publicado por el vicerrectorado académico de la ULA, es el último libro de Alberto Rosales, sin duda uno de los valores fundamentales de la filosofía en Venezuela y nuestro profesor de Kant, Husserl y Heidegger por muchos años en la USB. Vaya para él mi agradecimiento eterno por lo mucho que le debo. Porque buena parte de lo que soy se constituyó estudiando bajo su orientación. Desde aquel primer curso sobre la Piedad en Platón, cuando apenas teníamos 30 años.
El reencuentro con Rosales –luego de una década sin vernos– nos refuerza la necesidad de profundizar en la comprensión de Heidegger, sin duda el más grande pensador del siglo XX. El libro que reseñamos es de hecho, para Alberto, un ajuste de cuentas con el gran filósofo alemán, y es mi modesta intención “colearme” respetuosamente en esa confrontación.

Ese reencuentro se produce también en medio de mi eterno problema: en nuestro afán de divulgar la ética y ante la necesidad imperiosa de conectar ese tema con la lucha política y con la barbarie chavista, cada vez es más frecuente la queja de los que asisten a nuestros talleres y nos leen los domingos: trata de bajar un poco el nivel, no podemos entenderte cuando te pones filosófico. Una queja ante la que suelo responder: yo trataré de aterrizar, pero intentemos entre todos subir el nivel de la pista, es decir, tratemos de elevar un poco nuestro manejo de la filosofía. Hay en ella un piso de conceptos básicos que no es tan difícil de “accesar”. ¡¡Hagamos juntos el esfuerzo!!

Es en ese contexto que inició hoy un dialogo con Alberto Rosales: ¡¡tratando al mismo tiempo de llegarle a la gente!! de ayudar a los queridos escuálidos a elevar su compresión de la realidad y su capacidad de enfrentarse a la barbarie chavista.

Mi punto de partida en ese esfuerzo es el siguiente: tal como dice Alberto en su libro, hoy se habla crudamente del final de la filosofía, del cul de sac en el que ésta se haya, de su incapacidad para entender lo humano. Por estos días trabajo intensamente de Heidegger ¿Qué significa pensar? e Identidad y Diferencia; y basta asomarse a esas profundidades para comprender el por qué de la quiebra de la filosofía y de su indudable final: Heidegger se niega férreamente a abordar la dimensión moral del hombre. No por algún perjuicio o aprehensión, sino tal vez porque la filosofía de ninguna manera puede asumir esa tarea. Porque –tal como Alberto enfatiza– aquélla tiene como meta desentrañar la verdad ¡¡y en el plano de la moral no hay ninguna verdad!! es decir, ninguna de carácter conceptual; porque tal vez la verdad moral sólo tenga sentido en la existencia, un plano al cual –pese a los esfuerzos existencialistas de Heidegger– no tenemos acceso… racional.

Todo un rollo que parece muy abstracto –¡¡ánimo amigos escuálidos!!– pero que es ultraelemental: Platón fundó la filosofía sobre la base estricta de la matemática, terreno en el cual la Verdad es inapelable; y Aristóteles le aplicó Platón a la naturaleza, donde la Verdad todavía conserva buena parte de su fuerza. Porque en ambos terrenos las subjetividades no cuentan… o cuentan muy poco. ¡¡Pero hasta allí llegó la filosofía!! los restantes 2.300 años han sido tan solo –como alguien dijo de Platón– notas al pie de página de aquellos dos grandes filósofos. Esfuerzos fallidos –incluidos los suyos– por encontrar en el plano de la moral algo parecido a las verdades y los conceptos que sin duda valen para la matemática y la naturaleza.

emeteriog@cantv.net