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¿Varita mágica?

El Universal 11/05/08

Por: Domingo Fontiveros

El Gobierno quiere hacer unos trucos para recuperar la popularidad perdida

El Gobierno quiere ufanarse con la idea de que libra una lucha gloriosa contra la inflación. Desde el cambio en los ministros de economía a principios de año, con sus decisiones ha subido los intereses, restringido el crédito, y retenido gasto público, aparentando cumplir instrucciones de receta de algún manual fácil de economía política para enfriar la demanda.

El aprendiz de brujo que viene manejando los hilos fundamentales de la economía venezolana ensaya así una nueva fórmula cuyo contenido, duración y objetivos ni explica ni discute en público, como para no revelar su secreto, o no exponerse demasiado al ridículo o ser acusado de aplicar medidas “capitalistas”.

En paralelo a esas medidas de manualito, ha subido unos cuantos precios de alimentos y liberado algunos otros, no se sabe si para combatir la escasez o el desabastecimiento, ha aumentado los salarios, para elevar los costos de las empresas y compensar en algo a los trabajadores por la inflación pasada, y ha abierto un “boniforme” cambio dual que devalúa de hecho al bolívar reputado como oficial, y revalúa al otro bolívar no reputable.

Esta combinación de acciones está orientada sólo al corto plazo. Alguien en el Gobierno como que descubrió que el bolívar oficial estaba sobrevaluado, que había excesiva liquidez, que el crédito era muy barato, y resolvió meter el freno. ¿Será efectivo todo esto?

Hasta ahora la inflación sigue al rojo vivo, mucho mayor que la del año pasado, cuando pasaron un susto en el gabinete y varios ministros se rindieron. ¿Y el crecimiento? Este les va a pegar un nuevo susto en el curso del año, y no sólo por el frenazo.

Es que cualquier política coyuntural está concebida para estimular al mercado a comportarse en forma más eficiente y compatible con la sostenibilidad del crecimiento, en economías semi o mayormente capitalistas. El apenas sobreviviente mercado en Venezuela no está en condiciones de corregir las dinámicas perversas generadas por el sistema de controles. Al contrario, los errores macro en las decisiones oficiales de hecho son magnificados por sus propias regulaciones y acosos.

Más aún, además de los controles, el Gobierno viene reforzando lo que algunos erróneamente llaman capitalismo de Estado, que no es sino socialismo con el más rancio sabor histórico, expropiando y comprando propiedades y empresas por las buenas y por las malas, haciéndose además el sueco ante las invasiones, en lo que obviamente es la intención última de controlar “personalmente” los flujos comerciales en circuitos que considera cruciales para su hegemonía, aunque ello implique la descapitalización y ruina de las unidades de producción y servicios, como es emblemático en donde aplica el criterio de socialismo de Estado, desde el Banco Central y Pdvsa, hasta las empresas eléctricas y fundos no sé qué cosa.

En el contexto de una Venezuela cuya economía está en vías de socialización y donde la sustancia de la propiedad privada está en minusvalía cada vez más, la política económica se transforma en un “vaudeville” y sus efectos terminan siendo contrarios a los esperados.

Con elecciones previstas para noviembre, el Gobierno quiere hacer unos trucos con intenciones de recuperar la popularidad perdida, a pesar de que la varita mágica ya ha agotado casi todo el encanto.

dfontiveros@cantv.com