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Veneconomía Opina: La destrucción de PDVSA

Una parte importante del proceso de destrucción de PDVSA está basada en el desmantelamiento de su estructura comercial.

La política comercial de la PDVSA “vieja” se fundamentaba, por una parte, en mantener relaciones directas con los consumidores, con el objetivo de evitar el uso de intermediarios. Sólo en casos muy excepcionales, la PDVSA “vieja” sacaba una carga de petróleo o sus derivados por la vía de intermediarios o por subasta pública.

Otro aspecto clave en la política comercial de la PDVSA “vieja” era la adquisición de mercados aguas abajo, con lo cual amarraba compradores para sus productos.

Esta política comercial llevó a PDVSA a comprar refinerías en los Estados Unidos (Citgo) y en Europa, también le facilitó la firma de un contrato a largo plazo con la refinería Isla en Curacao. Con Citgo, además, consiguió colocar gasolina directamente al consumidor final.

Así, por años, la PDVSA “vieja” tenía asegurada la colocación de toda su producción, a la par que recortaba lo más posible el costo de comercialización.

La PDVSA nueva, “roja rojita”, ha ido en dirección diametralmente opuesta y para peor.

Uno de los contrasentidos de esta estatal “roja rojita”, es el empeño de deshacerse de sus activos en los Estados Unidos.

El primer despojo fue la venta, en 2006, del 41% de su participación en la refinería Lyondell Chemical-Citgo (Texas) por $1.432 millones. Peor aún, ese dinero no se reinvirtió en la buena marcha de la empresa, sino que se lo devoró el ingente gasto público.

Ahora, el Gobierno anunció otras ventas de activos. Hace dos semanas, informó de la venta de cuatro terminales de Citgo en Ohio, y de la participación de Citgo en Inland Pipeline. Y esta semana, vendió las refinerías de Citgo Asphalt en Paulsboro (Nueva Jersey) y en Savannah (Georgia), con capacidad de procesar 114.000b/d de petróleo pesado.

Llama especialmente la atención que la “nueva” PDVSA haya vendido estos dos últimos activos, por cuanto el petróleo que se usa para producir asfalto es de baja calidad y por lo tanto, de difícil de colocación.

Otro aspecto resaltante es que, según anunció el presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, los recursos de la venta pasarán directamente al Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden). Lo sensato hubiera sido que se reinviertan en el negocio.

Con estas ventas Venezuela pierde de todas, todas. Pierde, incluso, la colocación segura a largo plazo de unos 225.000 b/d de petróleo.

La justificación para la toma de este tipo de decisiones sin sustento económico, es política, y está basada en el deseo irracional de Hugo Chávez de reducir al mínimo las ventas de petróleo y sus derivados al imperio.