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Venezuela 2013: el infierno rojo en cifras. Trino Márquez

El retroceso durante la Revolución Bolivariana, en números.

Los inicios de Hugo Chávez

El comandante Chávez -al igual que Fidel Castro, su mentor político e ideológico- logró engañar a un amplio grupo de incautos que creyeron que el militar golpista era un iluminado de la izquierda romántica, de esos que con alguna frecuencia aparecen en América Latina y solo llegan a ser figuras folclóricas e intrascendentes. Con esta visión, el entonces presidente de la República Rafael Caldera lo indultó en 1995, sin que hubiese cumplido los tres años de prisión establecidos por la enmienda No. 1 de la Constitución de 1961, lo cual lo habría inhabilitado para ser candidato presidencial en las elecciones de 1998 y en cualquier otra que se rigiese por esa Carta.

Chávez se mostraba como un hombre de  centro izquierda, seguidor de la Tercera Vía impulsada por el primer ministro británico Tony Blair. Aseguraba profesar un sacrosanto respeto por la propiedad privada, la economía mixta, la libre iniciativa, el libre mercado, el Estado de Derecho, la independencia y pulcritud del Poder Judicial; hablaba de los Derechos Humanos, el respeto a la vida y el tamaño moderado del Estado. Numerosos empresarios, personas vinculadas a los medios de comunicación e intelectuales desestimaron su discurso en la Universidad de la Habana en 1995 cuando, luego de salir de la cárcel de Yare, declaró que Cuba representaba “el mar de la felicidad”, dando entonces comienzo a su firme e indestructible alianza con Fidel Castro.

Video: Fragmento del discurso de Chávez durante su primera visita a La Habana en 1994, en el cual expresa su visión de una cooperación directa con Cuba y la integración latinoamericana.

En su discurso del 6 de diciembre de 1998 en el Ateneo de Caracas, luego de que el Consejo Supremo Electoral (CSE) anunciara su victoria ese mismo día, Chávez se mostró moderado, llenando de optimismo a esa izquierda que se sentía desolada después de la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética. Luego de asumir la presidencia el 2 febrero de 1999 y durante su primer año de gobierno, se mantuvo dentro de la línea sobria trazada el 6 de diciembre.

El giro hacia la izquierda radical

A medida que avanzó su mandato y fue concentrando cada vez mayor poder, el discurso del comandante fue volviéndose cada vez más radical. Abandonó su simpatía por la Tercera Vía. Comenzó su cuestionamiento frontal al capitalismo y al predominio del valor de cambio sobre el valor de uso. Comenzó a señalar, al igual que Proudhon  -el viejo socialista utópico francés- que la propiedad privada es un robo. Ya no le parecía que los poderes públicos debían ser independientes. Comenzó a inclinarse por la teoría leninista del Estado, expuesta con mediana claridad por el jefe de la Revolución Rusa enEl Estado y la revolución. El Estado tiene que ser unitario y debe compactarse alrededor de un jefe único. La autonomía de sus órganos es una ficción burguesa alimentada por la clase capitalista para perpetuar su control de la sociedad. Dejó de atender problemas como la inseguridad personal y de garantizar el derecho a la vida.

Paulatinamente, el discurso modernizante, progresista y en apariencia avanzado, fue dando paso a la palabra cargada de resentimiento contra el pasado y el status quo. Los empresarios se convirtieron en su blanco favorito. Ya no se trataba de actualizar el obsoleto aparato industrial y transformar la agricultura y la agroindustria para acoplarla a las demandas de la globalización y los cambios tecnológicos, sino de impulsar la propiedad comunitaria y fundar el Estado Comunal. Esta utopía milenarista nunca se cristalizó plenamente. La férrea resistencia social junto con  la ineptitud y corrupción del oficialismo, han impedido que el sueño comunista se cristalice, pero el germen de la destrucción perforó el sistema defensivo del cuerpo social. Después de quince años de chavismo, Venezuela ha sido arrasada por el atraso de una ideología que ha finalizado con todos los países en los cuales se ha impuesto.

2013: el infierno rojo en cifras

Dada la imposibilidad de señalar todos los datos que quisiéramos, nos limitaremos a indicar aquellos más relevantes en el plano internacional, pues permiten comparar a Venezuela con otras naciones de desarrollo similar.

Este año el crecimiento de la economía será apenas del 1% a pesar de que los precios del barril de petróleo se han mantenido alrededor de US$100. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) proyecta un crecimiento para la región del 3,5%. Lo más irónico de ese dato es que Bolivia, que depende en buena medida de Venezuela, crecerá 5,4 %. La inflación durante 2013 se empinará hasta alcanzar entre el 45 % y el 50%, con un incremento en el rubro de los alimentos por encima del 70%, según cifras del propio Banco Central de Venezuela.

Dibujo

De acuerdo con el Índice Internacional de Derechos de Propiedad elaborado por la Alianza Internacional de los Derechos de Propiedad, Venezuela ocupa el lugar 127° en un ranking de 131 países. Y según el Fraser Institute de Canadá, nos ubicamos en el último lugar de las 144 naciones estudiadas en relación a la libertad económica. El riego país también se disparó. Venezuela representa, después de Argentina, la nación donde invertir resulta más arriesgado: así lo revelan los informes de JPMorgan. El Foro Económico Mundial nos ubica en el puesto 134° sobre 148 economías, en materia de competitividad, junto a Chad y Burundi. Según ese Foro, Venezuela es uno de los países que menos invierte en capital humano, apareciendo en el lugar 101 de los 148 países analizados.

Para Transparencia Internacional, que elabora el Índice de Percepción de la Corrupción, Venezuela es uno de los países más corruptos del planeta. Ocupa el lugar 165 de los 174 países estudiados. Apenas llega a 19 puntos sobre 100.

Al mismo tiempo, es una de las naciones más violentas de la Tierra. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, el año en curso terminará con 73 muertes por cada 100 mil habitantes, cifra que triplica los números de nuestros vecinos, Colombia y Brasil.

El comunismo de Hugo Chávez, mantenido y reforzado por su heredero Nicolás Maduro, solo ha traído ruina y destrucción a Venezuela. Los datos no mienten.

TRINO MÁRQUEZ ― PANAMPOST

Este artículo es publicado con el permiso de Panampost