Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Venezuela ante a la crisis financiera internacional

Entre 1980 y 2003 América Latina sufrió 38 crisis financieras que afectaron en distintos momentos y de manera diferente a casi todos los países de la región. México, Brasil, Argentina, Perú, Venezuela, fueron estremecidos por esos terremotos. De esas sacudidas se extrajeron lecciones muy importantes.

Fue llegándose progresivamente a la conclusión de que era necesario reducir el tamaño del Estado empresario, ampliar la participación del sector privado en la economía, poner en orden las finanzas públicas, elaborar presupuestos equilibrados con el fin de minimizar el déficit fiscal, incrementar los mecanismos de control del gasto público –especialmente del social- para aumentar su eficiencia, perseguir y castigar la corrupción, controlar la inflación por medio de la disciplina fiscal, incrementar la fiscalización del sistema financiero para evitar las crisis en esta área, promover las inversiones extranjeras mediante el fortalecimiento del Estado de Derecho, promover acuerdos permanentes con los sindicatos para que los aumentos salariales estuviesen ligados al aumento de la producción y la productividad .

Los cambios introducidos en Latinoamérica en las últimas décadas le han permitido enfrentar la crisis de 2008 y la que anda en curso actualmente, con relativa comodidad y sin verse sometida a los desajustes que afectan, por ejemplo, a Grecia. Naciones como Brasil, Chile y Colombia son capaces de sostener políticas fiscales equilibradas, sin ceder a las demandas y presiones de los grupos populistas que reclaman reivindicaciones que el Estado y la sociedad no pueden satisfacer de forma sostenible.

En la actualidad el sistema financiero en el continente goza de tan buena salud, que Juan José Ruiz, economista jefe del Banco Santander, sostiene que América Latina cuenta con el sistema financiero más sólido del mundo.

Los países del continente adoptaron, en diversos grados, esas medidas. La Venezuela posterior al arribo de Hugo Chávez al poder en febrero de 1999, tal vez sea, junto a Cuba, la única excepción de la regla. Su Gobierno ha seguido el camino contrario a las reformas estructurales acometidas por la mayoría de naciones.

Venezuela ocupa un lugar muy especial en América Latina. Por casi un siglo ha sido el principal productor de petróleo de la región, aunque esa posición predominante estará amenazada por Brasil en poco tiempo. La condición de petro nación le permite al país encarar la crisis internacional de forma diferente al resto de las sociedades.

Debido al empuje de China y la India, y a las tenues tendencias de recuperación de Estados Unidos, el promedio de la cesta venezolana en 2011 ha girado alrededor de $100 el barril, lo cual le ha permitido al Gobierno contar con ingentes recursos financieros.

En estricto sentido, la onda expansiva del terremoto en Europa no se ha sentido en Venezuela. A las arcas del Gobierno han entrado suficientes recursos para resolver los problemas más importantes de la nación. Todo indica que esta corriente se mantendrá en el futuro previsible.

Los graves problemas económicos que confronta el país no tienen nada que ver con la crisis internacional, sino con el irracional modelo estatista e intervencionista aplicado por el comandante a partir de diciembre de 2006, cuando se declara públicamente socialista.

El socialismo del siglo XXI constituye una mezcla de socialismo con populismo. Este modelo persigue, en el plano político, destruir la democracia, y en el económico, acabar con la economía de mercado.

Con el fin de llevar adelante su plan, el Gobierno acorrala la propiedad privada, confisca y expropia bienes particulares, crea controles y regulaciones asfixiantes, mantiene instituciones represivas que hostigan a los productores privados. Los efectos económicos de estas políticas perniciosas han sido devastadores.

Venezuela importa más de 60% de los alimentos que consume, mientras los productores agrícolas se arruinan; y la inversión privada, tanto foránea como endógena, es la más baja de Sur América, a pesar de las evidentes ventajas que proporciona la riqueza petrolera.

El régimen desechó las reformas estructurales que le permitieron a América Latina superar la crisis de los años 80 y encarar en excelentes condiciones los estragos que provoca el remezón actual. Persiste en aplicar políticas generadoras de pobreza y destructoras del aparato productivo.

Este cuadro podrá cambiar en las elecciones de octubre de 2012, cuando será posible rescatar la libertad y recuperar la senda del crecimiento económico sano.

@tamrquezc

15 de diciembre, 2011