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Venezuela condenada al ostracismo petrolero. Jose Toro Hardy

Los errores lucen como una pesada ancla atada al cuello que la arrastra al borde de un abismo.

En un artículo reciente explicaba la importancia que tendrán los grandes descubrimientos de petróleo y gas de esquisto (shale oil y shale gas) en EEUU. Con el desarrollo de esta nueva tecnología se pueden extraer mediante fracturación (fracking) los hidrocarburos atrapados en los poros y las capas de las rocas sedimentarias. EEUU pronto será el mayor productor de petróleo del mundo.

La teoría del Peak Point, según la cual la demanda mundial de petróleo seguiría creciendo pero la producción habría alcanzado un punto pico, se ha derrumbado estrepitosamente.

Las tecnologías para la explotación del petróleo de esquisto tendrán un fuerte impacto geopolítico al independizar a muchos de los mayores consumidores de petróleo de las inestabilidades que experimentan muchos de los mayores productores.

En pocos años EEUU no necesitará importar petróleo. Incluso podría transformarse en un exportador. Solamente abastecedores seguros como Canadá y México mantendrán una presencia en ese mercado.

Venezuela hubiese podido estar en esa lista, ya que había sido capaz de desarrollar una envidiable integración vertical que le permitía llevar el petróleo desde el subsuelo venezolano hasta los tanques de gasolina de los consumidores estadounidenses, después de haberlo producido, refinado y transportado en oleoductos o en tanqueros venezolanos y procesado en refinerías propias -ya fuese en nuestro territorio o en EEUU- para ser distribuido por Citgo (que le pertenece 100% a Pdvsa) a través de un extenso número de estaciones de servicio abanderadas con esa misma marca. En medio de esa integración vertical, éramos capaces de agregar valor en todos los eslabones de la cadena y garantizarnos una posición y una participación importante en el mayor mercado mundial.

Sólo la increíble torpeza de quienes dirigen nuestra política petrolera está logrando destruir un modelo que era la envidia del mundo entero.

Pero una nueva noticia con profundas implicaciones geopolíticas viene a introducir cambios aún mayores en los mercados energéticos y en la compleja situación del Medio Oriente: Israel ha encontrado grandes reservas de petróleo y gas de esquisto.

Ha descubierto megayacimientos de gas llamados “Leviatán” y “Tamar” en altamar, frente a las costas de Haifa.

Como si lo anterior fuera poco se han completado los estudios geológicos y geofísicos en la zona Sur de Israel, encontrándose vastas reservas de petróleo de esquisto (shale oil) atrapadas bajo las capas de rocas en prácticamente un 15% del territorio israelí, que pueden ser extraídas mediante las mismas técnicas de fracturación (fracking). Algunos estiman que las reservas económicamente explotables podrán alcanzar los 250.000 millones de barriles. Eso colocaría a Israel al nivel de Arabia Saudita. Habrá que vencer algunos obstáculos tecnológicos, para lo cual los judíos siempre han estado particularmente bien calificados.

China, Rusia y las más importantes petroleras del mundo están manifestando interés en estos nuevos desarrollos, así como en las oportunidades de inversión en muchos otros sectores que se abrirán en Israel.

Mientras tanto, ¿qué impacto tendrían todos estos acontecimientos en el equilibrio geopolítico y económico del Golfo Pérsico y del mundo?

Algunos están a la vista:

-Irán quedaría aún más aislado y concentrará sus exportaciones petroleras a China.

-Por razones de distancia y economía, la producción petrolera de los países árabes que queden fuera del mercado americano se dirigirá fundamentalmente hacia China y otros países asiáticos.

-El mercado chino está limitando su ritmo de crecimiento. La misma China tiene enormes reservas de petróleo de esquisto, que aún no ha podido desarrollar.

-La posición de Israel se verá sensiblemente fortalecida y es probable que sus exportaciones petroleras sean transportadas a través del Mediterráneo hacia los mercados europeos, donde competirá con el petróleo y el gas rusos.

-El gran perdedor podría ser Venezuela que ha venido renunciando absurdamente al mercado estadounidense. Sus perspectivas son: a) ya no será competitivo en China ni Asia; b) le resultará difícil competir en Latinoamérica con la creciente producción petrolera del Brasil.

Es difícil explicar la suma de errores que se han venido cometiendo en Venezuela. Sus esfuerzos por resucitar una ideología que ya había fracasado en el mundo, lucen ahora como una pesada ancla atada a su cuello que la arrastra al borde de un abismo.

JOSÉ TORO HARDY ― EL UNIVERSAL
pepetoroh@gmail.com
@josetorohardy