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Venezuela: el fracaso del Estado Comunal. Trino Márquez

Los intentos del chavismo de impulsar legalmente (o no) la organización por comunas.

Hugo Chávez ganó las elecciones del 6 de diciembre de 1998 levantando, entre otras, la bandera de la descentralización. En su carrera hacia la Presidencia de la República insistió en la importancia de fortalecer las gobernaciones y las alcaldías, y, desde luego, consolidar la figura de los jefes de los ejecutivos regionales y locales, los gobernadores y los alcaldes.

En correspondencia con esta oferta  y por primera vez en la historia nacional, la amplia mayoría oficialista que dominó en la Asamblea Constituyente de 1999 le dio rango constitucional a la descentralización. La Constitución, aprobada por referendo popular el 15 de diciembre de ese año, contiene un amplio conjunto de artículos que la legitiman. El artículo 4 señala que “la República Bolivariana de Venezuela es un Estado federal descentralizado…” ; el artículo 185 establece la existencia del Consejo Federal de Gobierno, “órgano encargado de la planificación y coordinación de políticas y acciones para el desarrollo del proceso de descentralización y transferencia de competencias del Poder Nacional a los Estados y Municipios”.

La participación popular aparece asociada al Municipio y al Consejo Municipal. Para potenciarla –según el artículo 182- “se crea el Consejo Local de Planificación”, presidido por el Alcalde e integrado por los concejales, los presidentes de las juntas parroquiales y representantes de organizaciones vecinales y otras agrupaciones de la sociedad organizada.

Las entidades políticas que componen la República de Bolivariana de Venezuela (gobernaciones, alcaldías y juntas parroquiales) constituyen la base a partir de la cual el régimen promovería la democracia participativa y protagónica prometida por Chávez durante su campaña comicial. Al menos esta idea es la que se desprende de los artículos de la Constitución referidos a la descentralización y la participación.

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Los cambios en el discurso

Pocos años después de haber entrado en vigencia la Constitución de 1999 en marzo de 2000, las entidades políticas descentralizadas comenzaron a resultarle incómodas al Comandante. Su discurso inicia un giro hacia un modelo donde se combinan aspectos del viejo socialismo utópico, el marxismo agrarista y el indigenismo latinoamericano. Aparecieron mezclados en una extraña combinación Charles Fourier y sus falansterios, Mao Zedong, Pol Pot, Juan Carlos Mariátegui, el Che Guevara, las FARC.

A partir de 2004, comienza a hablar de forma insistente del Socialismo del Siglo XXI. En aquella época, aún no aparecía perfilado con suficiente nitidez su pensamiento acerca del Estado Comunal, aunque sin embargo asoman las primeras ideas. Luego emprende un ataque sistemático a la descentralización, a la que califica de “neoliberal”. Comienza a hablar de la unidad indisoluble del Estado, de la participación democrática mediante la constitución del Poder Popular y de una forma particular de organización social: la Comuna.

En el año 2007, estas nociones dispersas toman cuerpo en la reforma constitucional que se somete a referendo el 2 de diciembre de ese año. En el texto presentado, ya aparece delineado con claridad el proyecto de Estado concebido por el caudillo. Se habla de la Nueva Geometría del Poder y se define al Socialismo y al Estado Comunal como los objetivos del régimen para el futuro inmediato.

La reforma fue rechazada por los venezolanos pero, no obstante, las leyes del Poder Popular y el Estado Comunal –entre ellas la Ley Orgánica de las Comunas (LOC)-  fueron sancionadas, vía decreto presidencial, por Hugo Chávez el 21 de diciembre de 2010. De este modo quedó conformada la arquitectura  del Estado que sustituiría a la República democrática nacida el 23 de enero de 1958, cuando un levantamiento cívico militar derrocó al  dictador Marcos Pérez Jiménez.

El nuevo diseño desvinculaba la participación popular de la descentralización, y colocaba las gobernaciones y las alcaldías en un plano totalmente secundario. Las juntas parroquiales fueron eliminadas –de forma inconstitucional- en diciembre de 2010, cuando la Asamblea Nacional aprobó la última Ley Orgánica del Poder Público Municipal.

El Estado Comunal hoy

La comuna es “un espacio socialista definido por la integración de comunidades vecinas (…) que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades que les sirven de sustento” (LOC, Art. 6).

Cerca de Caracas, por ejemplo, desapareció recientemente la única comuna que se había creado. Se trata de la comuna Gual y España, pionera del Estado Comunal, constituida por Hugo Chávez en 2008 como ejemplo de lo que sería el nuevo Estado. En sus inicios estaba poblada por 118 habitantes,  conformada por siete Unidades Productivas (UP) y dotada de 73 hectáreas en las que se producirían distintos bienes. Hoy apenas quedan 13 personas, la mayor parte de las hectáreas no se han cultivado, ni trabajado, y únicamente una sola UP funciona, y a medias. Este proyecto de ingeniería social encalló como ocurre con todas las utopías voluntaristas y autoritarias  que tratan imponer a la fuerza planes que rompen el orden espontáneo del que hablan Adam Smith, Mises y Hayek.

Lo ocurrido en la Gual y España se repite en todo el país. En la actualidad, el proyecto chavista no es más que una ficción convertida en capricho. Nicolás Maduro realiza notables esfuerzos por mantener en movimiento el proyecto que le entregó su mentor ideológico y padre político. Pero la realidad es muy terca, y al heredero no le ha sido posible cautivar a sus seguidores para que funden comunas y las mantengan. Sus propios partidarios piensan que representa un delirio.

El hecho de que las comunas sean una quimera no hace menos letal la proposición. Lo más grave de esta ilusión es que ha debilitado a las gobernaciones y las alcaldías, especialmente a las que son gobernadas por miembros de la oposición. También la participación popular ha sufrido. Esta no se despliega sino en el marco de una descentralización que funcione con las instituciones que la integran y sostienen. Al debilitarse esas instituciones, también se erosiona la participación.

Agreguemos el Estado Comunal al expediente de fracasos del régimen.

TRINO MÁRQUEZ ― PANAMPOST
Este artículo es publicado con el permiso de Panampost