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Venezuela: ley natural y gobiernos contra natura. Andrés Volpe

Murray N. Rothbard aborda uno de los temas más importantes de la libertad en su obra La ética de la libertad, la cual discute en sus primeros capítulos la naturaleza del hombre, la ley natural y su conflicto con la ley positiva, es decir, la ley que emana de las instituciones del Estado. Así pasa a citar las palabras de Hannah Arendt para mostrar la crítica principal hacia la noción de naturaleza humana, la cual consiste en argumentar que el concepto de naturaleza humana es una noción teológica y por ende “debe renunciarse a [ella] en todo debate científico”[1].

No obstante, Rothbard, sabiamente, se acoge a la tradición tomista, apoyada por Grocio, la cual confía en que existe una naturaleza del hombre que puede ser descubierta por medio de la recta razón, la cual puede elaborar una ley natural universal que satisfaga los requerimientos objetivos de la vida del hombre en la tierra. Tomás de Aquino le da preponderancia a la razón como instrumento del hombre para diferenciarse en el reino animal e incluso excluirse de él. Por ende, precisamente por medio de la razón, nuestra capacidad diferenciadora frente al comportamiento meramente instintivo, es que el hombre puede descubrir una conducta y un fin “conscientemente percibido”[2]

Del mismo modo, si la razón es el instrumento que constituye al hombre y define su naturaleza, lo mismo “puede ser utilizada por todos los hombres para extraer verdades acerca del mundo”[3]. Es por medio de la comprensión de estas verdades que se compone la ley natural, aquella que obedece a la naturaleza del hombre y es juzgada de acuerdo con lo que es bueno o malo para esta naturaleza comprensible por medio de la razón. La ley natural obedecería de esto modo a una ética objetiva universal, ya que las necesidades reales que impulsan la acción humana son comunes para todos los hombres y se fundamentan en valores comprensibles naturalmente por el género.

La ley natural, en consecuencia, obedece a la naturaleza común y universal de los hombres y es originaria de derechos naturales que están sujetos y son inherentes a la condición humana.

Aquí radica el punto más importante y el aporte más sustancial de Rothbard en el debate: “La ley [natural] es un poderoso motor de cambio radical”[4]. Él establece que la ley natural, haciendo uso de la razón, siempre será una amenaza para el pretendido dominio de tradiciones ciegas o de gobiernos autoritarios, ya que, mientras estas siempre buscan subyugar la naturaleza humana a designios que contraríen los derechos naturales, la ley natural siempre será el ordenamiento ajustado a la ética objetiva para denunciar los intentos que busquen destruir al individuo y sus derechos naturales.

La concepción de los derechos naturales en contraposición con la ley positiva del Estado se la debemos a John Locke, ya que el filósofo no consideraba al Estado como el portador y originador de la moral política y de las acciones virtuosas. Por el contrario, John Locke defiende que el individuo es “unidad de acción, […] ente que piensa, siente, elige y actúa”[5], por lo tanto, capaz de discernir por medio de la razón su propio bien, es decir, defiende la tradición individualista que ve al individuo como fin en sí mismo y no como accesorio al Estado.

Quizás el único momento donde se ha plasmado y aplicado consecuentemente la teoría de los derechos naturales ha sido en la revolución norteamericana, por medio de la influencia del pensamiento de John Locke. Los trece Estados Unidos de América escriben en su declaración:

“Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho de reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad”.

Allí se puede observar 1) que los derechos naturales son el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, 2) la igualdad de todos los hombres y, por lo tanto, iguales portadores de los derechos mencionados, 3) la sumisión del Estado frente al individuo, y 4) el poder del individuo de reformar o abolir el gobierno que viole los derechos naturales.

Incluso, puede irse más allá y afirmar que estos derechos naturales son inalienables aun cuando democráticamente se decida suprimirlos o condicionarlos de alguna manera que afecte al individuo, ya que las mayorías por sí mismas no son legitimadoras de acciones contra estos derechos.

Esto nos lleva al caso actual de Venezuela, ya que, tomando todo esto como indubitable, el gobierno venezolano actúa contra los derechos naturales y esto ha quedado demostrado ciertamente por sus recurrentes acciones en contra del individuo. Por ende, al violar los derechos naturales del hombre, podemos afirmar que el gobierno venezolano es contra natura y frente a todos los hombres, e incluso ante Dios, para los que apoyen el argumento teológico, ilegítimo aun cuando haya sido votado democráticamente por una mayoría. Hay que tener en cuenta, y este punto es sumamente importante, que la elección democrática de un gobierno no es licencia para este de actuar arbitrariamente y alejado de la ley. La legitimidad de un gobierno se evalúa por medio del procedimiento como fue transferido el poder de los individuos para ser representados por este y, luego, por la actuación y resultados del gobierno una vez instituido. Así pues, y debe volverse a repetir, el gobierno venezolano es contra natura e ilegítimo ante Dios y los hombres.

Al mismo tiempo, se puede afirmar que el gobierno venezolano es el clásico ejemplo del enfrentamiento entre la ley positiva y la ley natural, ya que el ordenamiento jurídico venezolano en su aplicación contradice y desobedece la naturaleza humana y los derechos que devienen de ella.

En razón de ello, es vital que el concepto de naturaleza humana, ley natural y derechos naturales estén muy claros para el individuo, y en particular para los venezolanos, porque, como establece Rothbard, ellos son poderosos motores de cambio radical e instrumentos importantes contra las actitudes autoritarias del Estado. Ellos permiten que el individuo se levante, contradiga y cambie los gobiernos que buscan destruir su naturaleza. Tomar conciencia de los derechos naturales y aceptarlos como un ordenamiento superior y en conflicto con el ordenamiento positivo garantiza la fuerza persistente del ser humano para el cambio y bien es cierto que Venezuela necesita un cambio con urgencia.

ANDRES VOLPE | EL NACIONAL

[1] Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 27.

[2] Copleston, Frederick (1995): Aquinas. PenguinBooks, London, p. 204.

[3] Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 36 – 37.

[4] Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 48.

[5] Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 49.