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VENEZUELA: Producción de crudo en aguas profundas: la prueba de fuego para Petrobras

Este trabajo se basa en un extracto de dicho artículo publicado en el número 27− noviembre 2011 de la revista Perspectiva, editada en Colombia, y que distribuye Cedice en Venezuela.

César Contreras Altuve
ccontreras@cadena−capriles.com

Al referirse a la exploración y producción brasileña de petróleo y gas en aguas de hasta 7.000 metros de profundidad en el Atlántico, el economista Norman Gall, fundador y director ejecutivo del Instituto Fernand Braudel (Brasil), considera que la empresa Petróleo Brasileiro (Petrobras) pudiera sentir mayores presiones sobre sus “capacidades de personal, financieras y técnicas”.

En un artículo publicado originalmente en la revista Braudel Papers, N° 46− 2011, de la que es editor, Gall se refiere a la obligación legal de que Petrobras participe como operador con un mínimo de 30% “en todos los bloques de exploración en áreas profundas “estratégicas” que abarcan 149.000 Km²”, una obligación que incrementaría las tensiones sobre las referidas capacidades.

Este trabajo se basa en un extracto de dicho artículo publicado en el número 27− noviembre 2011 de la revista Perspectiva, editada en Colombia, y que distribuye Cedice en Venezuela.

Gall agrega: “Todas las decisiones operativas, entre estas la contratación de personal, suministros y proveedores de servicios, estarían sujetas a veto por parte de nombramientos políticos en una nueva compañía estatal, PetroSal Petróleo”.

Dice que “el nuevo régimen de producción compartida fortalece un capitalismo de Estado protegido, con amplios poderes discrecionales y poca transparencia”. Estima así que “un monopolio reforzado de Petrobras reduciría las oportunidades para la competencia y para la distribución del riesgo entre varias compañías”.

Proyectos

Gall recuerda que Petrobras prevé inversiones por $225.000 millones en su programa 2011/2015, el “más grande en el mundo en la industria petrolera hoy”.

No obstante, explica que ese programa “se redujo para frenar el recalentamiento de la economía” brasilera, así como para evitar que tales “inversiones superaran la capacidad financiera y operativa” de Petrobras.

Según José Sergio Gabrielli, presidente de Petrobras, citado por Gall, esa petrolera posee 688 proyectos por más de $25 millones cada uno; y otros 3.000 proyectos para “cuatro nuevas refinerías, compra y alquiler de instalaciones de perforación y producción para aguas profundas, gasoductos, buques petroleros, petroquímica, generación eléctrica e instalaciones para producir y transportar etanol y biodiesel”.

Gall apunta que “los proyectos de inversión son tan variados y ambiciosos que Petrobras tendrá que conseguir más capital dentro de unos pocos años, incluyendo $36.000−$60.000 millones en un nuevo endeudamiento y $14.000 millones por concepto de venta de activos”.

Finanzas

Gall relata que en septiembre de 2011, Petrobras acudió a la Bolsa de Valores de Sao Paulo (Bovespa) y obtuvo, mediante una oferta pública de acciones, $70.000 millones para financiar el plan de $225.000 millones. De esos $70.000 millones, $45.000 millones “eran del gobierno”.

El fondo soberano del gobierno y el Banco Nacional para el Desarrollo Económico y Social (Bndes) “compraron $16.000 millones en acciones de Petrobras, aumentando las acciones con voto del gobierno del 58% al 64%”.

Como parte de la operación, “el Ministerio del Tesoro tomó prestados $18.000 millones para prestarle al Bndes”, de modo que este adquiriera acciones de Petrobras.

Petrobras le pagó los $45.000 millones al Tesoro, y canceló así los derechos para explorar y producir “hasta 5.000 millones de barriles de petróleo y gas de las reservas potenciales en siete campos presalinos de la cuenca Santos”. Gall apunta que los críticos sostuvieron que Petrobras, una empresa estatal con participación privada, había pagado excesivamente por esos campos.

A la postre, “la oferta pública de acciones le proporcionó a la empresa un flujo neto de fondos de unos $25.000 millones, un récord histórico para los mercados mundiales de capitales”, señala Gall.

Cree que “Petrobras puede verse en aprietos para desarrollar algunos de los siete campos gigantes cedidos por el gobierno”, por los que pagó $45.000 millones.

Advierte que “Petrobras y sus proveedores siguen dependiendo de préstamos del Bndes a tasas subsidiadas para sostener sus programas de inversión”.

En cuanto al petróleo encontrado en aguas súper profundas, Gall le recomienda cautela a Petrobras para que se sobreponga a sus “limitaciones en capacidad financiera, técnica y de personal”.
Perspectivas

Gall cita a la consultora petrolera Wood Mackenzie, que ha señalado que “siete de los diez campos petroleros más grandes descubiertos en el planeta desde 2001 se encuentran en los lechos presalinos de la cuenca Santos”.

La cuenca Santos es un campo petrolífero de 352.260 kilómetros cuadrados (Km²), ubicado en el Atlántico Sur, a unos 300 km al sureste de São Paulo, Brasil.

Petrobras y sus socios privados British Gas (BG), Repsol (España) y Galp (Portugal) reportaron a partir de 2006 el hallazgo de “gigantescos campos (…), a unos 7.000 metros debajo de la superficie del mar, atrapados en los poros de piedra caliza debajo de lechos salinos de más de 2.000 metros de grosor”.

Gall afirma que para sus actividades en aguas profundas, Petrobras “debe superar problemas de geología, tecnología, logística, seguridad, finanzas, política, recursos humanos, gobierno corporativo y estrategias de desarrollo económico”.

Se estima −informa el economista− que la producción mundial en aguas profundas alcance los 12 millones de barriles diarios entre 2010 y 2017, en particular en Brasil, golfo de México, África Occidental, Australia e Indonesia.

Fuente: El Mundo

09 de abril del 2012