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Venezuela resiste. Domingo Fontiveros

Es necesario un liderazgo que no sea mesiánico como otros que llevaron a fracasos estruendosos.

Los resultados electorales del pasado domingo refuerzan la tesis de que Venezuela anda a la deriva. No es una nación dividida, como algunos dicen. Confundida como ente viviente y malinterpretada como entidad que siente, sí. Es un país que ha resistido los embates más despiadados contra su humanidad y su destino, aunque continúa sin hallar un nuevo camino. Venezuela es fuerte, como su historia remota y cercana lo demuestra. Necesita, sin embargo, nuevos aires para poder enrumbarse.

Electoralmente hablando, Venezuela sigue en Babia. Ni gobierno ni oposición ganaron el 8-D. Eso lo sabe la gente, por encima del avallasaje mediático del régimen para aparecer como gran ganador, que no lo fue, y del silenciamiento forzoso de los voceros de oposición que apenas tuvieron oportunidad de anunciar algunas ganancias puntuales. Para un país donde el gobierno ha politizado prácticamente toda faceta de la vida social sin que haya obtenido asentimiento mayoritario de la ciudadanía, estos resultados vuelven a situarnos como si estuviéramos flotando en un tabla que transita en alta mar. A la deriva.

El gobierno cubano quiere comunizar a Venezuela. El partido comunista venezolano también. Gente del PSUV también lo quiere. No lo consiguen.

Los ancianos isleños no tienen la energía y los de aquí carecen de argumentos y formación política. Por encima de todo ello, la ciudadanía venezolana está unida contra el comunismo, no dividida como algunos mentecatos declaran. Y está unida por la democracia, aunque de los dirigentes no reciba un mensaje esclarecedor respecto al tema, y tampoco un discurso que la aliente a sentirse adecuadamente interpretada. Venezuela ha resistido todas las trompadas propinadas desde el poder.

La gran Venezuela de CAP1, el viraje de CAP2 y el socialismo 21 de Chávez 1,2, 3 y 4. Y ahora el castro-madurismo del 2013. A lo que debe agregarse las guerras de Independencia, la Federal y las de fines del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, resistir no es suficiente.

Hay que hacer, construir, trabajar por el ahora y el mañana, tal como se hizo en cada ocasión de ese pasado terrible y sangriento. Para lo cual es necesario un liderazgo, que no sea mesiánico como otros que llevaron a fracasos estruendosos, sino algo parecido al liderazgo fuerte y humilde de un Mandela, un Gandhi, una Merkel, un Santos, un Lula, e incluso una Bachelet.

Vienen ahora 2 años de sabatina electoral, hasta las asambleísticas de 2014. Lo cual abre un espacio para reflexión y autocrítica, en paralelo a lo que el régimen haga con el malhadado poder habilitante en la ocupación de nuevos terrenos sociales, económicos y políticos.

Seguir resistiendo es un obvio desiderátum, pero construir un nuevo paradigma y divulgarlo en medio de las mayores restricciones que seguramente vengan por obra del gobierno, constituye el desafío principal.

Sobre la base de un nuevo paradigma atrayente, fresco como la juventud y de futuro, es desde donde puede edificarse el país diverso, libre y prometedor que la mayoría ansía y necesita. El gobierno tiene sus propios problemas, que tienen más que ver con sus asuntos políticos internos que con el país. Ante ello, el país tiene el imperativo de superar al régimen en pensamiento, moral y voluntad.

¡Feliz Navidad para mis queridos lectores!

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net