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Venezuela: ¿Tarjeta de abastecimiento o de racionamiento?

El pasado mes de abril, el Gobierno venezolano anunció la introducción de la llamada “Tarjeta de Abastecimiento Seguro”. Un polémico sistema que según Nicolás Maduro, frenaría el contrabando fronterizo hacia Colombia, ya que el 40% de los alimentos adquiridos por el Ejecutivo para vender a los venezolanos más pobres termina en el mercado negro y en la reventa desmesurada de productos subsidiados, fenómeno que acentúa el desabastecimiento y que ha avivado las protestas en las calles desde el mes de febrero.

Aunque la tarjeta es de uso voluntario, varios críticos aseguran que este sistema es la versión venezolana de la libreta de abastecimiento de Cuba, que desde hace medio siglo es la única forma para acceder a productos subsidiados como el arroz y el frijol en la isla. Sin embargo, Nicolás Maduro ha negado que sea de racionamiento, pues no se pretende ni racionar ni condicionar las compras, y al contrario la tarjeta implica tener acceso a beneficios como rifas y ofertas. Para el presidente venzolano: “Lo que se persigue es minimizar el contrabando de extracción, el ‘bachaqueo’ y la reventa de los rubros”.

Tres economistas venezolanos invitados opinan sobre sus verdaderos alcances e impactos:

Alicia Sepúlveda Venezuela – Coordinadora del Observatorio Económico Lesgislativo de CEDICE

¿Qué cobertura tendría la “Tarjeta de Abastecimiento Seguro”?

Aunque por ahora su implementación se encuentra en una etapa preliminar para los establecimientos más grandes, el ministro de Alimentación ya presentó una estadística: 500 mil personas han hecho el registro biométrico. La idea del Gobierno es extender el uso de la tarjeta a la red estatal de mercados: Pdval, Mercal y la red de abasto Bicentenario.

¿Para qué sirve la tarjeta?

Hasta donde sé, la propuesta es convertir la tarjeta en un requisito para acceder a los productos de la red pública de mercados. La idea es que las personas no puedan adquirir libremente los alimentos que deseen, sino que el Estado regule la cantidad. Ya se conocen casos de personas registradas en el sistema que un día compran aceite, y al siguiente tienen bloqueado el acceso al mismo producto.

Antes de la tarjeta, en localidades muy pequeñas ya venían restringiendo la compra de alimentos según los números de cédula. Lo verdaderamente nuevo de la tarjeta es que está institucionalizando el racionamiento.

¿Por qué?

Para contrarrestar el problema del desabastecimiento.

En Venezuela tenemos un nivel de escasez del 25%, y uno de los sectores más golpeados es el de alimentos. El Estado ha intervenido mucho a este sector, ha tomado para sí grandes cadenas de comercialización, ha fiscalizado duramente a los mercados privados que sobreviven a través de la Superindentencia de Derechos Económicos, y ha manejado los centros públicos de distribución.

El sector privado no produce alimentos sencillamente porque no existen las condiciones para producir; de allí surge la escasez. Pero el discurso oficial es otro. Para el Gobierno, el problema no es la destrucción del sistema productivo sino que los sectores productivos le han declarado una guerra económica.

¿El racionamiento es el camino?

El problema con los mercados estatales es que venden sus productos a precios muy bajos, regulados por el Gobierno. Este mecanismo de control es muy perverso, pues ha incentivado la reventa y el contrabando. Como resulta rentable, se han formado unas mafias dedicadas a vaciar rápidamente los anaqueles y comerciar los productos, por ejemplo, al otro lado de la frontera.

Pero racionar el acceso a los alimentos no solo no mejora el desabastecimiento, sino que podría empeorarlo. Al darle tanto poder a un puñado de funcionarios para que administren la distribución de productos en la población, se daría pie para que aparezcan nuevas mafias.

La escasez no se soluciona creando más controles, sino estimulando una mayor producción de alimentos, creando un sentido de comercio.

¿Cuál es el efecto del nuevo sistema?

Se le dará todavía más poder al Estado para que administre la vida de las personas, decidiendo cuáles y cuánta cantidad de alimentos pueden consumir. Los ciudadanos se harán más dependientes del Gobierno, que tendrá el poder para asignar a dedo el acceso a bienes y servicios. Se trata de un control propio de los regímenes totalitarios

Además, hay que considerar detalles como que para registrarse en el sistema piden una carta de residencia emitida por el consejo comunal, siendo los consejos comunales órganos de participación política que deben ser aprobados por el Gobierno y, en muchos casos, están obligados a expresar su afinidad con las políticas oficiales para poder operar.

Hasta donde entiendo, este sistema no está planteado como algo provisional sino permanente, y el gran peligro sería que se extendiera a otros sectores económicos.

¿Cómo ha recibido la población esta medida?

En un primer momento el Gobierno anunció la medida argumentando que era necesaria para “minimizar la escasez”, es decir, regularizar la cantidad de bienes que se pueden llevar los consumidores. Esto generó un enorme rechazo por parte de la población, lo que obligó al Gobierno a cambiar el discurso. Hoy por hoy, la propaganda oficial señala que la tarjeta no se enfoca en racionar los alimentos sino que se otorga como premio por su fidelidad, para dar descuentos y participar en sorteos. Pero a mí me parece propaganda engañosa, pues esto no está escrito formalmente en ninguna parte del registro.

Entre abril y junio la tarjeta ha sido muy promocionada por el Gobierno. La han vendido como un gran logro, pero sin mostrar cuánto ha bajado el desabastecimiento, sino limitándose a exponer el creciente número de usuarios registrados.

Benjamín Tripier. Venezuela – Economista, presidente de NTN Consultores Benjamín Tripier Venezuela

El tema de la tarjeta de racionamiento está agonizante. La cifra de 500 mil usuarios registrados es muy baja frente a las expectativas iniciales del Gobierno. Además, la tarjeta no ha tenido el impacto que se esperaba, pues la escasez sigue aumentando.

En mi opinión, la iniciativa era buena desde el punto de vista pragmático. Servía para combatir transitoriamente el desabastecimiento; para poner freno al consumo nervioso. En el país estaba sucediendo que las personas, ante la desesperación de hallarse frente a pocos productos, decidían no comprar solo lo que necesitaban sino mucho más. Un comportamiento perfectamente normal. Todos queremos tener un anaquel de reserva en nuestras casas.

La compra nerviosa no es la causa de la escasez, sino una parte pequeña del problema. Lo que en verdad produce el desabastecimiento es, principalmente, la deuda con los proveedores en el exterior, aquellos que producen lo que se consume en Venezuela. Hasta que no se les paguen las deudas, no volverán a despachar y no habrá con qué llenar los anaqueles. Es un tema de fácil solución: liberar los dólares, poner en marcha la cadena de abastecimiento y desmontar los controles.

Aunque no resolvía la causa de la escasez, la propuesta de la “tarjeta de abastecimiento” era una medida sencilla y lógica: si hay 10 productos y 5 personas, es mejor que cada una se lleve 2 productos y no que 2 se lleven 5. El problema es que la medida fue muy controvertida desde el punto de vista político. Se la comparó con la situación en Cuba y tuvo un fuerte rechazo entre la gente.

Por eso creo que dentro de poco la tarjeta va a desaparecer. No veo al Gobierno tratando de imponerla en medio de este ambiente tan negativo. Sobre todo teniendo en cuenta que su actitud es la de llegar a acuerdos con los empresarios.

Luis Alfonso Herrera. Venezuela – Abogado, especialista en Derecho Constitucional, investigador en CEDICE

¿A quiénes afectaría la tarjeta?

Según el presidente de la República, “el sistema de alimentación viene cubriendo, en estos tiempos de guerra económica, el 84% de la demanda del pueblo venezolano”, lo que a su juicio “ratifica que el Gobierno Bolivariano tiene todos los recursos para garantizar la soberanía alimentaria” (Ver: http://goo.gl/4CrknC ).

Sin embargo, no parece que el Sistema Superior de Abastecimiento Seguro” logre esa meta, ya que debido a las largas filas (colas) que las personas deben hacer durante 2 o 3 horas para comprar alimentos en los locales estatales, a la escasez de algunos productos de la dieta básica, y al alza que han experimentado los precios de los alimentos que ofrecen (acercándolos al precio regulado de los productos de los comercios privados), esa cifra está alejada de la realidad acerca de cuántos venezolanos dependen o resultarían afectados por la aplicación de esta medida. Cada vez más son los pobres quienes acuden a abastecerse en locales privados de venta de alimentos.

En efecto: “…en los establecimientos de las redes de comercialización del Estado tampoco es regular el abastecimiento de alimentos. Productos como harina precocida de maíz, margarina, azúcar, aceite, granos, carne y pollo, entre otros, no están disponibles en los anaqueles. A través de Mercados de Alimentos (Mercal), la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval) y Abastos Bicentenario, el Estado concentra unos 22 mil puntos de venta en todo el país, casi 40% del mercado, y aún así no ha sido una alternativa para que las familias se abastezcan con los productos de la cesta básica” (Ver: http://goo.gl/6cmCXC ).

¿Ya empezó a funcionar la tarjeta?

La etapa preliminar de registro durará hasta el 30 de junio; ello significa que los consumidores inscritos en el registro biométrico del Sistema Superior de Abastecimiento Seguro no tienen aún la llamada “tarjeta de afiliación” ni se está usando aún para comprar alimentos, pero se espera que a partir de julio las tarjetas hayan sido entregadas, y comience su uso en los locales estatales. Sobre el modo en que funcionará la tarjeta “…el ministro [del Poder Popular para la Alimentación] Osorio detalló que el proceso contará con distintas fases: la primera será el registro biométrico de los usuarios y usuarias (…) Una vez obtenido el registro, se procederá a la creación de un sistema de suministros al mayor, a través de la Red de Abastos Bicentenario, para atender de esta manera también a los mayoristas, pero no a través de Mercal porque ese subsidio es para nuestro pueblo, para los más necesitados (…) a pesar de que no es obligatorio el uso de la tarjeta para comprar en la red de alimentos del Estado como Pdval, Mercal, Abastos Bicentenario y Abastos Venezuela, quienes decidan hacer su afiliación contarán con beneficios especiales como descuentos en productos de la cesta básica, ofertas de acuerdo a los rubros típicos de las temporadas, así como sorteos de viviendas, vehículos, entre otros incentivos de fidelidad, para que los usuarios de la Misión Alimentación puedan acceder también a los servicios que ofrece el Sistema Socialista de Misiones” (Ver: http://goo.gl/5lSRgD)

El mismo Osorio informó que 446.195 personas se habían inscrito en el registro del Sistema Superior de Abastecimiento Seguro, abierto el pasado 1 de abril, hasta el 8 de mayo: “Con los datos obtenidos, el Ministerio de Alimentación prevé obtener un mapa socioeconómico de los ciudadanos que compran en los establecimientos de la red, con el fin de controlar el desvío de productos y garantizar una mejor distribución de productos alimenticios a la población” (Ver: http://goo.gl/MgnIVm)

¿La información que ha dado el Gobierno al respecto ha sido clara?

La información que el Gobierno de Venezuela suministra sobre este tema y otros más (inseguridad personal, inflación, escasez, etc.) a través de los propios medios estatales no goza de credibilidad en la población más allá de sus seguidores.

La razón de ello es que las estadísticas que ofrece el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y otros entes estatales como el Banco Central, no se basan en indicadores y metodologías aceptadas científicamente para medir problemáticas. La medición de la eficacia e impacto de las políticas públicas no se encuentra respaldada por informes, fuentes o documentos a disposición de periodistas y medios independientes, y siempre está alineada con la propaganda política (Socialismo del Siglo XXI) del Gobierno, que ahora mismo se basa en la idea de la guerra económica, de modo que la información no es suficiente ni clara.

Organizaciones de la sociedad civil han indicado que: “El gobierno anuncia con retraso u omite algunas cifras y datos de interés nacional e internacional, como inflación, escasez y homicidios, algo que economistas y ONG atribuyen a una “cultura de la opacidad” que afecta al derecho de información de los ciudadanos. El acceso a la información pública está envuelto en la opacidad, en el ocultamiento de la información, en el silencio deliberado de datos e informaciones oficiales que en algunas ocasiones no se corresponden con la realidad”, denunció a la AFP Luisa Torrealba, coordinadora del Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS)”. (Ver: http://goo.gl/J1glAu ).

¿Cómo funcionan actualmente las redes estatales de mercados? ¿Tienen restricciones respecto a los mercados privados? ¿Qué es exactamente lo que cambiaría con la tarjeta?

Los altos voceros del Gobierno afirman que en los locales estatales de suministro de alimentos no hay restricciones respecto de los mercados privados, pero funcionarios subalternos desmienten tal indicación. La coordinadora de la Misión Alimentación en el estado Bolívar, Leyda González, resaltó que el mecanismo es un sistema de afiliación, “no una tarjeta de alimentación” que busca que la “soberanía alimentaria” llegue a todos. Sin embargo, el sistema evitará compras repetidas de un mismo producto en días consecutivos.

“No va a haber un límite de compra pero nos guiamos por la línea del Instituto Nacional de Nutrición, tú no me vas a decir que comes pollo o carne todos los días (…) Vi a una señora saliendo con un bulto de 48 rollos de papel sanitario, a lo mejor ese era el bulto que estaba en el establecimiento para ese día. Si una persona se lleva un bulto de 48 rollos, yo estoy haciendo la escasez (…) muchas personas hacemos por el desespero el acaparamiento y la escasez. ¿Quiénes son los que están todos los días comprando?”.

Los revendedores, que hacen esta cola para que usted vaya y le compre a ellos sabiendo que la están estafando”, dijo, al señalar que con el registro biométrico de la red pública se “abrirán las alarmas” en caso de que una persona compre recurrentemente el mismo producto. “Puedes venir todos los días a comprar pero no el mismo artículo”, aclaró. Informó que las bodegas, abastos, cooperativas y restaurantes podrán registrarse ante la Superintendencia Nacional de Silos, Almacenes y Depósitos Agrícolas (SADA) para adquirir productos al mayor a través de los Abastos Bicentenario y Venezuela. Para afiliarse, requieren el aval del consejo comunal del sector (es decir, requieren del permiso de una instancia de control político del Gobierno Nacional en las comunidades)” (Ver: http://goo.gl/lHZQmQ)

En tal sentido, sí hay restricciones en cuanto a variedad, regularidad y cantidad de alimentos a adquirir respecto de los mercados privados, y al interior de los propios locales estatales. El cambio principal que se observa es que serán solo los alimentos que el Gobierno permita, en la cantidad que permita y con la frecuencia que lo permita (esta es la novedad principal).

¿Cuál es la similitud y cuál la diferencia entre la “tarjeta de abastecimiento seguro” y la “libreta de racionamiento” cubana?

La similitud principal entre la tarjeta de abastecimiento seguro y la libreta de racionamiento cubana son sus fines: ocultar la realidad de la escasez creada por las políticas socialistas, restringir el consumo (calificando de inmoral al que proteste) y planificar centralizadamente la asignación de los bienes -en este caso los alimentos- adquiridos por el Gobierno, así como los producidos o adquiridos por el sector privado.

La diferencia principal es el nombre usado y la apariencia de una y otra, pues en el caso de la venezolana, apoyado en el neolenguaje orwelliano usado por el Gobierno Nacional, se le denomina de un modo opuesto al fin que persigue (racionar por abastecer) y además se presenta como una “tarjeta de débito o crédito” socialista, y como un instrumento moderno, mientras que la cubana carece de esa “sofisticación” publicitaria, hipócrita por demás.

¿Por qué surge la necesidad de implementar la tarjeta y cuál sería su implicación económica?

Las causas de esta medida la han descrito destacados expertos, como por ejemplo el profesor de la Universidad Central de Venezuela José Guerra, quien ha indicado que: “El anuncio de lo que eufemísticamente el Gobierno llama la tarjeta de abastecimiento no es más que la réplica en el siglo XXI de la tarjeta de racionamiento, implantada en los países socialistas y cuyo residuo todavía permanece en la empobrecida y sufrida Cuba (…) Es en este contexto en el cual debe analizarse la tarjeta que plantea Maduro, como herramienta para ordenar el racionamiento, no para resolverlo (…) Los bienes escasos se distribuirán conforme a una lógica que claramente va a dejar insatisfechos a los compradores, porque en realidad lo que sucede es que la oferta es insuficiente para cubrir la demanda.

Pero no solamente eso. Conociendo la orientación ideológica de Maduro, la tarjeta de racionamiento será igualmente un instrumento de control político, como lo son las diferentes listas que maneja el Gobierno de personas humildes a quienes se les entrega un subsidio o una casa y luego se les obliga a asistir a actos partidistas del PSUV. Esa tarjeta no se había establecido antes porque el Gobierno contaba con reservas internacionales para importar bienes que se vendían con un elevado subsidio, todo lo cual complementaba la insuficiencia de la producción nacional. Con una caída tan significativa de la producción de bienes elaborados en Venezuela y en vista del desplome de las reservas internacionales, no le quedó a Maduro más que seguir el ejemplo de Fidel Castro, con su primitivo sistema de racionamiento”. (Ver: http://goo.gl/JOxrze ).

En el mismo sentido, el Observatorio Económico Legislativo de CEDICE-Libertad ha indicado lo siguiente:

“Lo que tiene Venezuela es una situación donde no existe producción nacional, no existe reposición de inventarios, muchos comerciantes cierran sus negocios y se vive con una escasez que alcanzó el 26,5% en marzo, según los cálculos del Banco Central de Venezuela. La respuesta social a esto han sido protestas fuertes y sostenidas. La motivación de dichas protestas no es un asunto coyuntural, sino que se trata de problemas del día a día, hacer colas para comprar productos, no conseguir alimentos, ni medicinas, la creciente sensación de que empeorará en el futuro, todo esto en un marco donde impera la inseguridad y la impunidad. (…) A pesar de que las exigencias se fundamentan esencialmente en la desesperación que produce la escasez, o falta de productos básicos, especialmente los alimentos, el Estado ha decidido responder con una “tarjeta de abastecimiento” mejor dicho tarjeta de racionamiento de bienes y servicios. Sin embargo, esta tarjeta no es bien vista en los sectores populares, como tampoco en la clase media, ya que se trata de restringirle el consumo a una sociedad que ha estado acostumbrada a recibir lo que necesita en las cantidades que quiera” (Ver: http://goo.gl/rGQDyP)

REVISTA PERSPECTIVA