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¿Victoria Pírrica?

Diario El Universal 9/12/07

Por: Emeterio Gómez

Antes de entrar en materia, vaya una disculpa sincera para todos aquellos que insistieron en la necesidad de votar. Nuestro coqueteo abstencionista fue insensato, entre otras cosas, porque –en el afán pedagógico de debatir con los lectores el sentido estricto de la noción de racionalidad– no manejamos adecuadamente dos circunstancias decisivas que estaban operando en la realidad venezolana y que son cruciales para comprender dicha noción.

Esas dos circunstancias que impulsaban racionalmente a votar fueron: 1) los cambios impactantes producidos antes del dos de diciembre. Entre otros: el auge del movimiento estudiantil; la irrupción de Podemos, Ismael García, Baduel y Marisabel en la escena; el rechazo del propio chavismo a la Reforma; la intensificación del desabastecimiento; y finalmente, last but no least, la increíble sucesión de errores cometidos por Chávez en el último mes. Tantos y tan inauditos, que evidencian la presunta compulsión a la autodestrucción presente en la psiquis más profunda de Chakumbele.

La segunda de aquellas “dos circunstancias que manejamos mal” y que inducían a votar es la más importante. Un argumento que, no obstante, en alguna medida rescata la noción básica que manejamos en los dos artículos previos al referéndum: la idea de que –¡¡cuando de lo espiritual o lo estrictamente humano se trata!!– ni la historia ni la experiencia enseñan nada. En otras palabras que, en esa esfera, el presente no puede ser evaluado a partir del pasado, sino del futuro. Que sólo si estábamos dispuestos a defender –en la calle y no sólo en el CNE– los resultados del referéndum, tenía sentido votar. También en esto me equivoqué; falló mi capacidad de anticipar. Porque, como ahora resulta evidente, era racional sufragar dado que nuestra victoria vamos a defenderla en el terreno que sea. ¿O no? ¡¡Sobre todo si –a punta de vulgaridades– Chávez se empeña en imponernos por la fuerza el Comunismo!!

Pero, a todas estas: ¿qué significa pírrico? Bromeando, solemos decir que el género humano se subdivide en dos categorías: a) Los que usan bien esa palabra; y b) los que creen que ella es sinónimo de pequeño o chiquito. Pirro fue un general de la Antigüedad que habiendo ganado una batalla desastrosa, dijo a sus generales: “otra victoria como ésta y perdemos la guerra”. Desde entonces –y hasta Chávez– pírrico fue sinónimo de “triunfo o éxito dañino”. Ojalá que Hugo esté usando incorrectamente la palabreja; ojalá pertenezca él al grupo masivo de los que creen que ella significa “pequeño”. Es decir: ¡¡ojalá que esta victoria del domingo no resulte pírrica para la Oposición!! Esto es, no genere en Chávez un cambio radical de actitud que lo lleve a no cometer tantos y tan inmensos errores. Que la derrota no lo induzca a equilibrar su psiquis y a emplear sabiamente su indudable talento político; que no lo lleve a flexibilizar su visión del periodo de transición hacia el castrocomunismo. Que se mantenga firme y siga –como parece que va a seguir– pretendiendo imponer su proyecto a cortísimo plazo. Ojalá se apodere de él el apasionamiento profundo de Carlos Escarrá. Porque si el camino escogido por el Poseso fuese el otro, el inteligente; si la transición hacia el totalitarismo durase 20 años, la destrucción de la sociedad venezolana sería mucho más profunda y –¡¡entonces sí, en su acepción correcta!!– la victoria del domingo devendría pírrica. PD: Nuestro más sentido y profundo pésame para Maxim y Enie.

emeteriog@cantv.net