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Votar o no Votar

Publicado Diario El Universal 18/11/07

Por: Emeterio Gómez

Solemos creer todavía que la historia enseña algo. Petkoff remata así su editorial del martes: “Si la historia sirve de algo es para aprender de ella”. Es el error grande de Occidente: ¡¡atribuirle al hombre, la sociedad y la historia, verdades que son válidas sólo para la naturaleza!! Es la ingenuidad de creer que el diablo o los viejos en general –por el solo hecho de ser viejos– sabemos algo acerca del alma. Resonancia lejana de una época en la que el objeto esencial del conocimiento era el mundo exterior al hombre y no su espíritu.

Cuando se trata de conocer la naturaleza, es obvio que la experiencia juega un papel esencial. Porque aquella no cambia –al menos perceptiblemente– de un instante a otro. Pero sobre todo porque la naturaleza no toma decisiones, no tiene una Voluntad capaz de optar libremente, o sea ¡¡capaz de liberarse del contexto histórico en el que se toma la decisión!! Todo lo contrario de lo que ocurre con el Espíritu: porque en éste, el futuro no conecta para nada con el pasado. Razón por la cual el libro básico de Heidegger se llama Ser y Tiempo.

Pensar que la historia enseña algo es –quizás sin saberlo– aferrarse a Hegel, que creyó haber hecho de aquélla una ciencia. Porque en sus ficciones lógicas todo, absolutamente todo lo que le ocurre al hombre y más aún a su espíritu puede ser explicado por la razón. Es aferrarse a Marx y al materialismo histórico, para quienes del feudalismo se deducía necesariamente el capitalismo y de éste… directo al comunismo.

Afortunadamente, la vida humana no es tan fácil como Hegel supuso. Porque si lo espiritual, lo social ¡¡o la política!! fuesen deducibles o derivables a partir de los hechos, la razón, la experiencia o la historia, vivir sería un fastidio. Por suerte, cada momento existencial que confrontamos se constituye –es decir, constituye su ser– no a partir del pasado ¡¡sino del futuro!! No a partir de lo dado y de la experiencia, sino de los proyectos que nuestra voluntad logre superponerle a la realidad. Del hecho de que Carmona y su combo por su infinita torpeza hayan fracasado el 12 de abril, no se deduce que ese no era el camino correcto. ¡¡Pudo haberlo sido, dependiendo de lo que ellos hicieran!! Para derrotar al comunismo, las vías electorales no son un dogma o un principio moral absoluto. Cuando se trata de la destrucción radical de un país a manos del estalinismo o del maoísmo ¡¡cualquier forma de lucha es legítima!!

Igual ocurre con todos nuestros otros increíbles fracasos: el paro petrolero, la plaza de Altamira y las guarimbas. De nada de ello se deduce que ahora la política correcta es ir mansamente a votar y no esperar siguiera al otro día para reconocer el fraude que Chávez inexorablemente intentará el dos de diciembre. Digan lo que digan las encuestan.

Porque detrás de la decisión de votar o no votar, el verdadero problema es el carácter ferozmente totalitario del comunismo chavista. Y, sobre todo, la necesidad de asumir en serio que él ha logrado controlar de manera férrea, no “todos los poderes”, sino la totalidad del poder en Venezuela. Y que, en esas condiciones, votar o abstenerse da exactamente lo mismo, a no ser que el futuro y la acción predominen en nuestras mentes sobre el pasado y la historia, es decir ¡¡a no ser que estemos dispuestos a conectar el voto con la convicción de que –tanto por su castrocomunismo fanático como por su excesivo poder– electoralmente no vamos a salir jamás de Chávez!!

emeteriog@cantv.net