Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
¿Y si gana, qué?

28/04/2010

Es obvio que la gente quiere caras frescas y formas distintas de gobernar

Por: María Teresa Romero

A medida que corren los días de la campaña electoral colombiana, la vertiginosa subida del candidato Antanas Mockus en las preferencias del electorado pasa de ser un suceso episódico, a convertirse en uno permanente con buenas posibilidades de triunfo. No sería la primera vez que este fenómeno sucediera en el país vecino. En el 2002, el entonces candidato Álvaro Uribe, que arrancó la partida electoral con un 5% de intención de voto, mientras su principal contendor Horacio Zerpa lo hacía con el 40%, logró imponerse en la primera vuelta con el 53% de los votos.

Es evidente que en buena parte de los colombianos están brotando el cansancio y ganas de cambio que siempre impregnan el ánimo popular tras 8 años de gestión pública, por más que ésta haya sido buena y quien la lidere sea un Presidente estimado, de altos niveles de aceptación y respeto, como es el caso de Uribe. También es visible el hecho que la popularidad de un líder no es automáticamente transferible a otro; que la imagen y estilos de liderazgo tienen especificidad. Así, en el candidato José Manuel Santos, pesan su falta de carisma a pesar de su innegable habilidad política, de los logros en sus diversas funciones públicas y de contar con el apoyo del partido más grande de la contienda. Es obvio que la gente quiere caras frescas y formas distintas de gobernar.

De allí el fenómeno Mockus, que no es percibido por la mayoría como una amenaza para la estabilidad del sistema político ni para la política de seguridad democrática del uribismo, por más que en ello insista el ex ministro Santos. Pese a sus excentricidades, el público lo siente más bien como un profundizador de la democracia, de la actual política de seguridad y defensa, aunque dándole un matiz más civilista y de respeto a la ley nacional e internacional. La gente ya conoce de su eficiencia y honestidad, bien probadas cuando fue alcalde de Bogotá.

Como me dijo un amigo paisa uribista: “¿y si finalmente gana, qué? Colombia no retrocederá como Venezuela”.

mteresa100@hotmail.com

El Universal