Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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“Yo soy Carlos Marx”

Me estremeció porque, viéndola, no pude dejar de comparar a Marx con Nietzsche…

Es una magnífica pieza teatral de Gennys Pérez que se exhibe en el Espacio Plural del Trasnocho: la vida personal de un hombre sumido en la pobreza y en una tragedia familiar que en alguna medida me reconcilian con el ser humano Marx; minimizado ya por el tiempo el impacto que -hace 40 años- me produjo el descubrir la inmensa estafa que fue su trabajo intelectual. Un impacto que (en 1980) intenté plasmar en un libro: mi ruptura radical con el marxismo, el comunismo, la revolución… ¡¡y las ilusiones!!

Porque no se trata -sólo- de que la Teoría de la Plusvalía, El Capital y Los Grundrisse sean una sarta de tonterías montadas sobre una idea ridícula: que ¡¡en el capitalismo!! o sea, en una sociedad creada y desarrollada por ¡¡el empresario capitalista!! el valor de cambio lo generen exclusivamente… los obreros. Si hubiese un ranking de las ideas necias que ha parido la Humanidad, sin la menor duda esa ocuparía un lugar privilegiado. Ni se trata tampoco -sólo- del incalculable daño que el marxismo hizo, al ser asumido por una ristra de fanáticos: Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Fidel Castro, el Che Guevara, Allende, los republicanos españoles… y Chávez. No se trata -sólo- de la inmensa pistolada de creer que se podían eliminar por decreto el Valor de Cambio, la Propiedad Privada y la Empresa Capitalista, la única que funciona, incluso cuando se disfraza de Cooperativa. Ni se trata -sólo- de la caída del Muro de Berlín y de la disolución espontánea y fulminante del comunismo.

Ni se trata tampoco -sólo- de que Chávez sea profundamente marxista y no un simple seguidor de Alí Primera, como dijo en estos días un amigo muy querido, Thaelman Urgelles, cayendo así en la trampa de exonerar a Chávez del comunismo. Ser marxista, pana -“en lo esencial”, como diría el propio Marx- es creer en la Igualdad, o más bien, en la Igualación boba de los hombres, por encima de las diferencias abismales que la Naturaleza impone. Diferencias abismales que atañen no tanto a las habilidades laborales, ni siquiera a la inteligencia, sino a nuestras capacidades creativas, infinitamente desiguales. Diferencias que sólo puede aplastar una dictadura totalitaria; tal como ocurrió en todos los países comunistas ¡¡y como pronto ocurrirá en Venezuela!!

Más allá de todo ello, el verdadero problema con el “pensamiento” de Marx, es que ¡¡a veces se lo considera un filósofo!! A alguien que no llegó siquiera a intuir el problema filosófico central de su época, el siglo XIX. Un problema que podría resumirse -precisamente- en la liquidación radical de la Filosofía que, en ese siglo, hicieron Kierkegaard, Schopenhauer y, sobre todo, Nietzsche. Marx no llegó a filósofo, casi en el mismo momento en el que el autor de Ecce Homo estaba demoliendo la Filosofía. Marx no llegó a intuir siquiera que la única (remota) posibilidad de crear un Hombre Nuevo -un Superhombre, como lo llamó Nietzsche- no tenía nada que ver con la Economía ni con el Desarrollo de las Fuerzas Productivas, sino con el pegarse el salto Espiritual que nos sacara de la Animalidad.

Con lo cual regreso a la obra de Gennys Pérez. Para comparar la vida privada de dos hombres con sus respectivas vidas intelectuales. “Yo soy Carlos Marx” me estremeció porque, viéndola, no pude dejar de comparar a Marx con Nietzsche. Toda la pobreza y el infortunio de aquél, para generar una Filosofía zonza versus toda la inmensa tragedia que también fue la vida personal de Nietzsche, para generar un pensamiento que liquidó a la Filosofía e inspiró todas las grandes ideas que se han producido desde entonces.

http://emeteriogomez.wordpress.com

El Universal

Domingo, 18 de marzo de 2012