Llueve, pero escampa, y el sentimiento que generemos en quienes nos rodean dependerá no sólo de las emociones del día después de la crisis, sino de las actuaciones concretas y tangibles de los días anteriores, las cuales generan confianza si son comunicadas con sencillez, honestidad y humanidad.

Y en este sentido, la problemática que estamos viviendo en la actualidad como consecuencia del impacto y la incertidumbre derivados del Covid-19 ponen a prueba la resiliencia, la identidad y la reputación de las empresas familiares, su visión a largo plazo y, en definitiva, su legado.

Quienes encabezan negocios todavía están en tiempos de tormenta y es fundamental que hagan el ejercicio sincero y oportuno de pensar qué atributos quieren sembrar, con hechos, en el imaginario colectivo para que éste recuerde sus actuaciones. Pero este reto es todavía mayor para la empresa familiar, debido a su profundo arraigo local y a la expectativa de que su compromiso se debe convertir en actuaciones concretas en los países que la vieron nacer.

Un modelo a seguir es el manejo frente la pandemia implementado por Pollo Campero, de Corporación Multi-Inversiones (CMI), el cual pudimos conocer en una reciente investigación realizada por Catalyst Consulting & Research en Guatemala, en donde se vio que esta marca internacional de origen familiar, nacida en Guatemala, durante la crisis ha sido mucho más reconocida por ayudar que el resto de marcas multinacionales presentes en el país.

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Fuente: www.cedice.org.ve

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