Nicolás Maduro habría asegurado que “VenApp es una red social pensada para emprendedores”. Adicionalmente el mandatario habría dicho que dicha plataforma «va a ser más atractiva y superior que Instagram, que el Facebook, va a tener un poquito de todo, para sacar videos, mil cosas”.

La literatura especializada en economía de las plataformas reconoce que éstas pueden responder a un fin de lucro o alternativamente resultar sin fin de lucro -lo que obviamente no significa que no busquen crear valor-. Podrían constituir una excepción aquellas plataformas sin fines de lucro, cuando menos de la lista de las plataformas más utilizadas y conocidas a nivel mundial. Obviamente ninguna del selecto grupo de plataformas que componen el acrónimo GAFAM -Google (Alphabet), Apple, Facebook (Meta), Amazon y Microsoft- constituye una plataforma sin fin de lucro. Aún así, existen y un ejemplo notable de ello lo es Wikipedia.

Si partimos de la definición de que una plataforma es un tercero que por un lado, administra el funcionamiento de la misma así como la explotación de los efectos de red entre sus miembros, por el otro lado, determina la forma por medio de la cual se incorporan sus miembros, el precio que éstos últimos eventualmente tendrían que pagar para unirse o suscribirse -por ejemplo, un fee de acceso- y/o el eventual fee variable por interacción entre sus miembros -que tiende a aplicar al caso de plataformas del tipo marketplace-; lo importante para efectivamente constituir una es que existan efectos de red y que un tercero -la plataforma- sea quien administra y explota dichos efectos.

Sin embargo, siendo que muchas plataformas en un inicio, en sus etapas incipientes, no han encontrado o implementado forma alguna de monetización, y que luego en una etapa posterior -por lo general una vez que han incorporado un número significativo de miembros a su ecosistema-, implementan mecanismos para monetizarla; resulta difícil a priori definir una plataforma como sin fines de lucro.

Adicionalmente, como ocurre en el caso de las plataformas del tipo red social y/o chats, su propósito es levantar datos respecto a sus usuarios que luego pueden ser monetizados vía publicidad personalizada o eventualmente comercializándola -así sea de forma agregada, resguardando la identidad de los usuarios individualmente-. Esto implica que prestar servicios a precio cero o “gratuitamente” –Zero-pricing-, subsidiándose un lado de la plataforma, no implica que la misma no corresponda a una con fines de lucro.

Eventualmente, si quien crea la plataforma es un Gobierno podríamos esperar que sus objetivos trasciendan lo económico, para bien o para mal, por ejemplo respecto al uso de los datos recopilados a partir de sus usuarios e incluso respecto a eventuales objetivos de pluralidad en materia de contenidos e información -dependerá de la naturaleza del Gobierno- (este aspecto, súper relevante lo obviaremos en el presente artículo, siendo que nos enfocaremos al enfoque económico de las plataformas).

En este sentido, las funcionalidades que VenApp ofrece, especialmente la de Chat y comunicación se caracterizaría como una función que presenta efectos típicos de red (si el chat y la comunicación es del tipo peer-to-peer presentaría efectos de red directos típicos de las telecomunicaciones, y si evoluciona hacia grupos heterogéneos, por ejemplo, compradores en búsqueda de vendedores representarían efectos de red indirectos o cruzados).

Ahora bien, los mercados de las plataformas digitales presentan unas características y una dinámica propia. Dicha características idiosincráticas inciden en la posibilidad que tenga una plataforma para, primero, ser exitosa, segundo, eventualmente coexistir con otras más exitosas, o por último, simplemente fracasar.

En la medida que la plataforma ofrezca funcionalidades -distintas al valor que el usuario otorga a la plataforma por la existencia de otros miembros- que los eventuales usuarios valoran mucho, y que el valor de los efectos de red sea relativamente bajo, podría coexistir más de una plataforma en un “mercado”. La evidencia empírica válida lo anterior en el caso del software profesional especializado, cuyos usuarios más allá de la posibilidad de compartir archivos -notorios efectos de red por compatibilidad-, gozan de beneficios que en sí mismo les ofrece las funcionalidades del software al usuario individualmente (caso de paquetes de software estadísticos, econométricos y hojas de cálculo, por ejemplo). Otro ejemplo pudiera ser plataformas cuyos miembros constituyen un grupo específico o un subgrupo de la población pero que sólo valorarían crear nexos e intercambios con pares o iguales con características propias (caso de las plataformas de citas que coexisten, especializándose y atendiendo a personas heterosexuales, homosexuales, con objetivos de salidas ocasionales “inocentes”, enfocadas a salidas con fines sexuales, etc.).

Otra razón que pudiera explicar la coexistencia de más de una plataforma ofreciendo “un mismo tipo” de funcionalidad -por ejemplo, la de red social- serían patrones de uso y consumo del tipo multi-homing por parte de los usuarios (lo que implica utilizar, ser usuario o suscriptor de más de una plataforma simultáneamente). Dicho patrón de uso y consumo va a depender de si existe un precio de acceso y uso de la plataforma -comparativamente con plataformas alternativas-, de si existen miembros o potenciales miembros exclusivos de una plataforma sobre los cuales pueda tener interés potenciales suscriptores o usuarios -si todos los ciudadanos ya se encuentran en una plataforma ya instalada, por ejemplo WhatsApp, una nueva plataforma no ofrecería un mayor o un nuevo alcance hacia nuevos u otros usuarios-, si existe una diferenciación de funcionalidades altamente valoradas -por ejemplo en el caso de las consolas de juegos que pueden explicar por que algunos usuarios poseen simultáneamente la Play Station y la Xbox Series X-. En el caso de las plataformas de contenido y/o de servicios de Streaming, la presencia de contenido indiosincratico altamente valorado por los usuarios podría garantizar la suscripción o su uso por parte de un número significativo de personas (por el contrario, contenido de poco interés y/o politizado podría generar efecto repulsión por parte de usuarios o potenciales usuarios en un mercado por la atención).

Sin embargo, la evidencia empírica referida a buscadores -Google- muestra la dificultad en replicar la superioridad de la funcionalidad de un buscador asociado a algoritmos eficientes de búsqueda -producto entre otras cosas a la enorme información que ya acumulan para dar respuestas eficientes-, lo que termina posicionando y manteniendo a dicho buscador como prácticamente un monopolio a nivel mundial. Asimismo, el nivel de masa crítica de usuarios de WhatsApp y Facebook muestran que cuando los efectos de red son importantes -el valor que otorguemos a la plataforma basados en el número de miembros o usuarios- resulta muy difícil convencer a dichos usuarios o a nuevos usuarios a incorporarse a una nueva plataforma -por más que ésta última aplique Zero-pricing o estar disponible solo a one-click-.

El nacimiento de toda plataforma se enfrenta al reto de superar un problema del tipo Chicken-egg derivado de la existencia de significativos efectos de red. Nadie se unirá a una red social o nadie bajará una App de chat y comunicación si el número actual de miembros o usuarios es muy baja -más aún si existen alternativas ya instaladas con masa crítica suficiente-.

La teoría economía sobre las plataformas explica por que la demanda de este formato de negocio podría poseer un tramo con pendiente positiva producto de la presencia de efectos de red significativos con expectativas racionales -los usuarios forman sus expectativas por medio de una función que efectivamente se materializa en el mercado- que superan al efecto tradicional de sustituibilidad y prescindibilidad del bien ante un aumento de los precios de una típica función de demanda con pendiente negativa. Lo anterior implica que para un mismo “precio” de la plataforma podrían existir tres equilibrios referidos al número de usuarios que se podrían incorporar a la plataforma. Estos tres posibles equilibrios corresponden a, primero, una situación donde los potenciales usuarios estiman que pocas personas se incorporarían a la plataforma por lo que su valor resulta muy bajo y en consecuencia no terminan uniéndose a la misma -caso de fracaso de la plataforma y de un fenómeno de profecía autocumplida pesimista-; segundo, una situación donde un número de usuarios que estiman incorporarse a la plataforma es más o menos significativo -generalmente aquellos que valoran con mayor fuerza los efectos de red se unen al principio por más que el número de usuarios no sea muy elevado o posiblemente aquellos usuarios para los que el valor idiosincrático o el stand-alone-value de las funcionalidades de la plataforma es elevado-, y finalmente, un tercer equilibrio donde muchos estiman incorporarse a la plataforma incluso aquellos usuarios marginales o últimos en incorporarse que pueden valorar poco a los efectos de red pero que una vez el número de usuarios es elevado le resulta beneficio hacerlo -situación conocida como equilibrio de masa crítica o de estabilidad de la plataforma-.

¿Cuál de dichos tres candidatos a equilibrio podría imponerse en el mercado? Pues aquel que resulta producto de las expectativas de los potenciales usuarios cuando consideran el valor de unirse a la plataforma versus el precio o costo de formar parte de la misma. Podríamos utilizar un criterio para intuir cuál de los tres candidatos a equilibrio resulta más plausible. En aquellos casos en los cuales la demanda -constituida por las disponibilidades a pagar por parte de los potenciales miembros- se encuentre por encima del precio de la plataforma, esperaríamos que las expectativas es que un mayor número de usuarios se sumen a la plataforma (tendencia al alza de los usuarios y hacia la estabilidad de la plataforma). Alternativamente, cuando la demanda se encuentra por debajo del precio de unirse a la plataforma, las expectativas son a que pocos se incorporen o incluso que algunos ya dentro de la plataforma la abandonen. Dicho criterio asoma que sólo cuando se logra un nivel significativo de usuarios -un nivel elevado, nuestro tercer candidato a equilibrio- es que una plataforma ha logrado una estabilidad que la mantendrá dentro del mercado.

De nuevo, el problema radica en un dilema del tipo Chicken-egg, donde la plataforma desea tener suficientes miembros para hacerse atractiva a nuevos miembros, pero los miembros se unirían en un inicio en la medida que la plataforma resulte atractiva fundamentalmente por el número de usuarios que posea (imagine la funcionalidad de chat y comunicación, de qué nos sirve estar dentro de la plataforma si no existen otros usuarios en ella y en consecuencia no podemos comunicarnos con nadie). Adicionalmente, cuando una nueva plataforma se enfrenta a plataformas alternativas en marcha, la primera tiene que resolver un problema de “acción colectiva”, es decir cómo convencer a los usuarios de la plataforma de comunicaciones en marcha o de una red social para que se cambien a la plataforma nueva.

Si bien la literatura asoma que en estos mercados caracterizados por efectos de red, donde se presentan problemas de este tipo de acción colectiva una elevada reputación por parte de un entrante puede coadyuvar a superar dicho problema; la evidencia empírica no es necesariamente optimista. El caso de la red social Google + lanzada en 2011 buscando desafiar a populares redes sociales como Facebook fracasó en número de usuarios y tiempo de permanencia en la plataforma, finalmente cerrando operaciones en 2019.

Una de las estrategias desplegadas por las plataformas para alcanzar una masa crítica que le permita ubicarse en un equilibrio de estabilidad es conocida como Divide-and-Conquer, que radica en implementar un esquema de “precios implícitos” desbalanceado. Lo anterior consiste en subsidiar a aquellos usuarios que ejercen más efectos de atracción sobre otros -creando un Loop de atracción o un círculo virtuoso-, sin embargo esto constituye un desafío en ambientes de plataformas peer-to-peer -dejando a un lado el problema que implica la competencia de plataformas ya consolidadas con masa crítica y funcionalidades competitivas-. La fuente de financiamiento suele provenir de un lado de la plataforma sobre la cual se ha instrumentado un mecanismo de monetización.

Aún cuando una plataforma resulte sin fines de lucro, e incluso se apoye de trabajo colaborativo, implica costos que deben ser financiados -exige recursos-. ¿Quién y/o cómo se financiará VenApp? ¿Constituye una plataforma gubernamental o de terceros, es sin fines de lucro o cuáles son sus fines? ¿Tendrá éxito en mantenerse en el tiempo y cómo se financierá dicho proceso? Amanecerá y veremos.

Enrique González
Economista UCV. Profesor de Estrategia Competitiva y Digital, Universidad Torcuato Di Tella. Profesor invitado de Análisis Económico del Derecho en la UBA. Profesor invitado en la UADE.