
“(Miranda era) una celebridad internacional,
un huésped imprescindible
en toda cena de un anfitrión liberal”.
Karen Racine
Corría el mes de septiembre de 1781. A Kingston, capital de Jamaica, arriba el caraqueño Francisco de Miranda, de 31 años de edad. Desde hacía 8 años pertenecía al español Regimiento de Infantería de la princesa, primero como Capitán y luego con el grado de Teniente Coronel. Su presencia en la tercera isla más grande de las Antillas mayores respondía a una misión secreta, asignada por su superior, el Mariscal de Campo Juan Manuel Cajigal, de evaluar allí la situación militar británica y comprar algunos barcos (Quintero, 2006), pero bajo el pretexto de ser un representante español comisionado para la negociación de un canje de prisioneros. Con todo y la natural desconfianza inicial que un personaje como él generó en los ingleses, la misión tuvo éxito, pudiendo recoger de primera mano la información requerida, adquirir lo previsto y rubricar un convenio para el intercambio de prisioneros españoles e ingleses que se encontraban en Kingston y Cuba, respectivamente.
Esa estadía, de unos 3 meses, le permitió a Miranda también cumplir con uno de sus más prolijos hobbies: la lectura que, desde sus días de colegial en Caracas, lo hacían estar a la vanguardia de todo lo que se publicaba y editaba en diferentes disciplinas e idiomas, que le acarrearon no pocos encontronazos con la Santa Inquisición española. Aún bajo la condición particular que poseía, Miranda sintió en territorio jamaiquino la libertad de la que carecía en otras partes para visitar librerías y adquirir obras de plumas notables como las de Shakespeare, Sterne o Smollet, pero también la de un autor escocés, que tenía en su lista de interés desde 1780, dado el revuelo que había generado con sus disruptivas nociones de cómo funcionaba una proto disciplina dedicada a explicar el nivel de vida de la gente. Se trataba de “Una investigación acerca de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones”, de Adam Smith. Publicada originalmente en 1776, la comprada por Miranda en Kingston fue la segunda edición, corregida y ampliada por el propio Smith en 1778.
Entre la multitud de curiosidades e intereses intelectuales de Miranda, el manejo del tema económico posiblemente sea uno de los menos estudiados por sus biógrafos, pero se sabe que aun con las carencias propias de una ciencia que apenas estaba viendo la luz y de las limitaciones de las censuras eclesiástica y política de la época, el caraqueño leía y contrastaba cuanto estuviera a su alcance. En los registros que se tienen de la biblioteca que llegó a formar a lo largo de su vida, figuran obras de James Mill [1] y David Hume, pero también un ejemplar de “Una investigación acerca de los principios de la Economía Política”, del escocés James Steuart (Uslar Pietri, 1969/1954), otro de los pioneros de la disciplina, pero cuyas ideas se encontraban en las antípodas de las de Smith, Mill o Hume: defensor del mercantilismo, de la creación de un fondo de subsistencia para evitar una vida precaria o que la ganancia era un recargo por la venta de un bien.
No es difícil suponer que Miranda contrastó los postulados de todos ellos y tampoco cuáles prefirió: libertades individuales, derechos de propiedad (Miranda, 1810); Estado limitado, con ramas separadas y autónomas (The Economist, 2016); tributos moderados y libre comercio internacional son temas presentes en sus textos y proclamas, como parte de lo que consideraba una noción de integral de la libertad y la independencia. Colombia, la nación que Miranda proyectaba a lo largo del actual continente americano, tendría que estar integrada activamente al comercio mundial, con puertos abiertos y libre circulación de mercancías.
El interés de Miranda por la obra de Smith no se detuvo allí. Como parte de su inclinación a codearse con la intelectualidad más sobresaliente de su época, el caraqueño se refirió a Smith en sus correspondencias y obtuvo una carta de presentación para conocerlo personalmente en un viaje a Edimburgo en 1785, firmada por el inglés Thomas Pownall [2], pero que no pudo concretarse (Uslar Pietri, 1969/1954).
Por aquellos tiempos, Miranda también había adquirido en Londres la tercera edición de “…la riqueza de las naciones”, que fue ampliada y editada por primera vez en tres tomos[3], incluyendo un apartado acerca del manejo de las colonias por parte de los Imperios, de especial interés para el caraqueño en sus proyectos libertarios.
Lo interesante del caso es que Miranda -según lo que se ha podido documentar- es pionero en la América hispana en tener un contacto directo con la obra cumbre de Adam Smith, en su idioma original. La primera versión completa del texto en español fue publicada por José Alonso Ortíz en 1794, bajo las férreas pautas de censura propias de las autoridades monárquicas y eclesiásticas (quienes prohibieron totalmente la circulación de la edición en francés de 1792, por ejemplo) y así fue que llegó, no sin dificultades ni mutilaciones, a manos de Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Antonio Nariño, entre otros.
A pesar de todo ello, las ideas de Smith acerca de lo que debe constituir una economía libre y próspera tuvieron su efecto sobre los constituyentes de las nuevas naciones independientes que surgieron en la América hispana a inicios del siglo XIX. Lo lamentable es que no han sido muy consistente con esas ideas. El más reciente informe de The Heritage Foundation acerca del índice de libertad económica revela que solamente 7 naciones hispanoamericanas aparecen entre las 89 economías consideradas como libres, mayormente libres o moderadamente libres, en contraste con las 12 que aparecen en el listado de 87 economías mayormente restringidas o reprimidas (The Heritage Foundation, 2026). Y la tierra de Miranda, para su pesar, aparece en los últimos puestos. A 250 años de la aparición de la primera edición del texto más famoso de Smith y de la sucesiva influencia que pudo tener en esta parte del mundo, lo mínimo que se merecen Miranda y los otros pioneros es que podamos mejorar nuestras posiciones en esas mediciones, por el bien de todos.
[1] Con quien entabla amistad y presenta personalmente a Andrés Bello, Simón Bolívar y Luís López Méndez en Londres en 1810 (Quintero, 2006).
[2] Un interesante personaje que había sido gobernador en América del Norte y había discrepado de la política impositiva real inglesa sobre sus colonias.
[3] Esa adquisición fue registrada por el propio Miranda en su diario, con la siguiente frase: «Smith’s Wealth of Nations… 3 vols. 8º… £1. 1s.» (Miranda, s.f.). Eso significaba que eran 3 volúmenes, de formato 8º, equivalentes a un tamaño de 20 a 25 centímetros de alto, por los cuales pagó 1 libra esterlina y 1 chelín.
Fuentes consultadas:
Miranda, F. (s. f.). Inventario de libros [Manuscrito]. Archivo de la Libertad, Sección Viajes. http://colombeia.org.ve/
Miranda, F. (15 de mayo de 1810). El cambio de régimen y el respeto a los derechos fundamentales.
El Colombiano, (5).Quintero, I. (2006). Francisco de Miranda (Vol. 25). Biblioteca Biográfica Venezolana; El Nacional; Banco del Caribe.
The Economist. (21 de julio de 2016). Lessons from a liberal swashbuckler. The Economist. https://www.economist.com/the-americas/2016/07/21/lessons-from-a-liberal-swashbuckler
The Heritage Foundation. (2026). All country scores: 2026 Index of Economic Freedom. https://economicfreedom.heritage.org/pages/all-country-scores
Uslar Pietri, A. (1969). Los libros de Miranda. En En busca del Nuevo Mundo (pp. 63-80). Editorial Taurus. (Obra original publicada en 1954).




