Desde que el ser humano ha existido en la faz de la Tierra, se ha visto comprometido en satisfacer sus necesidades con el propósito de subsistir durante el transcurso de su curva evolutiva. Destacando que para ello, ha tenido que emplear los recursos escasos y factores de la producción provenientes del entorno, tales como la tierra, el trabajo, el capital y la tecnología que le garanticen la obtención de productos susceptibles de consumo, sean bienes o servicios.

Ahora bien, se puede afirmar que las relaciones personales proyectan un componente transaccional, por lo consiguiente, los individuos que conforman una sociedad se interrelacionan a través del flujo monetario y real impulsados por los principios económicos de Oferta y Demanda. Sin duda alguna, más de un economista, profesional de carrera afín o estudiante universitario habrá afirmado en silencio al mismo tiempo que su vista se paseaba por cada línea conceptual.

No obstante, el estudio debe ir más allá de la simple memorización y el aprendizaje constante invita a la revisión exhaustiva sobre tópicos (que suelen excluirse en los programas de formación académica) para inculcar la habilidad de la reflexión de los distintos acervos cognitivos vinculantes que consagran una  visión holística de los hechos, lo cual fortifica la capacidad de pensamiento y expresión bajo la propia voluntad sin la coacción de la ignorancia o la multitud.

Dado que las herramientas tecnológicas se han multiplicado en estos últimos años debido al proceso de globalización, resulta apremiante traer a colación los significativos aportes que ha presenciado la sociedad; los cuales han sido sepultados por carencia de fuerza comunicacional. He aquí una humilde y sucinta deliberación sobre el rol preponderante de la Escuela Austríaca de Economía; titular de una reputación poco conocida e injustamente omitida.

Su influencia ha sido positiva desde su surgimiento hasta el panorama actual, ya que sus contribuciones se caracterizan por manifestar una carga multifactorial altamente significativa a nivel filosófico y socioeconómico; pero, cáusticamente, ha sido uno de los acervos cognitivos menos difundidos a pesar de haber producido la Revolución Marginalista a finales del siglo XIX.

Esto puede deberse a múltiples causas, entre tantas, por el poco conocimiento del idioma alemán, al igual que la persecución Nazi orientada a lograr el abandono de las figuras más emblemáticas de Viena durante 1930, motivando su dispersión exponencialmente.

Es por ello que, el estudio de la Economía amerita la revisión oportuna de los eventos históricos que fomentaron la aparición de nuevas hipótesis con la intención de comprender sus orígenes, al mismo tiempo que facilita el análisis comparativo entre naciones y momentos coyunturales dado el carácter atemporal y vigencia permanente de los conocimientos instaurados. Dicho de otra forma, la inspección del contexto histórico permite ubicar al lector en los parámetros del espacio-tiempo que propiciaron su anhelado surgimiento.

En 1805, Austria sufre una serie de derrotas militares frente a las fuerzas encabezadas por Napoleón Bonaparte (1769-1821). Francisco renuncia a su título de Emperador de Roma para convertirse en Francisco I, Emperador de Austria. En este orden de ideas, el país se configuró como “Líder del Habla Alemana” con la intención de luchar en contra de Bonaparte, terminando en una situación desventajosa para Austria tras el Tratado de Paz de Schönbrunn (1809).

Esto genera que Klemens W. Von Metternich (1773-1859) asuma el Ministerio de Relaciones Exteriores, catalogada como déspota hasta 1848 porque en varias ocasiones dirigió las fuerzas especiales para reprimir a la ciudadanía, a tal punto de estar terminantemente prohibida la impresión de la palabra “Constitución” en los periódicos.

En virtud del fallecimiento del Emperador Francisco I en 1835 y la insuficiente capacidad de su hijo Fernando I para asumir este rol por motivos de enfermedad; la gobernabilidad y gobernanza se coloca en manos de Metternich, aumentando los reclamos de libertades.

Años más tarde, en 1848 se produce una revolución en París reclamando libertades civiles, repercutiendo inmediatamente en Viena, Bohemia y Hungría hasta llegar a Austria al cabo de unos meses. De esta manera, se pudo exigir el establecimiento de una Constitución, la conformación de Asambleas representativas, el derecho al sufragio, la fijación de los límites de la acción policial, la libertad de prensa y la abolición de la esclavitud.

Metternich escapó a Inglaterra disfrazado; dado que los revolucionarios no eran lo suficientemente fuertes en materia política, sufren una contrarrevolución y Hungría ofreció la mayor resistencia posible ante el Emperador Francisco José I (sobrino de Fernando I) viéndose obligado a solicitar auxilio al zar Nicolás de Rusia para no dejarse vencer por la fuerza húngara.

A pesar que Rusia intervino para vencer a los húngaros; durante la Guerra de Crimea (1854-1856) se sintió defraudada cuando Austria se mantuvo neutral. Sin duda alguna, este compendio de guerras y enfrentamientos en los años subsiguientes agravó el deterioro de la Economía Austríaca y el Gobierno reflejó una imagen tan desprestigiada que tuvo que retomar las reformas constitucionales, fomentando la elección de los diputados que representarían a las provincias en el Parlamento Imperial.

Posteriormente, en 1867 Austria y Hungría crearon “El Imperio Austrohúngaro” donde coexistían el Imperio Austríaco y el Reino de Hungría; cada uno con su Constitución y Parlamento. Lo mejor de todo es que no estaba permitida la injerencia, es decir, ninguno podía intervenir en los asuntos internos del otro. Tristemente, en 1918 se desintegró tras la culminación de la Primera Guerra Mundial.

En este orden de ideas, se conoce como Escuela Austríaca de Economía  al compendio de teorías económicas, correctamente fundamentadas mediante los trabajos de Carl Menger (1840-1921), Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914), Friedrich von Wieser (1851-1926), Ludwig von Mises (1881-1973), y Friedrich Hayek (1899-1992), los cuales fueron desarrollados desde 1871 en Viena.

Por suerte, la Constitución que el Emperador debió aceptar en 1867 seguía vigente hasta la desintegración del Imperio, generando el clima idóneo para el desarrollo de una vida intelectual libre de opresiones. Viena se transformó en uno de los centros científicos y culturales más importantes de toda Europa.

Asimismo, el Gobierno no podía intervenir en los programas de formación académica de las Universidades, ya que estaba limitado por tres factores, el primero, no podía reformular el contenido de las doctrinas que impartían, es decir, los profesores gozaban de una amplia libertad erudita para dictar sus clases magistrales y recomendar la bibliografía más pertinente.

En segundo lugar, los profesores eran designados si las autoridades de la Facultad los postulaban correctamente, cumpliendo con los requerimientos exigidos para ejercer su rol. Por último, se le permitía a cualquier persona con el grado académico de Doctor y autor de un libro científico; solicitar a las autoridades de la Facultad su admisión como profesor Ad Honorem.

En paralelo, la Escuela Clásica de Economía había ganado territorio en Inglaterra con John Stuart Mill (1806-1873), enunciando una teoría de los precios en forma confusa, dudosa e inclusive, deficiente para muchos estudiosos pero casi incuestionada dado su prestigio autoritario. Por el contrario, en los países de habla alemana, el Historicismo era realmente predominante y sería crucial en el desarrollo de la Escuela Austríaca de Economía.

En este sentido, a comienzos de la década de 1870 surge la Escuela Histórica Moderna, cuyo fundador fue Gustav von Schmoller (1838-1917), quien negaba las leyes de validez universal en las ciencias sociales, al mismo tiempo que se oponía al liberalismo propugnado por los economistas clásicos. Se debe recalcar que estos ideales eran los más influyentes en el mundo del habla alemán y bajo este panorama nació la Escuela Austríaca de Economía. Sin embargo, sus incompatibilidades se desencadenaron en el terreno epistemológico y las generaciones posteriores prestaron mucha atención a este criterio hasta la actualidad.

En detalle, narrar los aportes de esta Escuela sin mencionar el desempeño comprometido e innovador de Menger sería totalmente incongruente, esto se debe a que él es el fundador ejusdem y el primer economista reconocido del país, perfilándose como un pionero ante el prestigio de la Escuela Clásica de Inglaterra y la Escuela Histórica Moderna en Alemania. De hecho, tomando como referencia al autor Cachanosky, J. (2012) en su artículo denominado “La Escuela Austríaca de Economía” para la Revista de Investigación Científica “Hispanic American Center for Economic Research (HACER)” [1] de Washington se puede conocer la perspectiva de Mises de la siguiente manera:

«Con la excepción de Bolzano, ningún austríaco contribuyó con algo de importancia en las ciencias filosóficas o históricas antes de la segunda parte del siglo XIX. Pero cuando los liberales removieron las trabas que impedían cualquier esfuerzo intelectual, cuando abolieron la censura y denunciaron el concordato, mentes eminentes empezaron a converger hacia Viena”.

Asimismo, la aparición del primer libro de Menger titulado “Principios de Economía Política” en 1871 encaró a los economistas clásicos, ya que implicaba la formulación de leyes económicas universalmente aceptadas y atemporales, contrastando con los ideales historicistas, al mismo tiempo que cuestionaba la teoría de los precios porque señalaba que los costos de producción no determinaban el valor de los bienes, sino que era a la inversa.

Destacando que en sus días como profesor universitario, el gabinete austríaco estaba dominado por miembros del partido liberal quienes apoyaban la igualdad ante la ley, la libertad de comercio y los derechos civiles. Sin embargo, este predominio culminó a finales de los años setenta cuando la Iglesia, los emblemáticos personajes aristocráticos checos y polacos (sumado a los partidos nacionalistas) derrocaron al partido liberal. El nombre de Escuela Austríaca de Economía se debe a las disputas entre Menger y Schmoller; éste criticó los argumentos del primero a lo que Menger justificó el bajo nivel académico de sus ataques.

Debido al transcurso de esta polémica y aprovechándose de una connotación peyorativa, Schmoller identificaba a su contraparte y sus discípulos como “El Grupo de Viena en Alemania”. He aquí la consolidación del nombre “La Escuela Austríaca”, cuyos aportes más destacados vienen a ser que el precio de los bienes finales determinan los bienes de producción y no al revés como sostenían los economistas clásicos.

Tal como señala Piña, E. (2005) en su artículo titulado “El Desarrollo Sustentable: la Escuela Austríaca” para la  Revista de Investigación Científica, Vol. XIII número 25 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) [2] de la siguiente manera:

“Las conclusiones de los austríacos fueron diferentes. Para ellos la teoría de la utilidad marginal no era el complemento que faltaba a los clásicos, sino que implicaba un giro copernicano respecto de la teoría del valor en cambio clásica. A partir de la teoría de la utilidad marginal los austríacos llegaron a la conclusión de que no son los costos los que determinan los precios (valor en cambio), sino que, por el contrario, son los precios de los bienes finales los que determinan los precios de los bienes de producción, o sea los costos. Si bien en el largo plazo precios y costos tienden a igualarse, para los austríacos la dirección causal es opuesta a la sostenida por los clásicos”.

Es de hacer notar que la Teoría de la Utilidad Marginal era la pieza del ajedrez que generó un cambio trascendental en contraposición a la Teoría del Valor en Cambio Clásica. Evaluando este principio dentro del espectro contemporáneo se debe afirmar que ningún empresario u oferente puede permitirse pagar los costos por encima del precio del producto final al que los demandantes están dispuestos a pagar para consumirlos.

En retrospectiva, los bienes de producción obtienen valor sencillamente porque los bienes finales son valorados y susceptibles de consumo para la satisfacción de necesidades. En otras palabras, como los productos son el resultado de un proceso mediante el cual se emplean recursos humanos, materiales, técnicos y financieros, al igual que factores de la producción, tienen propiedad vendible para el empresario, permitiéndole percibir un merecido margen de ganancia.

Por lo tanto, debido a que lo productos se pueden vender, le permiten al oferente estar dispuesto a cubrir su estructura de costos. Los costos no son variables que determinan el precio del bien final, por el contrario, son el resultado de la existencia de precios que deben ser cubiertos para poder producir.

Al revisar la evolución histórica del dinero, sigue vigente cómo cada parte de la relación transaccional realiza el intercambio del flujo monetario y real porque cada quien valora más lo que pretende recibir en comparación a lo que posee y desea entregar. Destacando que esta situación se ejemplifica gracias a la siguiente explicación de Menger la cual pudo recabarse por el autor Rojas, M. (2010) en su artículo denominado “El Derecho desde la Perspectiva de la Escuela Austríaca de Economía – La Visión de Friedrich A. von Hayek” para el Congreso Internacional “La Escuela Austriaca en el Siglo XXI” [3]:

 “[…] si un diamante fue encontrado accidentalmente o si se lo obtuvo de una mina de diamantes con el empleo de mil días de trabajo es completamente irrelevante para su valor. En general, nadie, en su vida cotidiana, pregunta por la historia del origen de un bien para estimar su valor, sino que toma en cuenta solamente el servicio que el bien le brindará y al que tendría que renunciar si no tuviese el bien a su disposición”.

Además, apoyaba la libertad de cátedra, alegando que no hay mejor manera de poner en evidencia el contrasentido de un modo de razonar que permitirle seguir su curso hasta el final. En otras palabras, queda evidenciado mediante este razonamiento inmarcesible que las vivencias en carne propia desencadenan las mejores lecciones de vida.

En cuanto a Eugen von Böhm-Bawerk se debe mencionar que no fue estudiante directo de Menger, pero sí recibió influencia a través de la lectura de sus ejemplares, al igual que Friedrich von Wieser. Esto demuestra lo poderoso que puede llegar a ser una idea cuando está debidamente estructurada y se transmite en forma argumentativamente convincente.

Hasta el punto en que ambos publicaron sus obras sobre “Historia y Crítica de las Teorías del Interés” y “Origen y Principios del Valor” a mediados de 1884, en forma individual por Böhm-Bawerk y Wieser, respectivamente. Cabe señalar que solo el primero continuó en la corriente de pensamiento mengeriano, ya que Wieser terminó acercándose a la Escuela de Lausanne.

En efecto, el primero mantuvo un lenguaje claro y argumentación evidente que fomentó la difusión de la Teoría de la Utilidad Marginal conservando el enfoque originario. Posteriormente, aceptó dirigir seminarios en la Universidad de Viena cada viernes en la tarde, ya que su intención era asumir el papel como moderador en lugar de profesor, permitiéndole a la audiencia reflexionar y debatir sobre el tema presentado.

De esta manera, se refleja la relevancia del papel estudiantil como agente protagónico en su proceso de aprendizaje. Acotando que, uno de los nombres de importancia dentro del seminario es Ludwig von Mises, quien sería el seguidor más destacado de la línea mengeriana.

Al respecto, Mises obtuvo su doctorado en 1906 e ingresó como profesor Ad Honorem en la Universidad de Viena gracias a su trabajo en la Cámara de Comercio Austríaca puesto que al ser un liberal clásico se le negaba el ejercicio de dicho cargo en los países de habla alemana. Lamentablemente, el nivel educativo había decaído, bajo su óptica llegó a sentenciar el siguiente extracto, el cual pudo revisarse gracias al aporte del autor Cachanosky, J. (2012) en su artículo denominado “La Escuela Austríaca de Economía” para la Revista de Investigación Científica “Hispanic American Center for Economic Research (HACER)” [1]:

 “Recuerdo haber pasado momentos muy difíciles tratando de convencer al comité (examinador) de que debía reprobar a un candidato (a Master) que creía que Marx había vivido en el siglo XVIII”.

Por lo consiguiente, se vio comprometido a instaurar reuniones quincenales para dictar seminarios altamente efectivos donde surgieron grandes científicos de renombre internacional como Gottfried von Haberler (1900-1995), Felix Kaufmann (1895-1949) y Fritz Machlup (1902-1983).

Años más tarde, la estimulante vida intelectual fue apaciguada por la ocupación de Hitler y el advenimiento del movimiento Nazi en el transcurso de toda la década de 1930, lo cual desencadenó como consecuencias elevadísimas tasas de hiperinflación y guerras civiles. En consecuencia, Mises solo pudo recomendarle a sus estudiantes la acción más sensata: Abandonar Austria lo antes posible. En 1948 comienza a dictar seminarios en la Universidad de Nueva York hasta 1969.

De este modo, la Escuela Austríaca de Economía se apagó en su país natal pero renació de sus cenizas en Estados Unidos tal como un Ave Fénix. Con toda seguridad, Mises constituye el más claro ejemplo sobre cómo una persona puede convertirse en un agente multiplicador de cambios a través de la difusión asertiva de un sólido mensaje en todas partes del mundo.

Del mismo modo, extrajo un mayor volumen de implicaciones lógicas de la estructura cognitiva de Menger y publicó “Acción Humana” (1949), catalogado como “El Primer Tratado Sistemático de Economía” [4] en palabras de la Página Web Oficial del Mises Institute en su artículo “La Acción Humana de Ludwig von Mises-70 Años de Pertinencia Permanente” con domicilio electrónico en Estados Unidos. Asimismo, unifica el flujo puramente monetario y absolutamente estructural bajo la Teoría del Ciclo Económico.

No obstante, en los libros modernos de Microeconomía ha prevalecido una inquietante hipótesis, la cual pudo revisarse gracias al autor Torres, R. (2014) en su ensayo “Epistemología Económica-Pensamiento Económico de la Escuela Austríaca” para la Universidad del Zulia en Venezuela [5] en alusión a otros autores tales como Piña, E. (2005):

“Se basa en deducir la curva de Oferta a partir de los costos marginales y determinar la de la Demanda por medio de la utilidad marginal, siendo la intersección de ambas lo que fije el precio según la tradición Cambridge-Lausanne”.

Para los austríacos existe un enfoque distinto de la teoría económica puesto que los precios y los costos no son más que la síntesis de una amplia cantidad de información; necesaria para alcanzar los términos de eficiencia al asignar los recursos. Por otro lado, demuestra la imposibilidad del cálculo de la eficiencia económica en un régimen socialista; afirmando que el comportamiento del mercado no es homogéneo ni estático, debido a que la asignación de todos esos recursos sucede bajo un continuo proceso de adaptación epistemológico, ocasionando que la información refleje fluctuaciones.

Los economistas de Cambridge-Lausanne se han dedicado a efectuar análisis del mercado dentro del espectro idealista del punto de equilibrio, es decir, aquella situación donde los valores de Oferta y Demanda se igualan sin generar escasez ni excedente de productos, lo cual constituye una entelequia literaria alejada de la practicidad cotidiana.

En correlación a lo explicado, las fórmulas matemáticas suelen ser rígidas sobre todo ante eventos inflacionarios, ya que este fenómeno distorsiona los parámetros considerados como normales tras el alza continuo y generalizado de los precios al mismo tiempo que induce la disminución del poder adquisitivo.

Esto explica cómo en la actualidad los análisis clasistas no proyectan el alcance necesario, asimismo, si el Gobierno dicta una política monetaria coercitiva caracterizada por asignar una cantidad de dinero superior a la que el mercado en forma libre hubiese podido fijar, termina por desajustar los precios. En definitiva, queda en evidencia que el Gobierno debe cumplir su rol legislativo pero no entrometerse en el desarrollo de la Economía en términos de Oferta y Demanda.

Sin embargo, otros enfoques no consideran en lo absoluto los cambios en los precios relativos, tal como expresa el economista Milton Friedman (1912-2006) en el siguiente extracto, revisado a través del artículo “Cero, cero, cero” del célebre economista venezolano Toro Hardy, J. (2018) para el Periódico Digital “Analítica” [6]:

“La causa próxima de la inflación es siempre y en todas partes la misma: un incremento demasiado rápido de la cantidad de dinero en circulación con respecto a la producción”.

Como puede apreciarse, Friedman señala que el crecimiento de la cantidad de dinero no se debe a la interferencia estatal sino, simplemente al aumento del dinero. En el caso de Venezuela, la cantidad de dinero sin respaldo que emite el Banco Central de Venezuela (BCV) para financiar el déficit fiscal mientras decrece constantemente el Producto Interno Bruto (PIB).

Aunado a lo anterior, los defensores de Cambridge-Lausanne establecen que el empresario representa aquella figura que desestabiliza el mercado al innovar e instaurar un nuevo ciclo económico. Los economistas austríacos, por el contrario, establecen que el empresario contribuye como factor equilibrador de la Economía porque debe estudiar el mercado antes de efectuar sus inversiones en los sectores donde le sea más favorable.

Como puede notarse, debido al contexto histórico señalado en páginas precedentes, provienen de una entropía social, por lo consiguiente, la Economía no podía desestabilizarse más de lo que ya estaba. Además, al adaptarse a los cambios podían maximizar ganancias y reducir pérdidas, lo cual se acopla con la esencia administrativa. Además, la Economía es una ciencia que deriva de otra más general conocida como “Praxeología” o “Ciencia de la Acción” por simple antonomasia, acompañada de una condición apriorística, es decir, la concepción de bosquejos reales sin incidir en la práctica directamente.

Extrapolando esta contribución a la vigencia se determina una clara distinción entre las ciencias naturales y sociales, ya que los elementos de las primeras tienen un comportamiento definido, mientras que los factores configuradores de las ciencias sociales pueden decidir cómo responder ante un estímulo.

Resaltando que uno de los aportes que mayor revuelo internacional ha causado es el de la imposibilidad del cálculo económico en una sociedad socialista donde Mises no fue el primero en exponerlo pero sí defendió rigurosamente su posición a tal punto de obligar a los socialistas a reevaluar sus ideales, sobre todo, dirigido al alemán Max Weber (1864-1920) y al ruso Boris Brutzkus (1874-1938). Cabe destacar que la siguiente cita del economista socialista Oskar Lange (1904-1965) fue posible gracias al autor Torres, R. (2014) en su ensayo “Epistemología Económica-Pensamiento Económico de la Escuela Austríaca” para la Universidad del Zulia en Venezuela [5]:

“[…] aunque el profesor Mises no fue el primero en suscitar tal cuestión, y a pesar de que no todos los socialistas tenían un desconocimiento tan total del problema como se sostiene a menudo, es cierto, sin embargo, que, especialmente en el continente europeo (fuera de Italia), el mérito de haber obligado a los socialistas a considerar de manera sistemática este problema pertenece por entero al profesor Mises”.

Evidentemente, Mises enseñó que se debe defender las convicciones propias y ajenas siempre que estén debidamente argumentadas, incluso cuando se traduzcan en impopularidad. De igual manera, enseñó a sus alumnos que un economista destacado se diferencia del profesional promedio en la medida que esté versado en lógica-matemática, historia, jurisprudencia e idiomas como aspectos mínimos requeridos. De hecho, explicaba sus clases empleando conocimientos interdisciplinarios, al igual que realizaba citas en francés y alemán.

A su vez, Hayek es uno de los discípulos más relevantes de Mises aunque nunca pudo desprenderse en su totalidad de las influencia del economista Wieser. Sucintamente, Mises necesitaba un Abogado con conocimientos en Economía y con ayuda de una carta de recomendación de Wieser, Hayek pudo comenzar a trabajar junto a Mises.

Destacando que sus aportes son tan variados como su desempeño académico, pudo reconocer que la información relevante del mercado es imperfecta, imposibilitando la omisión absoluta de errores al momento de formular las predicciones. Por otro lado, consolidó el pensamiento de Mises, señalando que no siempre era fácil de seguir.

Otra de sus contribuciones involucra el componente monetario y su relación con los ciclos económicos para darle respuesta a la Teoría Keynesiana cuando solamente estaba enfocada en darle una conceptualización a las políticas gubernamentales que ya se venían practicando desde algún tiempo atrás.

Pero esto no es todo, Hayek aplica sus conocimientos en distintos ámbitos, extrapolando los mismos al terreno de las instituciones sociales, indicando que la sociedad es un fenómeno complejo que ninguna mente individual puede captar en todos sus detalles y analiza el sistema legal necesario para una sociedad libre.

Se debe acotar que cada uno de estos trabajos académicos resalta la ardua e inquisitiva labor del economista dado las cualidades, intereses, gustos, preferencias y subjetividades en general de las personas que integran la sociedad susceptible de estudio. Dicho en otras palabras, el análisis económico corresponde más al perfil psicológico, sociológico y conductual de cada individuo en contraposición a los factores macroeconómicos, calculados matemáticamente bajo el esquema de la estimación y la proyección. En efecto, resulta imposible predecir con exactitud las distintas decisiones económicas de un mercado en forma totalmente objetiva.

En algunas ocasiones, los investigadores suelen generalizar un mismo sentir cuando se trata de estudiar procesos que involucran a las masas. No obstante, representar el pensamiento económico austríaco bajo una descripción única puede llegar a considerarse una ofensa al individualismo metodológico, ya que el arte y la ciencia de argumentación de cada profesional no resultan homogéneos a pesar de las similitudes que existen entre sí cuando se comparan las conclusiones obtenidas por separado.

Por lo consiguiente, sus rasgos distintivos resultan sumamente pintorescos, variados y enriquecedores, conformando la Teoría Económica Prevaleciente y su hito decisivo viene a ser la Teoría del Valor porque resalta diferencias más profundas de las que se aprecian en los textos correspondientes. En definitiva, la conversión de la Teoría Clásica del Valor a la consideración del perfil subjetivo no solo representó la sustitución de un enunciado poco realista por otro mejor, sino que redefinió las bases para la Teoría del Mercado, así como el alcance y el método de la Ciencia Económica.

A pesar que este tema suele dar lugar a múltiples ambigüedades, confusiones y errores, se debe aclarar que los economistas clásicos empleaban los términos “valor de uso” y “valor de cambio” pero sin preocuparse en emitir una diferenciación clara, precisa, diáfana y enfática aun cuando conocían subconscientemente su relevancia.

Si bien es cierto que existen formas de calcular la toma de tales decisiones dentro del contexto matemático, se debe resaltar que el espectro de los fenómenos sociales resulta tan amplio que no debe considerarse en forma aislada a las decisiones de cada persona que origina las mismas, por lo que la creación de los modelos predecibles del mercado está continuamente sesgado.

Se debe destacar que la formación académica de los profesionales actuales se deriva de una bibliografía universitaria carente de este acervo cognitivo, siendo reemplazado o desplazado por el enfoque de otras corrientes filosóficas de Escuelas más difundidas como la de Cambridge, evidenciable mediante las páginas de textos catedráticos sobre Introducción a la Economía, Microeconomía, Macroeconomía y Estudio de Mercados.

Aunado a ello, los economistas austríacos se perfilan como un ejemplo a seguir para los estudiantes de cualquier parte del mundo. Esto se debe a su constante ímpetu de estudiar las teorías económicas contrarias a su ideología que exigía el pensum universitario para aquella época, pero nunca desistieron de investigar, leer y debatir sobre la certeza de la información, motivando el pensamiento crítico y analítico mediante estos verbos gestores.

En definitiva, una herramienta ventajosa frente a colegas internacionales. A manera de ilustración, el profesor Ludwig Von Mises les recitaba a sus alumnos lo siguiente a manera de recomendación, el cual pudo recopilarse del artículo “Ludwig von Mises-Un Erudito Que No Transige” publicado bajo la autorización del Mises Institute con domicilio electrónico en Estados Unidos [7]:

«Lean todo lo que sus profesores les indican leer. Pero no lean solo eso. Lean más. Lean todo acerca de un tema, desde todos los puntos de vista, ya sean socialista-marxista, intervencionista o liberal. Lean con mente abierta.

Aprendan a pensar. Solo cuando conozcan su campo desde todos los ángulos podrán decidir que es correcto y que es falso. Solo entonces estarán preparados a responder a todas las preguntas, inclusive las que les hagan sus opositores».

Sin ánimo ni intenciones de generar molestias a los economistas y profesionales de carreras afines, se debe mencionar que la falta del estudio de los eventos históricos y otras disciplinas científicas tales como la Filosofía, la Geografía, el Derecho, la Psicología y la Sociología (por nombrar solamente algunas) termina afectando considerablemente su necesario avance.

Ciertamente, poseer destrezas matemáticas es vital para el economista pero esos números tienen significados y pueden asimilarse en la medida que se conserve la pizca de la intuición humana por encima de una mecánica resolución algebraica. Mises lo sabía, por lo tanto, no incurrió en los errores de los economistas matemáticos; evitando obsesionarse por construir modelos idealistas desapegados de los asuntos epistemológicos circundantes.

Injustamente, la bibliografía austríaca está en la actualidad casi ausente en las carreras profesionales, entre ellas, en Economía. Por ende, si los estudiantes, catedráticos y profesionales no procuran entrar en el amplio y bello mundo del saber, su tendencia a ejercer su carrera se caracterizará por una visión amputada y, lo más doloroso, es que sucederá bajo la propia voluntad.

Autor: Cecilia el Valle Vasquez Guignan

Mención honorífica. Concurso de ensayo libre «Aportes de la Escuela Austriaca de Economía, a los 150 años de fundada». Auspiciado pro CEDICE Libertad y el Instituto Libre Desarrollo

 


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