Los centros comerciales se han transformado en una especie de “medidor” informal de la economía venezolana. Como sucede con tantas otras cosas, el estado en el que se encuentran los centros comerciales se emplea para afirmar que Venezuela está mejor o peor. Así, quienes quieren demostrar que el país tiene cierto grado de mejora se enfocan en las tomas de los centros repletos de gente; en tanto que aquellos que quieren reforzar la premisa de la crisis humanitaria, del país profundamente empobrecido, emplean las fotos de los centros comerciales desolados, en una viva alusión a la caída del consumo y la limitada actividad comercial.

Sea como fuere, al final estas perspectivas lo que hacen es reforzar los sesgos de confirmación de cada una de las personas. En lo personal, no creo que los centros comerciales, por sí solos, sean indicadores suficientes para atestiguar mejoras de la economía venezolana. A lo sumo, podrán dar algunos datos sobre ciertos negocios, tendencias de consumo y algún que otro vistazo sobre las preferencias temporales de los agentes económicos que visitan aquellos predios.

Creo, además, que salvo en ciertos sectores muy puntuales del país, la realidad de los centros comerciales en la actualidad es más bien decadente. Se encuentran en declive. Con tendencia al cierre y cada vez con menos visitantes. Sin embargo, pienso que las razones por las cuales se da este fenómeno no son exclusivamente políticas, aunque en el caso venezolano, sin duda, las consecuencias del socialismo derivan en un mayor empobrecimiento, caída en el poder adquisitivo y, desde luego, en la capacidad de consumo.

Pero, curiosamente, este declive en los centros comerciales no es exclusivo de Venezuela. En días recientes, el Wall Street Journal señaló que en Estados Unidos el tráfico peatonal disminuyó 4% en promedio en 2023 dentro de los centros comerciales y la cifra es 12% menor a la de 2019. Destaca el diario estadounidense que los consumidores americanos prefieren comprar online o en ferias y locales más informales que estén al aire libre.

Ello ha traído consigo que empresas super establecidas replanteen su estrategia de negocios. Tómese el caso de Macy’s, la conocida tienda por departamentos estadounidense. Macy’s anunció que cerrará cerca de 150 tiendas con bajo rendimiento, lo que equivale al 30% del total de sus locales. La cadena se enfocará en modernizar las 350 tiendas restantes que tiene en su flota, buscando, sobre todo, que la experiencia al cliente se dé en espacios más pequeños que no se ubiquen necesariamente en centros comerciales.

Y esta misma premisa parece aplicarse para otros negocios. Lo cierto del caso es que Estados Unidos, a pesar de tener retrocesos importantes en su sistema de libertades en las últimas décadas, sigue siendo uno de los bastiones más importantes del capitalismo. Y bien eran conocidos los centros comerciales estadounidenses, los malls, reflejo de la cultura de consumo que se ha hecho emblemática en el país de América del Norte, y que al mismo tiempo ha traído variadas críticas, especialmente de los sectores de izquierda.

Valdría la pena preguntarse por qué razón la gente ha dejado de visitar los centros comerciales. Algunas de estas razones creo que son también válidas en Venezuela. Entre ellas encontramos la existencia del comercio electrónico, cambios en los hábitos de consumo, el ahorro generado por la compra de bienes y servicios en mercados informales, exceso de oferta de centros comerciales, poca o limitada diversidad de tiendas (sobre todo en malls pequeños), mala experiencia al cliente, temas de seguridad y salubridad e incluso los cambios en la demografía del país (por ejemplo, el envejecimiento o la migración pueden ser factores clave).

Si a todo ello le agregamos el consabido factor político-económico, pues la mesa está servida para que en Venezuela la desolación sea aún mayor, como regla general y salvo específicas excepciones. 

¿Qué camino le queda a los centros comerciales para recuperar el terreno perdido? Lo obvio, primero. Que mejore la economía. Pero más allá de esto existen otra serie de incentivos. El centro comercial tiene que dejar de ser un simple lugar que agrupa tiendas, cual feria medieval. En su lugar, debe realizar eventos, actividades, incorporar espacios de ocio y entretenimiento, mejorar la experiencia del consumidor e incluso ofrecer novedades tecnológicas. En términos sencillos: innovación.  

Estos son solo unos apuntes hechos a vuelo libre. Pero parto de la premisa de que la decadencia de los centros comerciales si bien tiene elementos que la acentúan en Venezuela, no es exclusiva del país suramericano. Se trata de un fenómeno mundial.