Nicolás Maduro no encuentra la forma de elevar el apoyo del pueblo. La incompetencia y corrupción del régimen, produjeron un divorcio con libelo entre Maduro y los ciudadanos. Ahora su desafío consiste en mantenerse en el poder sabiendo que representa una minoría muy reducida y que, además, carece de los recursos financieros que le permitirían atraer votos y despertar cierto entusiasmo. La opción que le va quedando se reduce a incrementar la represión contra sus adversarios hasta límites que causen terror entre los dirigentes y activistas de la oposición, e intentar construir una leyenda en torno a su liderazgo, basada en su decisión de enfrentar la corrupción de sus propios camaradas y su valentía para desmantelar golpes de Estado, conjuras y magnicidios.

La represión contra sus contendientes ha venido aumentando de forma continua. Los militantes de Vente Venezuela y Primero Justicia, y los dirigentes sindicales y gremiales son sus favoritos. Ya que no puede detener ese torbellino llamado María Corina Machado, que se desplaza por el interior del país con una fuerza avasallante, arremete contra los activistas que organizan las movilizaciones de la dirigente. Su reciente gira por el estado Portuguesa dejó como saldo varios líderes regionales apresados por el Sebin, acusados de terrorismo. ¡Sí, de terrorismo! En un recorrido en el que la violencia la puso el Gobierno. Bajo la misma acusación insólita se encuentran refugiados en la embajada de Argentina en Venezuela varias personas del comando nacional de MCM, entre ellas Magalli Meda, jefa del equipo. Hay que sumar a esta lista las detenciones arbitrarias y las desapariciones forzosas de Rocío San Miguel, Dignora Hernández y Henry Alviárez, entre muchos otros opositores castigados por el Gobierno.

En otro plano, el régimen ha golpeado duro al ya debilitado movimiento sindical y gremial, que exige respetar las convenciones colectivas e incrementar los miserables salarios que ganan los trabajadores. El ‘presidente obrero’ ha aplicado una política antiobrera como nunca antes se había visto en Venezuela. Su estrategia antiinflacionaria ha tenido como uno de sus ejes el control drástico de los incrementos salariales, con la finalidad de contraer la demanda y contener la subida de los precios. Aunque el salario mínimo y, por lo tanto, las pensiones del Seguro Social se mantienen congelados en Bs. 130 ($3.5), el 1 de mayo se decretó el aumento del sueldo mínimo integral a $130, lo cual compensa un poco la erosión del poder adquisitivo.

La represión y persecución de los militantes opositores, se ha combinado con el desmantelamiento de la red de corrupción en torno a Pdvsa y las criptomonedas. Esa investigación ha dado resultados sin duda plausibles, aunque extrañamente tardíos.  Los jefes de esa vasta operación de saqueo de los recursos públicos debían ser descubiertos y castigados con todo el rigor que exige el daño patrimonial causado a la nación. Sin embargo, a medida que van conociéndose los detalles del caso, va quedando claro que además del ataque a los corruptos más depredadores, el Gobierno buscaba saldar cuentas con Tarek El Aisami y la banda que pretendía arrebatarle el poder a Nicolás Maduro. Aquí es donde se produce el parto con fórceps. Con la intención de desacreditar a conocidos dirigentes de la oposición, algunos de los cuales se encuentran en Venezuela y otros en el exterior, el Gobierno está estableciendo unos vínculos artificiales.

Maduro, a través del Fiscal, se refiere a una conspiración orientada a derrocarlo mediante un golpe insurreccional. El giro se ve forzado. El acercamiento de líderes opositores con antiguos adversarios, que entran en conflicto con los subordinados de quienes detentan el poder es de los hechos más comunes en la historia política. Incluso, sucede con más frecuencia en los modelos autoritarios. Hay que recordar que en los meses previos al golpe del 4F, Hugo Chávez y otros conjurados establecieron contactos con personas que habían detentado cargos importantes durante el período democrático. El madurismo oculta esos episodios.

Ahora, el Gobierno trata de empantanar a la oposición en complots con el fin de enrarecer el clima electoral, asociando partidos de la Plataforma Unitaria con proyectos alejados de la vía electoral. La intención luce clara. Podrán decir: ‘con quienes conspiran contra la democracia (la de ellos) resulta imposible ir a comicios’. Por allí se abre la brecha para perseguir, acusar e ilegalizar a quienes supuestamente participaron en la conjura. La oposición saldría descalificada, mientras Maduro aparecería como el líder triunfante. La víctima que no se deja acorralar por sus enemigos.

Leyendas rocambolescas como las que están urdiendo alrededor de la corrupción de Pdvsa y la traición de El Aisami a Maduro, las veremos con frecuencia en los meses que restan hasta el 29J.

La oposición tendrá que estar preparada para encarar todas las calumnias, amenazas, detenciones y desapariciones forzosas de las que el régimen echará mano en su vano intento de evitar la derrota en las votaciones de julio.

La represión sistemática es la única forma de intentar triunfar con solo 20% de apoyo popular.

@trinomarquezc

 

 

 

 

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