A pesar de que muchos siguen soñando con el regreso del petróleo como elemento central de una economía generadora de rentas, estamos en condiciones de aspirar a mucho más que estar pendiente de las alzas y bajas del precio del crudo en el mercado mundial.
Podemos empezar a cuadrar las piezas de un país que en lugar de esperar su tajada se convierta en un ente activo generador de riquezas, nuevos campos y modelos de producir surgen en el mundo en este ínterin que se abre a partir de la posible sustitución de la dominación de la industria petrolera en nuestro país. – Esta perspectiva ligada a la utilización de nuevas tecnologías que posibilitan al productor alcanzar objetivos más precisos en sus planes de producción, contar con un creciente manejo de herramientas, una mayor calidad de la data y un eficiente uso de recursos escasos permiten creer en posibles e inéditos desarrollos a partir de la extensión de nuevas aplicaciones en las zonas más apartadas de cualquier país. Es la esperanza y el desafío que representa la construcción de la Venezuela 4.0 portadora de una vorágine de cambios, enseñanzas y novedosas experiencias, incentivada por las talentosas y adelantadas gentes de la agricultura en el Estado Portuguesa.

En medio del desanimo y de las visiones catastróficas, y más curiosamente aún en el empobrecido mundo rural – agroalimentario venezolano, se ha comenzado a hablar, buscar y crear modos inéditos que permitan no sólo supera la crisis sino inventar nuevas realidades. Surge un tema apasionante, la creación de “Granjas Inteligentes” que expresan la incorporación de la tecnología de información en la agricultura, al mejorar la calidad de los datos obtenidos, la creación de modelos para una agricultura más precisa y una gestión más eficiente de la cadena de valor
desde los productores hasta el consumidor final, todo posibilitado por la novedosa incorporación de herramientas digitales.

Las Granja inteligentes se conceptualizan como “la capacidad de un organismo de tomar decisiones que le permitan alcanzar una sostenibilidad, que incluye la existencia de todas las entidades que la conforman: animales, plantas, clima, mercado, costos, disponibilidad y capacidad del recurso humano, con base en la construcción de datos reales y válidos en el tiempo que respalden a los conductores de la granja en la toma de decisiones coherentes con el objetivo
final, lograr un crecimiento basado en la sostenibilidad, tanto económica como ambiental. En este caso se considera la sostenibilidad –o desarrollo sostenible– como la búsqueda de un avance social y económico que asegure a los seres humanos una vida sana y productiva, que no comprometa las capacidades de generaciones futuras, para satisfacer sus propias necesidades. Por tanto, el desarrollo social que propicia debe contribuir a mejorar la calidad de vida, salud, educación y cultura de todas las personas. El criterio de sostenibilidad surge aunado al concepto de sustentabilidad que implica hacer uso correcto de los recursos actuales. Preservar, proteger y conservar los recursos naturales actuales y futuros, imprescindibles en las buenas prácticas en el sector agrícola y pecuario.

La construcción de la Granja inteligente requiere poder medir una gran cantidad de variables, contar con modelos para calibrar la sostenibilidad, simultáneamente con los datos relevantes bien estructurados para la recuperación, almacenamiento y comprensión de los factores que afectan la sostenibilidad. En resumen, valorar y considerar la importancia de todos los factores o elementos que intervienen en la sustentación de la granja inteligente en la formas más oportuna y precisa posible”.

En medio de la gran crisis que vive el país, la digitalización del agro, de forma sorpresiva, la Granja Inteligente está ya en camino, en muchas zonas del país comienza a programarse incluyendo esta nueva perspectiva.

Estos cambios tan radicales por supuesto que generan temor y desconfianza, desafíos que debemos enfrentar, sin embargo, el esfuerzo más importante radica en comenzar a visualizar la dimensión ética de estas nuevas sendas que abren la ciencia, la tecnología y la inteligencia humana que curiosamente han parido un nuevo elemento “la inteligencia artificial” que trata de acopiar, resumir todo nuestro infinito mundo cultural – tecnológico y ponerlo a nuestro servicio. Este gran avance de la humanidad debemos mirarlo no como una amenaza sino como una perspectiva de mayor libertad aun aceptando las inquietudes políticas que ninguna maquina puede dilucidar ni anticipar.

Podríamos preguntarnos si este cambio tecnológico radical aumentará o disminuirá las diferencias entre los distintos sectores ¿habrán beneficiados y excluidos? El poder tecnológico tenderá a concentrarse o se abrirá como una posibilidad de participación sin límites para los distintos grupos, sectores, razas, religiones, territorios.

Cuál debería ser nuestra actitud, qué hacer para incorporarnos a un fenómeno que parece indetenible, la presencia de equipos concentradores de nuestros rasgos culturales, ¿Qué nuevo reto trae la ciencia y la tecnología? ¿cómo
congeniamos y nos sumergimos en ese mundo que marcha a pasos agigantados? ¿Puede este nuevo desarrollo convertirse en un mecanismo separador de los humanos derivados de su capacidad de introyectar nuevos modos de hacer y de vivir con un alcance restringido o serán universalmente abiertos? Cuál es la repercusión en la condición de ser humano, en su búsqueda de sentido de su propia vida. Seguiremos dependientes de nuestras conciencias individuales o podrán coexistir nuestras diferencias y compatibilizarse de forma más armoniosa. Lo que parece cierto es que, en los tiempos venideros, estas confrontaciones internas, intimas y/o externas pasaran a formar parte de nuestras vidas.

Habrá cabida en este planeta para aquellos que decidan borrar este reto que nos hace la ciencia y la tecnología y decidir construir mundo aparte como aquel Henry David Thoreau* que abandonó el mundo “Lo dejó todo para irse a vivir a una cabaña y puso en práctica su experimento: dos años, dos meses y dos días con lo mínimo, “desnudo de equipaje” y sin cesar de investigar sobre el vínculo entre el hombre y la naturaleza. De esa experiencia vital que le marcaría surgió Walden, una experiencia de culto, que aún permanece como guía de muchos” Thoreau decidió apartarse de la sociedad, no pagar impuesto, no tener electricidad, vivir solo con lo que sus manos y su mente podían edificar o construir.

Habrá espacio en la Venezuela 4.0 que pareciera arribar a nuestras costas indefectiblemente, para habitar proyectos independientes de vida o solo entraremos en un carrusel de transformaciones que llegan aún sin pedirlas ni esperarlas.

Mas de 1.000 científicos recientemente previendo la magnitud de estos cambios han formulado la siguiente pregunta "¿Deberíamos desarrollar mentes no humanas que eventualmente podrían superarnos en número, ser más
inteligentes, dejarnos obsoletos y reemplazarnos?". Según nos informan esta tecnología podría reemplazar una cuarta parte de las tareas laborales en EE. UU. y Europa, aunque también puede significar la creación de nuevos puestos de trabajo que hasta ahora no existían y un aumento de la productividad. Expertos consultados sobre este tema, dicen que a estas alturas es muy difícil predecir el efecto que tendrá esta tecnología en el mercado laboral.
Al mismo tiempo un informe reciente del banco de inversión Goldman Sachs señala que la inteligencia artificial podría reemplazar el equivalente a 300 millones de empleos de tiempo completo.

Viene al caso la difusión de una experiencia desarrollada durante décadas en Harvard, calificada como la investigación más larga que haya patrocinado esa casa de estudio, iniciada en 1938, buscando la respuesta a cómo ser más prósperos, felices y sanos. La respuesta encontrada curiosamente afirma rotundamente que la clave es tener vinculaciones, relaciones con otros, como la mejor protección contra el stress y las inflamaciones que dañan el organismo.

Las buenas relaciones fomentan la salud física y la longevidad. Una respuesta contraria al camino que ensayó Henry David Thoreau. “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente sólo para hacer frente a los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que tenía que enseñar, y no descubrir al morir que no había vivido. No quería vivir lo que no era vida. Ni quería practicar la renuncia, a menos que fuese necesario. Quería vivir profundamente y libar toda la médula de la vida, vivir tan fuerte y espartano como para prescindir de todo lo que no era vida…”,
Eso escribió, sólo nos queda preguntarnos cuál será nuestro destino en la Venezuela post petrolera con sus granjas inteligentes, acentuará la desigualdad o contribuirá a enterrarla, lo importante tal como concluyen los estudiosos de Harvard es aceptar que siempre tendremos desacuerdos que nos alejan de los demás y de la convivencia, pero lo
esencial es como resolver las diferencias sin que se generen y se impongan como barreras insuperables los desacuerdos. Lo vital es buscar los acuerdos, la convivencia, como señala el estudio de Harvard, reconocer que la concordia nos hace más felices y sanos. Estas son verdades que deberíamos aceptar en el plano íntimo y también en el plano político, se trata de llegar a acuerdos que sean las claves para construir un país más próspero y en paz, no decapitemos esta inmensa oportunidad histórica por menudencias, diferencias en pequeñas cosas, peleítas o por abandonarnos a la dictadura del ego que siempre quiere negar al “otro”. Esa oportunidad la tenemos hoy en esta Venezuela después del petróleo con los audaces emprendedores del estado Portuguesa.

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Fuente: @isapereirap

 

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