Desde el año pasado, y como parte de un programa mundial, la oficina venezolana de la firma internacional de auditoría Ernst & Young EYI, ha venido celebrando reuniones con el propósito de identificar y visibilizar a los líderes empresariales que, en el contexto del increíblemente difícil entorno en que vivimos, pueden identificarse como innovadores.

Con una contracción de la economía a tan sólo una tercera parte de su tamaño en escasos seis años, políticas económicas que llevaron a la hiperinflación más devastadora que recuerde la región, y la pérdida de casi un 15% de su población más joven y preparada por la vía  la emigración, a primera vista se pregunta uno: ¿a quién le queda ánimo como para ser innovador en una situación semejante?

Pero, pensándolo bien, tal vez ser innovador es la única forma de persistir y prevalecer como empresario en un entorno en el que lo que provocaría sería salir huyendo despavorido. De que aún existe una gran masa de empresarios que piensan en esos términos positivos de innovación para reinventarse, da fe la reunión celebrada este martes pasado, en la que unos 500 empresarios, entre ellos los más importantes del país en sus distintas ramas de actividad, acudieron a la convocatoria de EYI y su presidente, Alberto Afiuni.

Las experiencias presentadas en cada uno de los módulos del foro, demuestra que quienes aún mantienen sus negocios los están reinventando, y quienes han empezado a incursionar en negocios con miras a insertarse en los cambios que está experimentando la economía mundial, están, por decirlo de alguna manera, “marcando la cancha” para lo que tendrá que ser la actividad empresarial a futuro en el país.

El ambiente que se respiraba en los intermedios, no era uno de expectativa sobre qué hará el gobierno para yo entonces reaccionar o ver cómo me inserto en algún negocio estatal. Más bien, por el contrario, pareciera haber una constante entre los empresarios que son, o aspiran a ser innovadores: Esta es la economía y estos son los tiempos en los que nos toca desenvolvernos. Y partiendo de ella, qué cosas tengo que hacer para aplicar mi ingenio y destrezas empresariales para que la actividad que emprendo, o pienso emprender, resulte exitosa.

Esta actitud denota una nueva fortaleza en lo que es el acervo empresarial nacional. Los gobiernos nunca han sido buenos en conducir actividades generadoras de riqueza. Y si eso era así cuando los gobiernos venezolanos se apropiaban de, y luego gastaban a su arbitrio ingentes rentas petroleras, más lo es ahora cuando el Estado venezolano, para efectos prácticos, está quebrado, y su capacidad de repartir se limita a distribuir la miseria producto de dinero inservible que imprime con abandono.

Es más, esos tiempos no volverán, pues cuando se logre recuperar en algo la industria petrolera, la misma será una industria con márgenes de utilidad modestos, pues las perspectivas de un boom petrolero futuro del barril a $ 100 son bastante remotas, dadas las realidades de ese mercado. Teniendo que vivir exclusivamente de los impuestos a sus ciudadanos, más le vale darse cuenta que para que esos impuestos se produzcan, hay que darle rienda suelta al espíritu innovador empresarial que, al parecer, aún sigue vivo en el país, y sólo florecerá con más fuerza en la medida que le permitan desenvolverse.

Por haber puesto de relieve esa realidad, la iniciativa de EYI merece nuestro agradecimiento y reconocimiento colectivo. Ojalá que el mundo político haya entendido también el mensaje.

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Fuente: www.laotraviaeditoriales.blogspot.com

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