Si se quiere eliminar el mercado negro es indispensable acabar con la política que le da vida: el control de cambio.
Es así como el mercado negro pierde sentido de existencia y las personas podrán realizar intercambios de divisas de una forma transparente, al margen de la ley y con un establecimiento de precios acorde con la realidad económica. Postergar la eliminación del control sólo tendrá como consecuencia un empeoramiento de la situación actual, es decir, el problema se convierte en un vicio cada vez peor.



