Hablar de dolarización en Venezuela resulta muy familiar. La economía desde hace aproximadamente 10 años comenzó a incursionar en un proceso de dolarización informal, de hecho, en Cedice Libertad el debate siempre ha estado abierto, ya para 2015 se proponía la dolarización formal de la economía venezolana, dado el deficiente desempeño del bolívar a lo largo de los últimos años. Sí, el problema inflacionario en Venezuela no es para nada nuevo, comenzamos con un desorden monetario desde 1983 y, desde entonces, han sido fútiles los esfuerzos por tener una moneda verdaderamente estable en cuanto a su poder adquisitivo se refiere.

Cuando la inflación se prolonga tanto tiempo, el problema que lo genera va más allá del financiamiento del déficit fiscal mediante emisión de dinero, se trata de un problema estructural que involucra incluso la concepción que se tenga sobre la participación del Estado en la economía y en la sociedad en general. En principio, a la inflación le subyace un problema fiscal, se gasta más de lo que se tiene; no obstante, el problema de fondo está en las dimensiones del tamaño del Estado, concretamente en la concepción que se tiene de sus funciones, alcances y limitaciones.

En ese intento por instaurar el Socialismo del Siglo XXI, el deterioro institucional fue mayor que el propiciado por los 40 años previos de socialdemocracia. De hecho, el terreno fue cuidadosamente preparado para la hiperinflación posterior: desde 2003 hasta el 2015, se realizaron las 6 modificaciones a la Ley del Banco Central de Venezuela que posibilitaron el agresivo financiamiento del déficit fiscal, con la consecuente hiperinflación entre finales de 2017 y principios de 2019.

Antes de 2018, la economía venezolana ya estaba dolarizada. Esta afirmación en principio puede parecer extraña para algunos, sobre todo para aquellos que ciñen la dolarización a lo transaccional; sin embargo, se expone en las siguientes líneas las razones por las cuales se sostiene que la economía venezolana estaba dolarizada antes de proliferarse el dólar estadounidense como medio de pago en el país. Esta afirmación también permite hacer una crítica sobre medir la dolarización de los países por medio de la proporción transacciones en dólares sobre transacciones totales, y nos permite plantear la idea general que motiva la realización de este artículo: un país está dolarizado cuando su economía piensa en términos de dólar, indiferentemente de si usa o no dólares en sus transacciones diarias.

El año 2018 es importante porque se deroga la Ley de Ilícitos Cambiarios, esto marca la transición entre dos fenómenos previamente estudiados y que se conocen como Ley de Gresham y Ley de Thiers. Antes del año en mención se validaba en Venezuela la Ley de Gresham, que establece que en una economía donde circulan dos monedas, aquella considerada o percibida como mala sustituye en las transacciones a la moneda percibida o considerada como buena. Entender el por qué ocurre tal situación implica abordar el tema regulatorio: bajo un régimen bimonetario formal, los comerciantes u oferentes en general tienen la obligatoriedad de aceptar ambas monedas como medio de pago, el mercado ante esa obligatoriedad entiende que puede deshacerse de la moneda “mala”, es decir, de aquella que pierde valor con el tiempo, y preserva la moneda con mayor poder adquisitivo. Esto solo es posible porque existe una obligatoriedad sobre los oferentes de aceptar la moneda que nadie desea retener.

En el caso venezolano, si bien no existía un régimen bimonetario formal, existía la Ley de Ilícitos Cambiarios, que básicamente centralizaba el comercio de divisas en el Banco Central de Venezuela, a efectos prácticos prohibía el uso (como medio de intercambio o como unidad de cuenta) del dólar estadounidense y reiteraba en efecto la obligatoriedad de recibir bolívares como medio de pago. Así las cosas, se retenía la moneda buena, cuyo uso como reserva de valor y unidad de cuenta nunca lo pudo impedir ninguna Ley, y se usaba con más ahínco la moneda mala, el bolívar. A pesar del uso del bolívar en transacciones, no se puede afirmar que la economía era preferente de la moneda local sobre las divisas; su uso no se debía por una elección propia de los involucrados sino como consecuencia de la Ley de Ilícitos.

Era imposible que esa u otra ley impidiera que las personas pensaran en términos de dólar, lo que se manifiesta en el mercado con lo que se conocer como indexación. En una economía indexada la variación del tipo de cambio es la noticia más importante del día y quizás el dato económico más relevante por excelencia. Si bien el instrumento utilizado en transacciones eran bolívares, tanto el comprador como el vendedor realizaban sus cálculos económicos en función del dólar. Esto sin contar con cosas tan importantes como la aparición del “ref.”, “cód.”, etc., como forma indicativa de que el precio ahí expresado hacía referencia a la moneda buena.

Una vez derogada la Ley de Ilícitos, era cuestión de poco tiempo para que el dólar predominara en el grueso de las transacciones; a pesar de que no hubo una política de dolarización, las personas mediante ensayo y error aprendieron y se adaptaron al uso del dólar como medio de pago. A partir de este punto se comenzó a hablar de dolarización transaccional, atendiendo solamente al uso de la divisa en transacciones, pero ignorando por completo todo el proceso previo dentro de los cálculos económicos.

Tras el levantamiento de la restricción legal que imposibilita a los comerciantes la recepción de la moneda buena, tenemos, a partir de finales de 2018, la validación de la Ley de Thiers, la cual indica que en un escenario donde circulan dos monedas, la buena sustituye en transacciones a la moneda mala. En definitiva, en cuanto a transacciones se refiere, el aspecto legal y su impacto sobre todo en la economía formal, es completamente determinante.

La economía venezolana nunca llegó a dolarizarse completamente en términos transaccionales, fueron considerables los factores influyentes entre los que destaca el hecho de que la dolarización se efectuó en términos muy informales, lo que implicó la poca circulación de billetes de baja denominación (USD 1, USD 5, USD 10) y la no adopción de monedas, dificultando los pagos exactos y aumentando la necesidad de complementar dichos pagos con moneda local; las restricciones sobre el sistema financiero han imposibilitado la adaptación plena del sistema sobre la divisa, y no se puede ignorar el hecho de que las transacciones con el Estado y empresas estatales se realizan en bolívares.

La inflación sigue siendo un problema fundamental para la familia venezolana, si bien ha disminuido el gasto público y la emisión de moneda base, la fuerte presión sobre el tipo de cambio y la persistencia inflacionaria son indicios de que la demanda de bolívares técnicamente tiende a cero, todo ello a pesar de que el bolívar se use como medio de intercambio y a pesar de que los indicadores señalen que el bolívar ha aumentado su participación en el número de transacciones. Sobre esto último, conviene reiterar que la participación de una u otra moneda sobre el total de transacciones poco puede revelar sobre las preferencias en torno a las monedas en competencia, y en nada contribuye a la comprensión de un esquema complejo donde se utilizan bolívares, pero los cálculos se hacen en dólares.

A pesar de que no exista un índice que demuestre cuánto de una economía piensa en términos de una moneda, no se puede ignorar el hecho de que el cálculo de los venezolanos gira en torno al dólar, y por supuesto, al tipo de cambio. Pareciera que en términos económicos la población se encuentra en una traducción constante donde la lengua principal es justamente la relación Bs/US$. Dada la complejidad de las relaciones humanas, y en el caso que nos compete de las relaciones económicas, reducir la dolarización al terreno meramente de lo transaccional, implica ignorar toda una serie de variables que son de vital importancia para la comprensión propia de este fenómeno.

Un ejemplo interesante a modo de conclusión es el caso argentino. Bajo el planteamiento que se propone en este artículo, se puede afirmar que la economía está dolarizada desde hace mucho tiempo a pesar de que no se haya desarrollado un proceso de dolarización transaccional (informal) como en Venezuela. Resulta que la economía argentina gira en torno al dólar blue e indexa sus precios y salarios al dólar estadounidense. ¿Por qué no usan dólares en sus transacciones? Porque está prohibido hacerlo, pero a pesar de tal restricción será imposible evitar que la economía en sí misma piense y funcione en términos de dólar. Si su nuevo presidente, Javier Milei, dolariza la economía, no se estaría hablando de una política que busca sustituir una moneda por otra, se estaría hablando de una política que busca sincerar lo que en la práctica ya es un hecho.

Autor: Oscar Torrealba

Fecha de publicación: 9 de diciembre de 2023