“La producción de un discurso antisistema basado en una estructura de demandas insatisfechas puede provocar el inicio del movimiento populista y su camino hacia la conquista del poder” (Fernández Luiña, 2016). Y si, así inicio en nuestro país a finales de la década de los 90’, la llamada “Revolución Bolivariana” bajo la figura de un ya conocido líder carismático: Hugo Chávez, quien con un discurso emotivo y antagónico promete devolver la soberanía del proceso de independencia de 1811 por medio de la revolución bolivariana y rescatar a esa Venezuela rota, malherida y rabiosa que no logro construir un sistema democrático estable.

Al ganar las elecciones presidenciales de 1998, Hugo Chávez convenció a un pueblo arraigado en la antipolítica y lo apolítico al jurar ante una “moribunda constitución” que transformaría al país tanto política como socialmente bajo la idea de que ha nacido el pueblo revolucionario. Se creo así, una conexión emocional entre Chávez y esta nueva idea de pueblo. Sin embargo aquella conexión carecería de todo carácter racional, y sin darnos cuenta, sacrificamos la idea del individuo por ideas colectivistas, desechamos nuestro pasado por lo nuevo y preferimos la “justicia social” por encima de nuestra libertad, deberes y derechos como ciudadanos, todo consumado para la aparición del socialismo.

Aquel pueblo revolucionario, seria sumergido en la esperanza de que tendría mayor participación en las decisiones del país y sus problemas serian resueltos por medio de la nueva justicia social. Sin embargo, no fue así. Con el tiempo, Chávez se fue separando de un sistema democrático, y el gobierno nacional empezaría a poseer mucho más poder y control sobre los poderes públicos y las instituciones gubernamentales. Pero el pueblo revolucionario no vería en su realidad esto, dado a que el gobierno manejaría una política de comunicación soberanista y nacionalista creando programas gubernamentales que aliviaran las necesidades de la población, haciendo hincapié en ayudar a los sectores más vulnerables y populares de la sociedad venezolana y así poder consolidad su dominación carismática. La renta petrolera se convirtió  en el instrumento fundamental de este populismo para poder mantenerse en el poder y lograr mantener el gran gasto publico que permitía sostener el apoyo de la población.

Otra característica importante del populismo y que fue introducida en la población venezolana fue la construcción de un escenario dicotómico donde: pueblo Vs oligarquía, chavistas Vs escuálidos, trabajadores vs empresarios y socialistas vs antiimperialistas, se haría parte del afán populista del chavismo para darle a entender a su pueblo revolucionario que es necesaria la unidad en el camino del socialismo para consolidar la revolución bolivariana, lejos de ideas capitalistas e individuales.

En el año 2007 Hugo Chávez diría en un acto con líderes populares expresaría: “No importa que andemos desnudos, no importa que no tengamos ni para comer, aquí se trata de salvar a la revolución”. El populismo menoscabo y despedazo nuestra libertad y ha violado nuestros Derechos Humanos reiteradas veces, pero al pueblo revolucionario solo le importa seguir al líder y se conforma con lo que tiene, hay poca aspiración  a superarse.

Tras la muerte de Chávez, Nicolás Maduro y los demás seguidores del Chavismo, quedaron con la tarea de continuar la revolución en una Venezuela estatizada, clientelista y corrupta. A pesar de la caída de los precios del petróleo, de la escasez de alimentos, de la caída del poder adquisitivo y de la fuerte represión  durante las manifestaciones, el populismo logro, por medio del discurso carismático y las dicotomías creadas anteriormente a estas eventualidades, mantener vigente la “Revolución Bolivariana” ajustándose siempre al contexto que padece el pueblo revolucionario.

Ahora más que nunca, el populismo, se hace presente en nuestra sociedad venezolana bajo un régimen autoritario que sigue conservando el poder y que sigue siendo dirigido por políticos populistas, que mantienen las redes clientelares y prometen progresivamente la recuperación del país por medio de su discurso. Es esta, la “nueva premisa”, pero en el fondo sigue siendo el mismo discurso de hace 24 años.

Cuando los venezolanos mostremos más interés por lo público y practiquemos la piedad patriótica, ese “pueblo revolucionario” se quebrara y entenderá que desde la libertad individual, el progreso individual, el respetos a los derechos y el cumplimiento de nuestros deberes son las bases para construir un país. Y, por otro lado, dejaremos de apoyar discursos de líderes carismáticos que solo se traducen en fuegos artificiales y en símbolos que no resuelven verdaderamente los asuntos públicos.

Manuel Gonzalez.

Estudiante de Ciencias Políticas – UCV.
Miembro de CEDICE Joven – Región Central. 

 


Referencias:

  • Capriles, Axel. (2008). La Picardía del venezolano o el Triunfo de Tío Conejo. Caracas: Taurus.
  • Fernández Luiña. (2016). Mitos y Realidades Los Movimientos Populistas. Madrid: Instituto Juan de Mariana

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