Protegerse del Progreso ¿Es Posible o Recomendable Esconderse del Futuro?

Protegerse del Progreso ¿Es Posible o Recomendable Esconderse del Futuro?

Estas revoluciones (industriales) sucesivas fueron suficientes para liberar a una gran parte de la humanidad de las duras condiciones en que siempre había vivido. A fines del siglo XX, a medida que los avances tecnológicos y las libertades comenzaron a extenderse al resto del mundo, esto se repitió a mayor escala y más rápido que nunca.

– Johan Norberg “Grandes avances de la humanidad”

¿Qué pasará con los trabajadores que tradicionalmente ejecutaban esos trabajos repetitivos y mecanizables que ahora podrán realizar las máquinas de manera más eficiente y a menor costo? Esta es una pregunta que agobia a científicos, empresarios, trabajadores y por supuesto, a los gobernantes.

Nosotros, los seres humanos, no tememos al cambio per se, sino a la pérdida a la que el cambio conlleva.

Cada una de las revoluciones industriales tuvo en contraposición un proceso de resistencia al cambio, un contrapeso por parte de aquellos que veían cómo la tecnología los reemplazaba o modificaba su modo tradicional de vida. Las críticas de estos grupos eran variadas, iban más allá de la simple destrucción de empleos; de acuerdo con éstos grupos, cada vez que se producía una revolución industrial, el mismo tejido social y moral se deshilachaba.[1]

En la primera revolución industrial sucedida en Inglaterra, el caso más radical de oposición lo representaban los “Luditas”, un movimiento violento nacido en 1811 en 5 condados del corazón de Gran Bretaña:  Yorkshire, Lancashire, Cheshire, Derbyshire y Nottinghamshire. Comandados por el General Ludd, cuadrillas de personas en contra de los componentes del nuevo sistema de producción de fábrica, causando daños a máquinas y propiedades por un valor superior a las 100.000 libras de la época, sin contar los gastos en que incurrió en desplegar las tropas en esas zonas durante los 2 años que duró el conflicto, la instauración de tribunales para ello, pago de espías, etc. En total, se estima un gasto de 1.5 millones de libras causados directa o indirectamente a los luditas.[2]

Los luditas sentían la intrusión de la máquina como un ataque directo a su modo de vida artesanal. Los talleres fueron reemplazados por fábricas y los expertos por máquinas. La antigua vida del campo o del artesano, de trabajo manual desde que sale el sol hasta que se oculta, pero en familia y lentamente, fue reemplazado por el trabajo en fábricas y minas, con jornadas de 12 a 14 horas en condiciones insalubres y peligrosas. Los luditas representaron los que suelen autodenominarse como “las víctimas del progreso”.

Lo mismo sucede hoy en día con los avances producidos por la Cuarta Revolución Industrial. No hablamos de cuadrillas de personas destruyendo las nuevas fábricas 4.0 que están naciendo en países como Alemania, pero no faltan opositores a esta disrupción tecnológica. Desde la Sociedad Americana de Anestesiólogos, que se opone a Sedasys, un robot anestesiólogo que además vigila los signos vitales del paciente, que acabó por ser retirado del mercado[3]; hasta la creciente cantidad de expertos, que advierten de la gran cantidad de empleos poco especializados que se destruirán en el proceso y son escépticos ante la posibilidad de que éstos sean reemplazados por empleos mejor remunerados y menos demandantes –como ha sido el caso de la segunda y tercera revolución[4]. La agricultura y la manufactura especialmente, que emplean la mayoría de la mano de obra en las economías, son susceptibles a ser automatizadas, nos afirma la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Es normal temer a un futuro incierto, donde nuestro modo de vida, ya arraigado, se ve obligado a cambiar para abrir paso a las nuevas posibilidades. Pero ¿es acaso pertinente intentar detener, a través de medidas gubernamentales o resistencia gremial, el avance de las tecnologías? ¿Es el futuro de la Cuarta Revolución Industrial verdaderamente incierto?

La historia nos demuestra que los avances tecnológicos producidos durante las anteriores revoluciones industriales 1. Representaron un aumento en la calidad de vida de las personas donde esas tecnologías eran insertadas, especialmente de los trabajadores y 2. Crearon nuevos empleos menos intensivos en fuerza y mejor remunerados.

Si volvemos a la primera revolución industrial, una de las principales preocupaciones era la pérdida de empleos en el sector tanto del hierro como de telas, según los aparatos hidráulicos reemplazaron al artesano. Pero la revolución industrial trajo consigo la creación de nuevos empleos, dando nacimiento a lo que conocemos como “la clase obrera”. Eran trabajos de poca experticia, donde el obrero se convertía en un engranaje de una gran cadena de producción. A pesar de que al principio los salarios eran bajos, en menos de 30 años empezaron a subir constantemente[5] y con ello, la calidad y la esperanza de vida de los trabajadores.

Sin embargo, estos trabajos tenían problemas. En primer lugar, las condiciones laborales y las largas jornadas de trabajo afectaban la salud de los trabajadores. El sistema de trabajo mecánico de “engranaje de cadena de producción” desincentivaba la creatividad laboral. Finalmente, a pesar de que las nuevas herramientas creadas y la producción en masa de las antiguas hacían más fácil el trabajo, aún era intensivo en fuerza bruta.

Este fue el inicio de un (no tan) largo proceso de revoluciones industriales que fueron relegando a las máquinas el trabajo pesado mientras nosotros los seres humanos nos concentrábamos en ejercitar nuestro punto fuerte: el ingenio. Hemos pasado de construir autos, pavimentar calles y regar plantaciones a mano, a dejar a la máquina hacerlo mientras nosotros supervisamos los procedimientos, corregimos los errores y estimamos la producción futura. Para enviar un mensaje o ir a otro continente ya no necesitamos de mensajeros o botes de galeras; aprendimos a producir tecnologías avanzadas de comunicación (desde el telégrafo al internet) y medios de transporte auto-propulsados (desde barcos a vapor y trenes hasta aviones supersónicos).

Si lo pensamos bien, todos y cada uno de estos inventos acabaron con una gran cantidad de empleos. Fueron eliminados por un proceso de “destrucción creativa” como lo define el economista austriaco Joseph Schumpeter, donde los avances tecnológicos afectan a empresas, incluso las firmemente establecidas desde hace décadas. Pero esto no se tradujo en falta de empleos.Todo lo contrario.

Lo que sí ocurrió fue un aumento de la calidad de vida de los trabajadores, cuyos nuevos empleos, nacidos del avance tecnológico, eran mejor remunerados, menos mecánicos y más creativos. En libre mercado, la creatividad empresarial y la capacidad de adaptación de los individuos es tal, que poco importan las disrupciones que las nuevas tecnologías produzcan, siempre encontramos la manera de aprovecharlas al máximo para mejorar la longevidad, la abundancia y la calidad de nuestras vidas. Según la tecnología avanza, el trabajo se hace más humano y nos hace más humanos.

De acuerdo con la OCDE, el 14% de los empleos de los países desarrollados es automatizable y es probable que más del 30% presente cambios significativos gracias a la cuarta revolución industrial. No hay que interpretar esto como una posible pérdida de empleos, sino como el reemplazo de empleos de baja remuneración y poca creatividad por unos mucho mejores. Ya, hoy en día, están naciendo cientos de nuevos empleos gracias a las necesidades que traen estas nuevas tecnologías y el aumento de la calidad de vida de los ciudadanos.

Desde curadores de software y asesores de ciberseguridad, hasta community managers y estrategas digitales, los nuevos empleos no solicitan el uso de nuestra fuerza, ni tampoco que nos “desconectemos” mentalmente para realizar una tarea mecánica. Para eso están las máquinas. Ellas son creadas para apoyarnos en esas tareas, mientras nosotros nos concentramos en lo que somos realmente buenos: pensar.

Si tratamos de detener el progreso, perderemos las oportunidades que nos brinda. Es hora de que dejemos de temerle a aquello que es novedoso. Empecemos a pensar en todos los beneficios que nos traerá el cambio y busquemos la manera de aprovecharlo.

Jesús A. Renzullo

Co-coordinador del programa CEDICE Futuro. Licenciado en Estudios internacionales de la Universidad Central de Venezuela. Profesor Universitario de la UCV. Asesor de exportaciones.

[1] Incluso hoy en día se expresan movimientos de oposición al avance tecnológico. Para conocerlos un poco más, el siguiente artículo de El País es ilustrativo: https://www.eldiario.es/hojaderouter/tecnologia/ludismo-neoludismo-tecnologia-progreso_0_363264767.html

[2] La presentación de Patricia de la Fuente López “Los luditas y la tecnología: lecciones del pasado para sociedades del presente” profundiza sobre este tema.

[3] Para saber más, ver: https://www.wsj.com/articles/j-j-to-stop-selling-automated-sedation-system-sedasys-1457989723

[4] Para conocer un poco más del debate sobre las consecuencias en el empleo de la cuarta revolución industrial, leer: https://elpais.com/internacional/2018/05/25/actualidad/1527269385_936348.html

[5] Estas son las estimaciones más pesimistas. Algunos autores afirman que el aumento de salarios fue mucho más veloz.

2019-06-15T01:49:40+04:30

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